La esencia del experimento consistía en comprobar cómo se comportarían las diversas formas de vida en el espacio.  Para ello, se subieron a bordo de la ISS una serie de contenedores (con selecciones de semillas de plantas, insectos disecados, protozoos de crustáceos en animación suspendida, hongos, bacterias) y, cada cierto intervalo de tiempo, se comprobaba qué les había sucedido. 

El primer contenedor fue retirado a los 13 meses; el segundo, a los 18; y el tercero, al cabo de 31 meses. Para esta misión en concreto, la tripulación de la ISS, los astronautas Guennadi Padalka y Yuri Malenchenko, realizó caminatas espaciales. Como se ha visto después, sus esfuerzos dieron resultados.

“A partir de ahora serán mayores los interrogantes sobre la cuarentena planetaria. El experimento fue el primero en demostrar la supervivencia de los microorganismos en las condiciones del espacio abierto por un tiempo tan largo. Durante éste, se alteraron de manera bastante significativa las propiedades de dichos microorganismos. 

Se modificaron para incrementar su capacidad de adaptación, y ayudar al organismo a sobrevivir en condiciones adversas”, explicó Natalia Nóvikova, doctora en Ciencias y supervisora del experimento espacial, jefa del Laboratorio de Microbiología del Instituto de Problemas Biomédicos de la RAN, que recientemente abrió los contenedores y continúa llevando a cabo experimentos con el biomaterial que regresó de la órbita.

Con más o menos éxito, tras los 31 meses, volvieron con éxito del espacio semillas de plantas superiores, larvas de mosquito y huevos de crustáceos menores. Pero a la vuelta, las bacterias resultaron ser organismos con propiedades alteradas. Así, una cepa de B.subtilis comenzó a dividirse de manera inusual (en lugar de una, mostraba una serie). En especies de hongos Aspergillus versicolor y Penicillium expansum se observó un cambio dramático en la estructura celular. Otras cepas se volvieron más resistentes a varios agentes antimicrobianos. Estos cambios, así como su imprevisibilidad, han causado preocupación entre los biólogos.

 
“Por supuesto, en un vuelo interplanetario cualquier microorganismo terrestre volará como una sola pieza. Pero al volver a la nave no se sabe exactamente hasta qué punto se transformarán los microorganismos. Y la gran pregunta es si estos no van a ser un peligro para los habitantes de la Tierra”, advierte Nóvikova, que cree necesario tratar las muestras bacterianas del espacio del mismo modo que los agentes infecciosos peligrosos. 
Por lo tanto, el peligro no son tanto las hipotéticas bacterias o gérmenes de otros planetas, sino las bacterias de la Tierra que han pasado temporadas largas expuestas a la radiación cósmica y mutado de manera impredecible. 

Y aún existe otro peligro: la introducción de formas de vida terrestre en otros planetas. Debido a esta "evolución interrumpida de los planetas, toda la costosa investigación está condenada al fracaso". 

“Cada vez hay más evidencias de que los microorganismos pueden sobrevivir a la radiación cósmica y a las bajas temperaturas. Así que los requisitos de limpieza deben aplicarse según las disposiciones más rigurosas”, declara el doctor en Geología y Mineralogía, Dmitri Grazhdankin, del Instituto de Geología de Hidrocarburos y Geofísica fundado por A.A.Trofimuk. - Puesto que estamos tratando de buscar vida de otros planetas, ¿cómo podemos encontrarla, si nosotros mismos llevamos allí los microorganismos? 

Los biólogos argumentan que, además de la utilidad práctica, el experimento tiene una importancia fundamental: los científicos han conseguido nuevas pruebas del origen de vida extraterrestre en el planeta. La capacidad de las bacterias para adaptarse y llegar a tolerar las condiciones extremas del espacio pone en evidencia que desde ya hace tiempo han sido "entrenadas" en éste.

Artículo publicado originalmente en ruso en Izvestia