El pasado 14 de octubre se celebraron elecciones directas a gobernador en cinco regiones de Rusia. Por primera vez en siete años el votante ruso tuvo la posibilidad de  a elegir el gobierno regional. Vladímir Petujov, director del Centro de Investigaciones Sociales Multiaspectuales del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia, habla sobre los cambios que ha sufrido la conciencia colectiva de los ciudadanos rusos.

 

¿Qué cambios se pueden observar en la conciencia colectiva a lo largo de estos años en los que no ha habido elecciones regionales?

La actitud de los ciudadanos con respecto al Estado y a los órganos del poder ha sufrido cambios muy importantes. En la época que abarca entre el final de la década de los 90 y la primera mitad de la década del 2000 la primordial exigencia colectiva  era “hacer que el Estado volviese” o, al menos, ralentizar la atropellada retirada del Estado de la economía y de la esfera social de la vida del país.

Pero a mediados de la primera década del 2000, después de una serie de ataques terroristas, después de la monetización de los beneficios, etc., empezaron a surgir dudas respecto a la idoneidad de la distribución vertical del poder político, es decir, tal y como se había configurado en los años transcurridos. 

El pasado 14 de octubre en Rusia los ciudadanos eligieron a gobernadores, alcaldes y miembros de las asambleas legislativas regionales. A pesar de las protestas,  prácticamente en todas las regiones Rusia Unida, el partido en el poder, fue quien obtuvo los mejores resultados. En las cinco regiones donde se celebraron elecciones a gobernador los ganadores fueron los candidatos propuestos por la Rusia Unida. Incluso en las regiones de Briansk y Riazán, consideradas problemáticas para el partido en el poder, los actuales gobernadores, Nikolái Dénin y Oleg Kovaliov respectivamente, obtuvieron más del 60% de los votos, muy por delante de sus competidores más cercanos de la oposición.

Pero por aquel entonces los síntomas del descontento se compensaban con la mejoría de las condiciones de vida de un porcentaje considerable de la población. Las relaciones de los ciudadanos con el Estado empezaron a configurarse, en base al principio de “lealtad a cambio de no interferencia”, o sea, “nosotros confiamos en las autoridades, pero hasta cierto punto; así que ellos que se hagan cargo de sus asuntos y se dediquen a lo suyo y a nosotros que nos dejen encargarnos de nuestras cosas”.

 Sin embargo, desde el verano del año 2010, después de una serie de desastres tecnológicos, ambientales y otros eventos que causaron mucho revuelo, muchos se dieron cuenta de que limitarse a jugar un rol pasivo algo inadecuado. A este cambio en la conciencia pública también contribuyó el hecho de que el Estado comenzara a alejarse de la “convención de la no interferencia” y poco a poco empezó a entremeterse en el ámbito de la privacidad. A modo de ejemplo se puede señalar la reimplantación de la asignatura de religión en los colegios.

Pero nuestro pueblo, según dejan patente los estudios, aprecia mucho el recién adquirido derecho a la privacidad. A la gente le parece tremendamente importante la libertad para decidir dónde trabajar, dónde vivir, a dónde ir, qué decir, qué películas ver, qué libros leer y qué enseñar a los niños.

Usted ha comentado que al comienzo de este milenio la sociedad rusa se inclinaba a favor de unas autoridades que obraran con 'mano dura'. Y ahora, ¿qué tipo de gobierno espera la gente?

En principio, se formulan cuatro exigencias básicas y son unas exigencias bastante recurrentes: un poder político efectivo, la igualdad de todos ante la ley, el derecho a la privacidad y la justicia social. Realmente, la mayoría de la gente busca lo mismo, pero difieren esencialmente en la forma de lograr estos objetivos. Unos proponen el método de la democracia y otros el de una severa restauración del orden.

 ¿Y qué es lo que la gente espera en concreto del gobierno regional?

En los últimos años, muchas personas se han dado cuenta de que todas las decisiones se toman desde Moscú. Así que no hay grandes preocupaciones acerca de quién es en realidad el gobernador regional. La gente entiende que los gobernadores harán lo que se les dicte desde arriba. Por supuesto, hay actitudes diferentes con respecto a gobernadores diferentes, pero el ambiente general es de indiferencia. 

 ¿Es que la población no espera absolutamente nada de los gobernadores regionales?

Nuestra investigación muestra que el nivel de confianza en todas las instituciones del Estado va cayendo de año en año, es decir, que la confianza en el Presidente, en el gobierno, en las autoridades regionales, en los tribunales, en la policía, en el parlamento... está en declive.

La credibilidad de los gobernadores regionales en los últimos cuatro años ha disminuido en un 10% (ha bajado del 48% en el año 2008 al 38% en 2012). Al mismo tiempo, disminuye el nivel de confianza en muchas de las instituciones sociales tradicionales, como los partidos o los sindicatos. La gente va llegando a la conclusión de que tiene que haber una comunicación directa con el poder político, sin intermediarios. Así que la gente se ha lanzado a las calles.

La sociedad ha pasado de solicitar, a reclamar en términos muy exigentes las soluciones a sus necesidades,  con lo que ahora el número de personas dispuestas a tomar medidas decisivas para defender sus intereses va en aumento.

Artículo publicado originalmente en ruso en Moskóvskie Nóvosti.