En las actuales circunstancias, el sentido de este acuerdo está dado por una base material pero también por otra de carácter subjetivo, ambas muy importantes. La base material es la necesidad de un comercio incrementado tanto en productos primarios como manufacturados.

Petróleo y derivados, maquinarias, servicios tecnológicos y equipamiento de transporte son los rubros más evidentes para impulsar incrementos sustanciales. Pero además, en vísperas de importantes convenios directos entre empresas de ambos países en sectores como el ferroviario y el agroindustrial, este acuerdo está llamado a acelerar el dinamismo de los negocios.

En lo subjetivo, factor importante precisamente en el desarrollo de esos emprendimientos, el acuerdo es una demostración de confianza político económica, la tan conocida 'fiducia' del mercantilismo. En la globalización el riesgo y la incertidumbre debilitan la certeza en el cumplimiento de las operaciones y contratos, esto crea la necesidad de una gestión asegurada por el papel regulador del Estado.

La intervención proteccionista de los gobiernos permite mejorar la eficacia de la actividad empresaria y contribuye a que no se generen actitudes de prácticas desleales en el comercio y la inversión. Este tipo de acuerdos es el marco que facilita y abre las puertas de la cooperación eficiente y segura, al mismo tiempo que se constituye en una red de contención para lograr un desarrollo acorde con los tiempos del mercado protegido.

En el comercio, estas actividades de firmas que se benefician con la eliminación de la doble imposición tienen que ser acompañadas por intercambios compensados en productos tipo “barter”, o bajo swaps de divisas de los bancos centrales o de comercio exterior. 

Al mismo tiempo, y en el caso de las inversiones productivas, el giro de regalías tiene que tener una forma similar al de las mercaderías, es decir tienen que contemplar monedas 'reales' que limiten el desgaste de la moneda clave, 'el dólar estadounidense', y se representen en valores nacionales de fácil disponibilidad.

 Esta regulación fiscal va necesariamente a impulsar un flujo creciente y permanente entre ambas economías necesitadas de garantizar el crecimiento de sus sistemas productivos y la confianza en formas de inserción comunes y reciprocas en el sistema comercial y financiero internacional.

Mario Burkún es director de la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional de La Matanza.