El singular zoo de las letras rusas (II)

24 de marzo de 2014 Marta Rebón, RBTH
El reino animal ocupa un lugar privilegiado en la literatura rusa. En sus páginas no es extraño que asomen patas, hocicos, alas o colas. Es el vivo reflejo de la estrecha relación de las letras eslavas con el medio natural, presente en su rico folclore. Por eso, no son pocos los escritores que han recurrido al mundo de las bestias para descubrirnos aspectos ocultos de las pasiones y motivaciones humanas. Una inofensiva ardilla, en manos de Varlam Shalámov, se convierte en una brutal metáfora de la violencia que puede ejercer la masa anónima sobre el más débil, el diferente, el señalado.

El fiel Ruslán de Gueorgui Vladímov 

Un perro guardián sólo necesita entender un puñado de normas para cumplir a rajatabla su cometido: distinguir y neutralizar al enemigo cuando se le ordene, obedecer ciegamente a la autoridad y comer de la mano de su cuidador. Desviarse de cualesquiera de estas rutinas acarrea una reprimenda o un castigo severo. Esta es la vida simple que Ruslán observa rigurosamente en un campo penitenciario soviético. Pero la prueba más difícil para el can no será cazar a un preso huido sino abandonar su servicio cuando se desmantele el campo tras la muerte de Stalin.

Vladímov describe los efectos que tuvo en la sociedad rusa -tanto en los represaliados y sus familias como en los implacables verdugos- el siglo perro lobo, término con que el poeta Ósip Mandelstam definió la centuria de los totalitarismos. 

Kashtanka de Antón Chéjov 

La perra que da nombre a este cuento, Kashtanka [castaña], se extravía durante un paseo. 

La acaba recogiendo el payaso de un circo donde viven y trabajan otros animales ejecutando cada noche números acrobáticos. Kashtanka recibe en su nuevo hogar un trato más afable que el que le dispensaba su anterior amo, Luka Aleksándrich, especialmente cuando se entregaba a la bebida. Sin embargo, con la depurada técnica narrativa que ha hecho célebre al autor ruso, Kashtanka trunca las expectativas de los lectores con su comportamiento. Anteponiendo el instinto innato de la obediencia a su propio bienestar, rehace el camino y vuelve con su dueño precedente. 

Amar a la patria o el viaje del gorrión de Andréi Platónov 

Platónov cuenta en este relato, definido por su autor como un “suceso fantástico”, las visitas de un gorrión a un anciano violinista que toca su instrumento al pie del monumento a Pushkin, en Moscú. 

Cuando llega el otoño, el gorrión tiene problemas para encontrar comida, lo que provoca que las visitas sean cada vez más escasas. Aun así, el anciano lo espera siempre que ofrece uno de sus conciertos callejeros. Lo tiene presente en sus pensamientos: ¿cómo se las arreglará el gorrión con los rigores del frío? El destino de ambos personajes volverá a cruzarse en un desenlace que demuestra al anciano “que no todo puede ser expresado con música, y que uno mismo en su desdicha es el último remedio para la vida y el sufrimiento”.

El pato de Varlam Shalámov 

Los animales también pueblan el infierno blanco de Kolimá descrito por Shalámov, donde las condiciones de trabajo eran tan extremas que las vidas se truncaban con la misma facilidad con la que se rompe un hilo. Por eso, la aparición de un animal se percibía como un milagro. Ajenos al horror del gulag, los animales sirven al narrador de unidad de medida del grado de salvajismo que puede alcanzar el hombre. 

En este relato Shalámov describe la lucha agónica entre un ave que, exhausta, se aparta de la bandada para tomarse un respiro, y un zek, que lo ha seguido, pues para él el pájaro sólo constituye un trofeo. El somormujo logrará salvar la vida porque el zek lo abandona en el último momento, abrumado ante la posibilidad de tomar una decisión propia, pues está demasiado acostumbrado a acatar órdenes en lugar de ser un agente activo en su destino.  

La ardilla de Varlam Shalámov 

En Relatos de Kolimá, la fragilidad del animal frente al hombre es toda una alegoría de la época del terror. En este cuento, perteneciente al volumen IV, una ardilla confunde el bulevar de una ciudad de provincias con un camino que lleva de un bosque a otro. Pronto el pequeño roedor se percata de que el bosque escasea y que hay gente que ha empezado a seguirla. La pobre ardilla no sospecha que en esa ciudad, tan tranquila que “incluso el agua corría hacia atrás”, la población, para matar el aburrimiento, recurre a tres entretenimientos: los incendios, imponer la revolución por todos los medios y... la caza de ardillas. 

La excavación de Andréi Platónov 

En La excavación, una de las primeras obras distópicas del siglo XX, un enjambre de obreros trabaja a destajo, en el inicio del primer Plan quinquenal, para abrir un hoyo de grandes dimensiones. Tras la cimentación se planea construir la gran casa del proletariado, que dará cobijo a toda la clase trabajadora de la Unión Soviética. Cada día se emplean con todo su  ahínco en cavar y cavar hasta que un día olvidan el sentido de su cometido, pues el hoyo ha absorbido todas sus fuerzas. 

Platónov plasma una vida reducida a trabajar, comer, dormir y obedecer en la que un oso de apariencia humana, Misha, modelo del obrero estajanovista, tiene la facultad de detectar con su olfato a los kulaks.

En el prólogo a la edición inglesa, Joseph Brodsky dijo: “Lo primero que se debería hacer al cerrar el libro es abolir el orden del mundo existente y proclamar una nueva era”. 

El maestro y Margarita de Mijail Bulgákov 

El fiel Bangá, perro de orejas puntiagudas y de pelaje gris, es el sostén de Poncio Pilato en su penosa soledad. Es el único ser por el que el procurador romano siente cariño, cuya compañía añora cuando la migraña le asalta en medio de su interrogatorio a Yeshua (Jesús). El perro tiene un gran respeto por Pilato y se siente un animal privilegiado, superior y especial porque goza de la estima de quien el animal considera “el más poderoso del mundo, el soberano de todo el pueblo”, y con él se quedará en su último viaje sideral. 

Los estudiosos de la novela creen que el nombre del perro lo inspiró el apelativo que Bulgákov daba a Liubov, su segunda mujer, Liubanga, una gran amante de los animales. Lo que nunca habría imaginado Bangá es que el grupo de rock Pearl Jam se inspiraría en él para componer la canción Pilate, que forma parte del disco Yield, ni que la cantante Patti Smith escogería su nombre para titular su disco de 2012.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RBTH.
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