En los últimos días de noviembre, el militar al mando de las Tropas de Misiles de Designación Estratégica, el teniente general Serguéi Karakaev, comentando los resultados de los ejercicios militares del ejército en 2012, confirmó que en Rusia se desarrollan misiles de largo alcance, entre otros misiles balísticos intercontinentales pesados.

"De acuerdo con el programa estatal de armamento para 2011-2020, en 2012 se han llevado a cabo trabajos para la creación de misiles de largo alcance,  en concreto misiles de tipo pesado", comunicó el comandante.

La orden para el desarrollo de nuevos misiles balísticos intercontinentales fue aprobada en 2011. El principal investigador para desarrollar el proyecto es el Centro Estatal Makeyev (en la región de Cheliabinsk).

También participa la industria militar 'NPO Mashinostroenia' (de la región de Moscú). La fábrica Krasnoyarski Mashinostroenia será la encargada de montar los misiles.

Pero independientemente de las capacidades del nuevo misil, resulta inútil luchar con misiles nucleares. A pesar de todo, es necesario intentar alcanzar, con las menores bajas posibles, los mayores resultados.

La 'crisis nuclear' iraní  y su probable solución militar con medios no nucleares o el último enfrentamiento palestino-israelí, son una evidente confirmación de que los objetivos estratégicos se pueden alcanzar con armas no estratégicas.

Solamente en la última década del siglo pasado, el mundo sufrió 34 guerras, incluidas un conflicto internacional en el Golfo Pérsico, las dos campañas chechenas y la guerra a gran escala en Yugoslavia.

No nos olvidamos de los terroristas invisibles, contra los que se ha lanzado una guerra que se ha convertido en la misión planetaria número uno.

En otras palabras, es imposible estar sin armas.

Las guerras de los últimos años parecen indicar que en el futuro las acciones militares serán cortas, en un territorio limitado y sin una línea de frente clara.

Hay que recordar que tanto en EE UU como en Rusia, se dedica mucha atención a perfeccionar las armas convencionales. Hace algunos años, los EE UU decidieron concentrarse en la creación de munición de acción penetrante, capaz de derribar con garantías objetivos altamente protegidos bajo tierra por el enemigo.

Preparándose para posibles acciones militares en Irán, las fuerzas aéreas de los EE UU se han armado con una munición conocida como de alta potencia de penetración.

Este tipo de armamento ha resultado ser, en realidad, un monstruo de 15 toneladas diseñado para destruir construcciones bajo tierra donde, en opinión de los norteamericanos, se pueda almacenar el armamento nuclear iraní.

Por cierto,  su 'padre', la bomba GBU-28, desarrollada a finales de los años 80, estuvo a punto de ser lanzada contra Gadafi en agosto de 2011, cuando estaba en el búnker residencia en Bab al-Azizia.

Según datos de los servicios secretos de la OTAN, en aquel momento el vicedirector de los servicios secretos libios, el general Halif Mohamed Ali, traicionó a su líder y le habría convencido para ir allí. Sin embargo, media hora antes del ataque, Gadafi, sus hijos y su círculo más cercano abandonaron el escondite.

Por su parte, Rusia decidió reforzar sus posiciones en el área conocida como lanzamiento de bombas 'de vacío'. En el otoño de 2007 se realizó la prueba de la bomba termobárica más potente del mundo.

Los estadounidenses utilizaron armamento termobárico en los años 60 en Vietnam y Rusia, desde el vehículo lanzallamas incendiario TOS-1, disparó munición análoga, por su principio activo, a las posiciones de los guerrilleros en Afganistán en los 70 y posteriormente contra los separatistas chechenos.

Las bombas aéreas termobáricas tienen uno o varios recipientes con una mezcla explosiva sobre la base, por ejemplo, de hidrocarburos volátiles. Cuando impacta con el objetivo o cuando explota la carga sobre una superficie la mezcla se libera y al mezclarse con el oxígeno de la atmósfera, crea una nube altamente explosiva que detona 100-140 milisegundos después de ser liberada.

Con una explosión de este tipo se crea una onda expansiva desde el lugar del impacto con una velocidad de 3 km/seg, que genera una presión redundante que puede alcanzar los 30 kg/cm 2.

En 'la retaguardia' de la onda, por el contrario, se crea un gran vacío que, como una aspiradora, absorbe el aire y las partículas sólidas.

La capacidad de esta mezcla de combustible con aire de demoler o romper un parapeto es muy baja. Pero es difícil imaginarse un arma más destructiva para los seres humanos.

En el momento de la explosión, los que no mueran por las llamas, sufrirán la acción de un poderoso impacto y el vacío.

Así que un arma de este tipo se convierte en una importante herramienta de lucha contra un enemigo vivo. Quizá en el desarrollo de los futuros planes militares se le dé prioridad.