“Una batalla la gana el que no tiene dudas de que va a ganarla”. Por esta razón Rusia perdió la pugna de Austerlitz. Según Tolstói, que utilizó estas palabras en su gran obra Guerra y Paz, en esa confrontación con Francia, a principios del siglo XIX, los soldados y el propio zar luchaban con fines egoístas como la gloria o la fama.

  

Eso cambió en Borodinó, el 7 de septiembre de 1812,  cuando el pueblo ruso logró agotar a las tropas de Napoleón, que a partir de ese momento decayeron, evitando así la invasión del estratega francés.

 

La cita, máximo exponente de la Guerra Patriótica, ha cumplido 200 años y su conmemoración no solo ha recorrido Rusia sino que también ha llegado hasta Madrid. 

 

La lluvia acompañó el recorrido de una corona de flores el pasado 25 de septiembre. Varios representantes de la política y la cultura rusa depositaron una ofrenda floral junto a la sempiterna llama del Monumento a los Caídos del Dos de Mayo en el madrileño paseo de Recoletos.

 

“En 1812, en Rusia, se seguía hablando de los hechos ocurridos en España cuatro años antes. El poder ruso se esforzó en orientar y presentar el paralelismo de la lucha de ambos pueblos contra Napoleón con ideas como la defensa del hogar y la exaltación, la energía o la emoción española”, explica Vera Bokova, doctora en Historia y directora del Museo Histórico Estatal ruso que tras el homenaje dio una charla, acompañada de varios expertos en el Centro Ruso de Cultura y Ciencia.

 

El rechazo a Napoleón en ambos países se basó en la repulsa que provocó en el pueblo, que, a través de la guerrilla, se implicó en la lucha. Aunque en España, el levantamiento de Madrid, en 1808, se usa como conmemoración de la Guerra de la Independencia, el conflicto con Napoleón duró hasta 1814.

  

La Guerra Patriótica rusa contra Bonaparte ocurrió en medio de esa contienda. En Europa, dominada por Bonaparte, el rechazo español y ruso se vivió como una resistencia al cambio de valores: una pugna entre modernidad y tradición.

 

Algo que el historiador Emilio de Diego, presidente de la asociación para el estudio de la Guerra de la Independencia 1808-1814, no comparte del todo. “Es cierto que ambos conflictos compartían tres ideas clave: Dios, patria y monarca (rey o zar, según el caso), consideradas conservadoras”, aclara.

 

“Pero, sobre todo, se trató de un movimiento popular que vio su máxima expresión en los grupos ciudadanos o guerrilla. Una imagen que el romanticismo exaltó y asoció a los españoles. Esa idiosincrasia perduró y fue la que luego se utilizó en Moscú”, añade.


 

Fuente: Pablo León


Para ahondar en Boradinó, las guerras napoleónicas o trasladarse al pasado, basta con recorrer la exposición histórico-documental Borodinó, batalla de los gigantes. 1812-2012 en el Centro Ruso (Atocha, 34), que se inauguró durante la conmemoración del bicentenario.

  

Aunque no posee piezas originales, las litografías, los óleos, los cuadros, las imágenes o los recortes de periódicos de la época  reflejan en profundidad los tejemanejes de la época. Todo ello sin olvidarse del presente: una colección de fotografías ilustra los actos conmemorativos que tuvieron lugar en Rusia hace dos meses, entre ellos una recreación con más de 2.000 actores de la pugna que ocurrió hace dos siglos.  

 

En Madrid la celebración fue más modesta pero no menos interesante. A continuación de la ofrenda floral, Eduard Sokolov, director del centro Ruso de Cultura y Ciencia, inauguró los actos que se extendieron durante dos días.

  

Durante la primera jornada, una veintena de personas escucharon a varios expertos hablar sobre los hechos, que hace doscientos años, unieron a ambos países.

  

“Desde 1808 ya se habla en Rusia de la guerra de la Independencia española a través de la prensa, tertulias intelectuales y en el ámbito diplomático. Esa experiencia es inspiradora y empiezan a surgir muestras del mundo de la cultura como oda a la misma. Así, aparecen poemas sobre la victoria y el mismo año del levantamiento en Madrid, se lleva a escena una primera versión del ballet Don Quijote”, cuenta la historiadora Bókova.   

Napoleón se presentaba como un reformador; una imagen que en ambos países, en los extremos de Europa no caló. La autoconciencia rusa y la profundización de su carácter se vieron animada por la reafirmación nacional española. Así, la prensa y la propaganda en ambos países hablaba de un estrechamiento de las relaciones en base a la lucha común por la independencia.

 

Por otro lado, los medio afrancesados obviaban esa información. “La objetividad no siempre primaba en las noticias de la época. A la vez que un conflicto físico, hubo una guerra en prosa y ambas partes manejaban la pluma con el mismo arte que las armas”, explica Fiódor Petrov, doctor en Historia y jefe de investigaciones científicas del departamento de los manuscritos. Como experto en textos realizó una comparación literaria entre ambas contiendas; la española y la rusa contra el enemigo común, Bonaparte.

  

El investigador también participó en la segunda jornada de la celebración, que tuvo lugar en la Universidad Carlos III. Allí, el Centro Ruso, en cooperación con el Instituto de Historiografía Julio Caro Baroja, realizó unas charlas monográficas centradas en la victoria rusa de 1812.

  

Muchos de los expertos que acudieron a la mesa redonda del primer día, continuaron sus ponencias en esta jornada. “Se pueden extraer muchas analogías en base a los escritos de la época no solo de periodistas, escritores o poetas sino usando también diarios militares de generales o soldados”, aclara Petrov.

  

La analogía de Napoleón como hidra peligrosa se repite en ambos países así como el carácter popular de la guerra. “Después de Bailén, España no se puede conquistar porque ya no es una guerra contra un ejército sino contra un pueblo insurrecto”, anunciaban los titulares de la época. Después de Borodinó, Napoleón tampoco pudo ganar la guerra.