Los estudios Poisk se encuentran en una casita de madera, que ni siquiera está señalada en el plano general de la ciudad. En la pequeña oficina de Elena Tíjonova, hay "hadas de dibujos animados", de un clavo cuelga una capa dorada y las paredes están pintadas por los profesores del estudio con todos los colores del arco iris.

 

Elena intenta colocar en la estantería otro premio, pero apenas cabe entre las numerosas estatuillas y diplomas. Dice que los diplomas y los reconocimientos son tantos que alcanzarían a cubrir las paredes de la casita.

 

Pero para los empleados del estudio lo más importante no son los premios, sino el reconocimiento de los maestros de la animación rusa: Norstein, Riazánov, Petrov, editor jefe de la revista Iskusstvo v shkole (Arte en la escuela), Melik Pasháyev, ​​y muchos otros.

 

Fuente: Valeri Klamm


Elena trabaja en Poisk desde hace casi 15 años. Dibuja, compone, estudia y realiza talleres para docentes. Es arquitecta, pero se dedica a la animación por vocación, y no se arrepiente: "Las condiciones y el sueldo insuficiente, te hartan. Pero todo lo relacionado con los niños y las películas es muy atrayente. Siento que mi trabajo como pedagoga de dibujos animados tiene éxito. Esto se nota en las relaciones que he establecido con los estudiantes. Además, hay tanto aún por investigar…”.

 

Los niños crean las películas en el estudio Poisk. Apenas necesitan utilizar el ordenador: dibujan a sus personajes, los recortan, ruedan las escenas y luego trasladan a los personajes y siguen rodando. 

 

"En los últimos años, todos nuestros niños, pequeños y grandes, me creen cuando les digo que el trabajo hecho a mano es mucho más apreciado en todo el mundo”, dice Elena.

 

Además, incluso están de acuerdo cuando les digo que la gente guapa no es aquella que tiene una cara o una figura bonita. Y cuando afirmo que al mirar más de cerca, cualquier belleza tiene algo de incorrecto. Sobre estas bases se construyen los dibujos animados para niños.

 

Es un trabajo meticuloso y para personas inquietas. Por supuesto, rara vez hay niños que puedan, por ejemplo, dibujar durante horas. Para ellos es imprescindible ver inmediatamente el resultado de sus labores. Podemos dibujar, podemos redactar una historia, o componer música o escribir poesía, o cantar...".

 

El trabajo de los alumnos de Poisk no son solo dibujos de niños, son películas creadas según las leyes del cine.

 

Para crearlas hacen ejercicios de mímica, dibujo, danza y destrezas de guión. "No es arte, del todo, pero se encamina a ello. Los niños realizan sus trabajos más allá de los límites y con un gran sentido cósmico. Solo a la cuarta o quinta vez que lo ves te das cuenta de lo que encierran sus obras. Está claro que el niño no tiene conciencia  de este significado.

 

Para él, todo lo que le rodea está vivo, animado y es como se le ocurrió en ese preciso momento. Los observas  y piensas que los adultos podríamos conservarnos en este estado maravilloso. Pero no es realista. No solo en la escuela, en la guardería ya empiezan a enseñarles otras tareas, y la transparencia desparece”.

 

Shalva Amonashvili conocido educador y psicólogo soviético, considera que el profesor siempre debe ser un payaso. Esta frase puede sonar extraña o parecer ofensiva, pero Elena Tijonova se la toma con toda la seriedad: "Tengo que tener contacto creativo con la persona, y por ello, con gusto acepto el papel de payaso. En las actividades creativas es esencial el ambiente.

 

Me resulta más fácil crear una atmósfera determinada haciéndoles saber que yo también estoy involucrada en el proceso, que no estoy por encima de ellos, sino con ellos. Es importante interesar al niño no solo en la asignatura sino también en el maestro. Cuando me di cuenta de que para ellos niños es muy importante cómo se desarrolla la clase, empecé a construirla como un espectáculo, no necesariamente divertido, pero sí debía engancharlos".

 

Pero en la escuela-taller realizan creaciones gente de todas las edades, hay un grupo mixto de 6 a 25, que lleva ya dos años. 

"El encanto de las películas infantiles radica precisamente en su irregularidad, concluye Elena. “El niño no lo puede hacer como los adultos. Pero cuando ve las cosas  a su manera, no sabe ocultarlo... Inventa su propio idioma, más específico, más objetual que  nuestro lenguaje figurativo, un mundo de símbolos que se puede descifrar interminablemente. Hay un significado muy profundo".

 

Los que llevan años en la escuela se sienten libres ante los espectadores, la tecnología, la cámara y el micrófono. Salen con placer al gran escenario en el festival anual de Zhar-ptitsa (el Pájaro de fuego). Al contrario que lo que suele ser habitual. Los niños de dos años normalmente tienen miedo a la sala, a las multitudes, a la luz fuerte o los flashes de las cámaras.

 

En Novosibirsk, esto no sucede y no sorprende a nadie. Los niños de Poisk se han acostumbrado a vivir en un ambiente teatral.