La subcultura del autostop pertenece a la juventud. Un padre de familia parado en el arcén tratando de parar un coche es una imagen extraña.

Una vez hice autostop para recordar los viejos tiempos. Tuve que quitarme el anillo de casado y contarle a todo el mundo que tenía 22 años y no 28. Si te recoge un camionero, de esos que recorren largas distancias, y resulta que tenéis la misma edad, la situación se vuelve embarazosa. Parece que él está trabajando para mantener a su familia, gastando en ti parte de su gasolina y que tú eres, bueno, lo que viene a ser un vago.

Parece también que la sociedad envejece y que está dejando el autostop muy atrás en el pasado. Eso es lo que pasa en occidente, en cualquier caso.

Los lectores americanos del libro "Off the Beaten Track" (Por caminos poco trillados), dicen que el autostop es un fenómeno perteneciente a los años 60 y 70. Hoy es un mero recuerdo de la generación Beat y los hippies. Los estadounidenses me dicen que es muy raro ver a un autostopista en la carretera en estos tiempos, lo que motiva el interés occidental en esta subcultura rusa ¿será verdad que en Rusia se ha vuelto a izar la bandera del vagar libre?

Desde el otro lado del charco, el autostop en Rusia parece algo exótico. En primer lugar, las enormes distancias, las áreas poco pobladas y el duro clima. En segundo lugar (y a esto se le presta la mayor atención), es peligroso. Esto hace que un occidental considere que un viaje en autostop por Rusia es poco menos que una odisea en el espacio.

No hay respuestas conciliadoras para estas preguntas. Para empezar, no es un "viaje espacial" y no tiene nada de "terriblemente extremo". Pero, por otra parte, cualquiera que haya hecho autostop puede recordar algún episodio que encaje con los estereotipos. Y esto provoca confusión.

Recuerdo que el año pasado, el público de un evento en la Biblioteca Pública de Nueva York hizo varias preguntas sobre si es seguro hacer autostop en Rusia. Mi colega, la escritora, Irina Bogatyreva, contestó con la misma ambigüedad. Primero dijo que sí, que era seguro. A continuación, contó la historia de cómo subió con un camionero borracho al que perseguía la policía.

Distancias: proporcionan una sensación deportiva. Casi todos los autostopistas llevan la cuenta de los miles de kilómetros que han recorrido y comparan las respectivas distancias. Emprender un largo viaje es fácil en este país. Por ejemplo, yo vivo en Ufa, una ciudad en la frontera con la región de los Urales, pero oficialmente parte de la provincia del Volga. La capital, Nizhni Nóvgorod está a más de 600 millas (965 kilómetros). Pero seguimos situados en el mismo distrito federal.

Datos sobre los autostopistas

1. Hay unos 10 clubes de autostop en Rusia. El más antiguo fue fundado en 1978. Todos organizan talleres y algunos ven el autostop como un deporte.

2. Desde 1997 se han celebrado reuniones de primavera y otoño entre autostopistas de Moscú y San Petersburgo, en el medio de la carretera, en una tienda de campaña.

3. 500 millas (poco más de 800 kilómetros) es la distancia más larga que uno puede viajar en el día más largo del verano. La velocidad media es de 34 millas (54,7 kilómetros) por hora en verano y 28 millas (45 kilómetros) en invierno.

Una vez logré recorrer esa distancia, sin parar a dormir, entre las 7 de la tarde y las 2 de la mañana, aprovechándome de la diferencia horaria. Aunque, por lo general, puedes conseguir que te lleven hasta 400 millas durante el día, poca gente se atreve a parar un coche por la noche.

Estas cifras crean una cierta euforia entre los autostopistas. Sientes que puedes viajar kilómetros y kilómetros tú solo, sientes que tienes el planeta bajo los pies porque puedes trazar tu recorrido en el mapa. Porque la mayor parte de los que hacen autostop hacia Moscú, San Petersburgo, Crimea o Altái (no es tan difícil moverse entre ciudades vecinas, aunque las distancias sean considerables), terminan inmersos en viajes que duran varios días. Y el viaje adquiere un significado existencial.

Por ese motivo siente esa devoción el autostopista, que adora las grandes distancias, los lugares donde pasó la noche, la gente que conoció en diferentes ciudades y aventuras. Tengo que añadir que los viajes a Siberia y al extremo oriental son más duros y lentos y, por tanto, más caros.

Y por lo que concierne a los "peligrosos extraños", los que no suelen hacer autostop piensan que el mayor peligro es que te recoja un maniaco, pero eso es bastante improbable. Sí, es cierto que hay bandas organizadas que operan en las carreteras, pero suelen robar a los camiones grandes y no se meten con los autostopistas. ¿Gamberros borrachos? Solo me los he encontrado cerca de pueblos o ciudades.

La policía de tráfico tiene sus propios problemas, que normalmente tienen mucho que ver con el dinero y poco con lo que nosotros hacemos. Como mucho, te pueden pedir el pasaporte. Una vez, a un amigo mío le pusieron una multa por caminar por la carretera.

En una autopista federal, en cuanto pierdes de vista la gran ciudad, no te encuentras con extraños. Los camioneros transportan sus mercancías, los motoristas se dirigen a otras ciudades por negocios: es muy improbable que alguien se desplace hasta allí con intenciones de matar. Al principio, me impuse algunas reglas de seguridad (por ejemplo, no parar ningún coche con matrícula de regiones problemáticas del Cáucaso), pero luego decidí que era inútil. En realidad, puedes ver si el conductor es normal tan pronto como abres la puerta y hablas con él. El verdadero peligro son los accidentes de tráfico.

En los años 70-80, el autostop era parte de la ideología de los que podían ser denominados más o menos los "hippies soviéticos". "Hoy en día el autostop es popular principalmente entre los que tienen unos 20 -25 años. Los autostopistas que he conocido son gente brillante, creativa, con ideas. Es como si el ansia de libertad estuviese en sus genes".