Desde ya hace algunos años Rusia está intentando demostrarle al mundo que la era unipolar ha terminado, es decir, que los Estados Unidos están perdiendo el margen de maniobra que los caracterizó durante la década de los 90. El primer caso contundente donde el gobierno de Rusia supo ponerle un freno al avance norteamericano, dándole un fuerte mensaje a la comunidad internacional, fue con la guerra de Georgia en el año 2008. Sin embargo, el caso clave que terminó por enfrentar a Rusia con los Estados Unidos fue el asilo otorgado al exanalista de la CIA, Edward Snowden

Aunque el caso Snowden no fue tan relevante a nivel geopolítico, resultó particular porque no involucró a terceros países, sino que consistió en una tensión diplomática directamente entre ambas potencias. Lo que el gobierno ruso logró demostrar a partir de esta acción es que existe un punto de vista alternativo al que suele ser presentado por la diplomacia norteamericana. Tal como sostuvo el Presidente ruso Vladímir Putin: “A los servicios especiales estadounidenses les conviene presentar a Snowden como un traidor, pero se trata de un hombre con una mentalidad completamente diferente, él se siente un luchador por los derechos humanos. No tenemos ningún deseo de ofrecerle ninguna colaboración ni de obtener de él ningún tipo de información”. 

Quedó demostrado que esto afectó las relaciones ruso-norteamericanas ya que a partir de este evento la Casa Blanca decidió suspender la reunion bilateral entre Putin y Obama que estaba prevista en el marco de la cumbre del G20 de San Petesburgo, además de su visita a Moscú. Y como si esto fuera poco, al no haber asistido a la cumbre de la APEC que tuvo lugar en Indonesia a principios de mes, el Presidente norteamericano se vio obligado a posponer nuevamente la posibilidad de encontrarse con su par ruso. 

En dicha cumbre, Vladímir Putin se reunió con el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, quién hace unos meses había afirmado que Estados Unidos y Rusia deberían superar sus diferencias para lograr avanzar respecto a ciertos "asuntos estratégicos", como el caso de Siria o la crisis nuclear iraní. Esto muestra claramente que los Estados Unidos dan cuenta de la necesidad de contar con el apoyo de Rusia para intentar encontrar una solución a los grandes problemas de la agenda internacional. 

Por ejemplo, la actuación de Rusia sobre el conflicto de Siria se convirtió en un punto de inflexión en las relaciones internacionales actuales. Moscú ha demostrado eficientemente que puede mediar en los grandes conflictos globales con el objetivo de mantener la paz y la seguridad internacionales, haciendo honor a su rol como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Estados Unidos, sin embargo, a pesar de poseer ese mismo rol, no ha optado por ese camino, habiendo salteado al órgano máximo de Naciones Unidas en reiteradas ocasiones para intervenir en terceros países como en Serbia (1999) e Irak (2003), por ejemplo. 

Respecto al caso sirio, Putin dejó en claro que “según la normas del derecho internacional vigente, únicamente el Consejo de Seguridad de la ONU puede autorizar el uso de armas contra un estado soberano. Cualquier otro tipo de motivación o procedimiento que justifiquen el uso de la fuerza contra un estado independiente y soberano es inaceptable y no puede ser calificada más que de agresión (...). Desde luego, nosotros no tenemos ninguna intención de interferir en ningún conflicto”.

Esta postura ha colocado a Rusia en lo máximo de la agenda internacional, y a sus líderes, Vladímir Putin y su Ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, como grandes valores de la diplomacia mundial. De hecho, en un sondeo  del diario inglés The Guardian, el 88 % de los encuestados votó que Vladímir Putin debería recibir el Premio Nobel de la Paz, y no su par norteamericano, Barack Obama, quién ya lo ha recibido anteriormente. 

Lo mismo ha sucedido respecto al desarrollo nuclear iraní. Rusia ha sabido defender sus intereses y los de Irán, pero sobre todo, aquellos que conciernen a la paz y la estabilidad global. Es por ello que la Cancillería rusa volvió a insistir con el reinicio de las negociaciones a seis bandas, propuesta que fue aceptada por el nuevo gobierno iraní, liderado por Hasan Rohaní. Además, los gobiernos de Rusia e Irán estuvieron de acuerdo en que el programa nuclear del país persa debe colocarse bajo el control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Según Lavrov, Occidente debería suspender las sanciones a Teherán como una "respuesta adecuada" al gesto de Irán de someter su actividad nuclear al control internacional. 

Rusia vuelve así a lo más alto de la política mundial, con una política exterior proactiva, marcando la agenda global y participando en todos los grandes foros internacionales haciendo valer sus intereses. Respecto a la relación bilateral con los Estados Unidos, tal como sostuvo el ministro Lavrov en una entrevista con el diario ruso Kommersant, “prevalece el hecho de que los dos comprendemos la importancia de nuestra colaboración, especialmente en los problemas más acuciantes: el terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia organizada, la extensión de las armas de destrucción masiva (...). Somos realistas y partimos de la idea de que las emociones son algo transitorio. Snowden o no, ofensas reales o imaginarias, todo eso pasa. Pero la conciencia de la importancia estratégica de las relaciones entre la Federación Rusa y los EE UU para la estabilidad internacional, eso queda”.