La trágica historia de una joya del constructivismo

La casa colmena de Mélnikov es una de las obras más destacadas del movimiento constructivista en arquitectura, fenómeno artístico que aconteció de 1920 a 1930 en la URSS y actualmente se encuentra en riesgo de desaparecer.

En un artículo publicado hace unos meses contábamos que estuvo a punto de desmoronarse debido al inicio de unas obras muy cercanas al monumento histórico, que dañaron profundamente su estructura hasta el punto de poder afirmar que su existencia corre grave peligro. 

Las obras que iniciaron el perjuicio se paralizaron por las autoridades locales, porque incumplían la ley municipal en la que se especifica claramente que la zona de Arbat  (zona comercial donde está situado el monumento constructivista) está dentro de un conjunto histórico protegido y no se puede realizar ninguna edificación en sus inmediaciones. Sin embargo, la construcción se ha reactivado y esta obra artística vuelve a estar en serio peligro.

En una entrevista concedida a Rusia Hoy, la nieta del arquitecto Konstantín Mélnikov, Ekaterina Karínskaya, que actualmente reside en la casa junto con su marido, nos cuenta cuál es el estado de la vivienda y las expectativas. 

¿Cómo definiría la situación actual por la que atraviesa la histórica casa de Mélnikov? 

La situación actual es deplorable... Sobre todo en términos de seguridad física.
En la segunda mitad de los años 90 a ambos lados de la casa se construyó un aparcamiento subterráneo que generó fugas de aguas que iban por debajo de la tierra y afectaron a la de Mélnikov, generando humedades. 

Por otro lado,  hace año y medio se reanudó la construcción de un centro comercial multifuncional que construyó una presa para no dejar pasar el agua, pero que acabó por almacenarse, provocando un problema mayor. 

A principios de los años 2000 la tierra frente a la entrada principal comenzó a hundirse y el agujero era de tal tamaño, que no había que medirlo con líneas geodésicas sino que era claramente visible al ojo humano. 

En general la construcción del muro es bastante firme, no hay ninguna carga concentrada, sin embargo la pared principal está descendiendo. 

En 2007 se llevó a cabo un serio estudio geofísico de las aguas subterráneas en nuestra zona y se llegó a la conclusión de que quedaba prohibida la construcción en el espacio subterráneo, ya que podía conllevar la destrucción física de la casa. 

Entonces se detuvieron las obras. Pero volvieron a reanudarse argumentando que la casa no entraba en la zona de influencia de la construcción. Según dijeron, en la modelización matemática anterior hubo un error de cálculo. Seguramente no tuvieron en cuenta el agua subterránea ni las obras en el suelo.  

Las consecuencias surgieron inmediatamente: en las paredes han aparecido grietas horizontales, que indican claramente que el edificio se está hundiendo. 

¿Se han solucionado los problemas legales-familiares que impedían una solución conjunta para crear el museo? 

Están en un proceso de resolución. Se ha involucrado el Ministerio de Cultura y a Rosimushschestvo (Agencia Federal para la Propiedad Estatal), pero no se trata de un conflicto familiar sino estatal. 

Lo que ocurre es sencillo: no hay sitio para la casa Mélnikov en Moscú. A las mansiones de Tseriteli o Glazunova (arquitectos y diseñadores contemporáneos) se les da derecho a existir... mientras que se deja que se destruya esta casa. 

Tras las inspecciones nos entregan informes en los que se explica que las grietas en la casa son antiguas, aunque es evidente que algunas de ellas son nuevas. 

Yo no pido una reforma, ni una restauración ordinaria, simplemente pido que se defienda la casa de las construcciones que tienen lugar a su alrededor. Pero todo el rato obtengo la misma respuesta: que seamos los propietarios los que llevemos a cabo una restauración con la ayuda de un especialista técnico. 

Cuando una persona tiene cáncer no se le echa crema. No se necesita una restauración sino el cese de la construcción de alrededor y la consolidación de las bases de la estructura. 

¿Os han ayudado algunas organizaciones internacionales? 

Conocen la situación, ellas mismas iniciaron la defensa de la casa. Pero da lo mismo, nadie nos escucha. 

¿Estudia la posibilidad de acciones legales contra la constructora culpable del lamentable estado actual de la casa? 

En ruso a veces se dice: 'escupir contra el viento', en el sentido que haces algo y luego te encuentras con problemas. Si las autoridades no detienen la construcción y no hacen nada, entonces yo no llevaré a juicio a las constructoras sino a las autoridades. Todo es un sinsentido. 

La historia sobre las construcciones en esta zona es tan triste como incomprensible. En algún momento entre 1993 y 1994, al Teatro Vajtángova le donaron un edificio para que lo usasen como un pequeño escenario adyacente en el número 39 de la calle Arbat. Entonces, construyeron al lado un enorme complejo comercial y nunca terminaron ese pequeño escenario... y ya han pasado casi 20 años.  

No se sabe quién está al frente de esta construcción comercial. Apenas hay información en la red, pero según la fiera batalla que tienen con nosotros, todo parece indicar que es alguien bastante influyente. 

Usted ha explicado su situación por carta al presidente Putin y también a Medvédev. ¿Cuál fue la respuesta? 

No ha habido ninguna reacción. Cuando escribí la carta a la administración del Presidente, expliqué todo e incluso les entregué los documentos. Después de una semana me respondieron que no era su competencia  sino del ayuntamiento de Moscú y que me dirigiera a ellos.  Me comunicaron que cuando Moscú se haga cargo del patrimonio cultural se ocuparán de todo. En las ocasiones en las que insisto, me dicen que ya me respondieron. 

El presente artículo ha contado con la colaboración de Román Kiselev y Darya González

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