Vera Ivánovna poco tiene que ver con una mujer de negocios. Es una mujer ágil y bajita de unos 50 años. Hace doce años llegó al pueblo de Meshkovo en la región de Kaluga. En realidad no se trata de un pueblo, sino de una aldea situada al borde de un barranco, rodeada de tilos y que cuenta con tres casas de madera en las que hay espacio para los dueños y los huéspedes.

“Mi segundo marido tenía un sueño: vivir en un pueblo y plantar un jardín con árboles frutales. En aquel momento yo trabajaba en una agencia turística y en un bar, pero estaba tan enamorada que le dije: 'Quiero vivir en Kamchatka”, sonríe Vera Ivánovna. “Y como no sabía ni ordeñar vacas, ni cuidar la granja, y de algo hay que vivir, decidimos dedicarnos al turismo”.

Vera Ivánovna explica que se gastó 8.000 dólares en acondicionar cada una de las casas. Ahorraron gracias a su ingenio. “No teníamos mucho dinero, por eso fuimos por diferentes regiones, encontramos casas antiguas, las compramos, las desmontamos y el material que sacamos de allí lo colocamos aquí sobre unos nuevos cimientos”, comparte su secreto Vera Ivánovna.

No obstante, los moderados costes no influyen en el pintoresco interior de la casa, donde puede encontrarse una cuna que de 100 años de antigüedad, una rueca de madera, muñecas de tela hechas a mano y coloridas colchas.

“No hay que intentar que la casa responda a las exigencias de la ciudad. Pasé por ello y fue un error. Resulta que esos elementos sobran. Las personas necesitan un mínimo de comodidad y quieren descansar de la civilización”, dice.

Atraer a los turistas no fue complicado.  Los huéspedes empezaron a llegar antes de que la dueña de la casa pudiera terminar de reconstruirla del todo.

“En un restaurante de mi ciudad natal se celebraban las fiestas de los estudiantes y de los profesores. Cuando dije que tenía una casa en el pueblo vinieron a verla. Todavía no se había acabado la reforma y ya teníamos huéspedes. Lo que gané lo invertí en el negocio”.

Internet también ayuda a aumentar el número de visitantes: las redes sociales, los portales de turismo rural y los fórums de cazadores y pescadores. “Aunque la manera más efectiva de captar clientes es el boca a boca”, asegura el representante de la asociación de desarrollo del turismo rural Taras Astájov.

A Riazán a por frutas del bosque


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Los propietarios de hoteles atraen a la clientela como pueden. Oxana apostó por su pueblo, Papushevo, en la región de Riazán, para hacer de él un lugar de entretenimiento. Puede pasarse horas explicando la historia de la región, hablando sobre el pueblo “de los magos” cercano, sobre el molino local o de cómo hacer un telescopio de una lavadora.

Impetuosa, temperamental y habladora, Oxana hace poco que ha decidido hacer una casa rural. En la actualidad se dedica sobre todo a dirigir excursiones en las que colaboran las agencias de viajes más importantes de Riazán y en las que se ha involucrado todo el pueblo: ofrecen paseos a caballo, organizan actividades de pesca, enseñan artesanía y proporcionan alimentos a sus huéspedes. La principal ventaja de una casa de madera en esta zona es que se encuentra rodeada por bosque y está al lado de la reserva de la biosfera de Oksk, lugar en el que se pueden ver bisontes y grullas siberianas en su hábitat natural. Por eso, este pueblo, donde hace sólo año y medio que acogen a visitantes, no está vacío ni entre semana. 

“Uno de los secretos del éxito es la presencia de lugares de interés en un radio de 40 kilómetros y una oferta de descanso añadida: ski, ciclismo, excursiones en busca de setas o frutos del bosque, clases para aprender a hacer souvenirs o preparar comida típica”, dice la directora general de la empresa 'Konkretik', Nadezhda Makatrova.

Por dinero y por gusto

A la lista de empresarios con éxito puede añadirse al granjero Víctor Filipovich del pueblo Starie Petushki. No muy alto, fuerte y con una excelente visión para los negocios, Víctor empezó hace cuatro años probó con el turismo rural.

“Tenemos turistas de manera regular, de viernes a domingo. Vienen hasta doce personas al mes, a veces incluso 20. Lo cierto es que entre semana apenas hay nadie. Si hubiese clientes regulares cada casa se llevaría hasta 3.000 dólares”, explica el empresario rural. 

Sin embargo, ningún propietario de un hotel rural puede presumir de tener clientes durante todo el año. Por ahora es un negocio de temporada. “En verano se ocupa el 70%, en otoño entre el 10% y el 20% y en primavera el 10%”, explica Yuri Balandin, director de la Asociación Nacional de Turimo Rural. Para considerar que una casa cuenta con un nivel alto de ocupación debe contar con huéspedes entre 60 y 80 días al año. 

Legislación

No existe una ley específica que regule la actividad del turismo rural. Normalmente los propietarios aparecen como persona física o como autónomos. En algunas ocasiones las autoridades regionales compensan las inversiones hechas para habilitar la casa rural. Se ofrecen subvenciones para la mejora de las comunicaciones o para instalar el gas; en otros lugares promocionan la apicultura y el desarrollo 

  “La persona que abre un negocio tiene que encontrar clientela en un periodo que va de seis meses a dos años.“

Lo mismo ocurre con las ganancias; si se tiene una casa de dos habitaciones, con 5 ó 6 visitas a la semana y por la que pagan 95 dólares por habitación recibiremos al mes unos 1.900 dólares”, opina el director de la Asociación de Turismo Rural, Astájov.

Nadezhda Makatrova respalda esta opinión: “Este no es un negocio en el que se pueda ganar mucho dinero rápidamente. Es un proyecto de larga duración para las personas a las que realmente les gusta recibir invitados y quieren disfrutar de la vida rural”.

Publicado originalmente en Moskóvskie Nóvosti.