El pastel para la modernización a la que se someterá Moscú en los próximos años es de unos 163.000 millones de euros. Se trata de hacer crecer una ciudad, de dotarla de nuevas viviendas, remodelar otras, construir carreteras, ampliar la red de metro y todo tipo de infraestructuras. Los calculos corren en millares y no sólo la capital crece. Otras urbes rusas necesitan desarrollarse. Ante este panorama las empresas españolas del sector aportan experiencia: hay oportunidades y trabajo. Los arquitectos del estudio malagueño HCP Arquitectos levantarán, por ejemplo, toda una ciudad con más de 10.000 viviendas para 35.000 habitantes a unos 400 kilómetros de la capital.

Los arquitectos malagueños empiezan prácticamente de cero, ya que la urbe adyacente que han proyectado sobre Nizhni Nóvgorod es un 150% más grande que la ciudad que hoy existe (construirán 833 hectáreas de nuevo diseño).

Levantar la nueva urbe supondrá más de 2.000 millones de euros y su planteamiento –ganador en un concurso internacional donde compitieron con más de 40 estudios de todo el mundo- engloba distintas urbanizaciones con todo tipo de viviendas, universidades, zonas administrativas, deportivas, espacios verdes y conexiones con la anterior infraestructura. urbes sostenibles“A la hora de repensar la ciudad, primero analizamos dónde estábamos, la disposición del entorno –en este caso, estudiamos hasta la demanda eléctrica, ya que son tan grandes las proporciones que se requerirán que hubo que analizar no ya los generadores que harían falta, sino si hay energía suficiente en la región. Luego, además, nos exigimos altos grados de protección ambiental”, explica Alejandro Pérez, uno de los responsables de la firma de arquitectos. Porque según el criterio del jurado, los españoles se han hecho con la construcción de esta ciudad principalmente por la alta sostenibilidad de su propuesta. Y eso lo traduce Pérez en “el alto ratio de equipamiento por habitante (tanto de suelo por habitante como de zonas verdes), en la tipología de edificación, conocida y familiar para los rusos: grandes macromanzanas que ofrecen tanto espacios verdes como privados y un parque central, una zona casi tan grande como el neoyorkino Central Park, que se articula como eje neurálgico alrededor del que se encuentran áreas administrativas y comunes”. Sus arquitectos mantienen además que empezar de la nada permite diseñar una ciudad más lógica y económica.

Para entender bien la forma de funcionar en Rusia, los españoles se asociaron desde un principio con una empresa local, MGPM, que según ellos son “sus ojos” en Rusia y quienes conocen el país (administración, leyes y forma de funcionar). Y aunque todavía no hay una fecha concreta para fijar el arranque de las grúas y las palas, los malagueños viajarán en diciembre a Moscú para recibir oficialmente el “premio” que les avala para empezar a poner los cimientos de esta urbe de origen andaluz.


Otra obra que tendrá el sello made in Spain es el flamígero y flamante complejo que acogerá los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, a celebrar en la ciudad de Sochi. Lo construirá el Grupo OHL y su presupuesto asciende a 497,5 millones de euros. Su señal de identidad será un hotel de 300 habitaciones, una torre que alcanza una altura de 245 metros en forma de llama, de ahí su nombre, The Olympic Flame (la llama olímpica). A su alrededor se levantará un parque acuático, un parking y una amplia estación de esquí. En total, se urbanizará una superficie de unos 100.000 metros cuadrados. La obra se ejecutará en dos fases. La primera se extenderá hasta finales de 2013, para dejar paso a la celebración de los XXII Juegos Olímpicos invernales (del 7 al 23 de febrero de 2014).

Según explican desde la constructora, la estación de esquí, red de pistas y teleféricos formarán parte del área de entrenamiento de los deportistas. Y el hotel, en particular su torre, se finalizará después de los juegos.

Arquitectura ‘glocal’


Por su parte, el arquitecto catalán, Josep Acebillo, trabaja en varios proyectos en el territorio ruso donde lleva años creando estructuras. Desde su estudio en Zurich  plantea la remodelación de dos ciudades. Por un lado, trabaja sobre el desarrollo de Ekaterimburgo donde, además del plan para la urbe si es elegida para acoger la  Exposición Universal del 2020, está diseñando un planteamiento nuevo de ciudad. Por si fuera poco está diseñando el proyecto estratégico para la histórica ciudad de Kazán. “En este momento de recesión económica y también inmobiliaria, la posibilidad de trabajar en países emergentes, aunque estos sean geográfica y culturalmente lejanos, es una realidad objetiva que debemos contemplar. Rusia, sin embargo, es un gran país de enorme potencialidad, pero también con problemáticas muy específicas. Su contexto geográfico es muy especial, dimensión, despoblamiento, belleza paisajística, clima rigurosísimo…”, señala el que fuera responsable del rediseño de Barcelona durante sus olimpiadas. No obstante, para Josep Acebillo la mayor dificultad estriba en adaptar las construcciones y ciudades del periodo soviético a la complejidad que requiere una urbe en la actualidad. “En Rusia, lo glocal [globalización y lo calización al mismo tiempo] tiene más sentido que en ningún sitio: hay que diseñar de acuerdo con los parámetros de la globalización, pero no actuar nunca de espaldas al contexto local”, afirma el arquitecto. En Kazán, una de las ciudades más antiguas de Rusia, con un rico paisaje urbano, a la vez que degradado –acota el urbanista-, su proyecto pasa por “devolver el rigor del diseño urbano y arquitectónico que siempre había estado presente en la ciudad, renunciando a la enorme banalidad de la mal llamada iconicidad contemporánea”. Allí Josep Acebillo ya dejó su huella hace años. Desde su estudio en Zurich se diseñó la nueva zona universitaria de la ciudad.
 

Moscú, un plato aparte


Y aparte, como decíamos al inicio, está lo que será la ampliación de la gran capital, la megacity rusa. Porque desde el pasado 1 de julio el “Gran Moscú” ya es una realidad: la ciudad se ha ampliado a costa de la provincia que la rodea, por lo menos, según la ley. Con la nueva norma la urbe gana unas 150.000 hectáreas para resolver sus problemas de congestión y tráfico. Para ello se convocó un gran concurso internacional que ganaron los franceses del estudio Antoine Grumbach et Associes y los americanos del Urban Design. Pero entre los participantes también se oyó el español. Ricardo Bofill y su estudio fue uno de los diez finalistas.