El guión de los estudios militares de la OTAN, conocidos como Cyber Coalition 2012 y que tendrán lugar entre el 13 y el 16 de noviembre, será el siguiente: dos estados miembro de la Organización (Hungría y Estonia) sufrirán varios ciberataques a gran escala por parte de un agresor, definido como “un país africano que ha entrado en conflicto con la OTAN”. Entonces, la Organización del Tratado Atlántico Norte deberá frenar el ataque, identificar al agresor y proponer medidas para llevar a cabo un ataque de respuesta, mediante vías militares cibernéticas y tradicionales.

A pesar de que el guión habla de “un país africano”, los representantes de la OTAN reconocen en las reuniones a puerta cerrada que los agresores potenciales más probables son Rusia, China e Irán.

En este sentido, EE UU ha comenzado a desarrollar ciberarmamento de ataque para estar preparado en caso de conflicto con otros países. En su día, el secretario de Defensa de EE UU Leon Panetta fue el primero en amenazar con “medidas eficaces de prevención” en caso de que se dieran serias amenazas cibernéticas a la seguridad del país. “A través de un ciberataque, los estados agresores y los extremistas pueden tomar el control de los sistemas de gobierno más importantes. Pueden causar un accidente ferroviario o hacer descarrilar un tren con químicos tóxicos. Pueden envenenar el agua de las grandes ciudades o apagar el suministro de energía eléctrica en una buena parte del país”, advirtió el director del Pentágono.

Según él, las consecuencias de tales ataques son comparables con las de los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 y llevarían a un “Pearl Harbor cibernético”.

Por su parte, el ejército ruso ha hablado con anterioridad de planes para crear medios de defensa de sus redes informáticas y de la creación de infraestructura para repeler un ciberataque. Además, tampoco ocultan sus planes de desarrollo de medios de ataque. En el pasado, el Ministerio de Defensa ruso anunció un ténder para la investigación de seguridad informática.

Las fuerzas armadas rusas están interesadas, entre otras cosas, en “los medios y métodos de evasión de sistemas antivirus, los medios de defensa de redes, y los medios de defensa de sistemas operativos”.

Según nos explicaba Valeri Yáschenko, director adjunto del Instituto de problemas de seguridad informática de la Universidad Estatal de Moscú, se trata de “elementos de armamento cibernético”. “Se pueden utilizar tanto a modo de defensa como a modo de ataque”, dice el experto. Se invita a participar en el ténder a ciudadanos rusos “que tengan potencial y motivación para solucionar problemas científico-técnicos a gran escala en defensa del país”. Por su parte, el Pentágono por su parte está reclutando hackers con las mismas características.

Nuestro interlocutor en el Ministerio de Defensa explica que se pretende invertir un año en el trabajo de investigación y después empezar con las pruebas. Los mejores proyectos recibirán una generosa financiación. “Los organismos militares de otros países están llevando a cabo acciones similares, no podemos quedarnos atrás”, dice la fuente, que afirma que el tema se trata activamente desde enero, después de que Nikolái Makarov, director del Estado Mayor General, declarara que la Federación Rusa debía estar preparada para las guerras en el ciberespacio.

Desde entonces se reúnen con regularidad en conferencias operativas el consejo científico técnico y dos subdivisiones del Estado Mayor General (la del ejército de lucha radioelectrónica y la octava subdivisión del Estado Mayor General, que se encarga del cifrado. “En el marco actual, en el que hay numerosas fuerzas armadas, no podemos trabajar sin utilizar altas tecnologías”, dice nuestro interlocutor. “Esto permitirá aumentar la eficacia de acción de nuestras tropas y solucionar problemas que antes suponían el gasto de recursos importantes”. 

Según Valeri Yáschenko, EE UU y Rusia  “desarrollan también medidas para la prevención” de la guerra cibernética.

Más concretamente, tratan de crear unas líneas calientes especiales como las de la Guerra Fría, así como otras medidas de confianza. Según ha podido saber  el periódico Kommersant, los presidentes de EE UU y Rusia, Barack Obama y Vladímir Putin, planeaban firmar el correspondiente acuerdo en la reunión del G-20 México en junio de este año. Sin embargo, la firma del documento no tuvo lugar debido a ciertas discrepancias insignificantes en el contenido del texto, por lo que continúa su confección.

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant