Una autoridad rusa de las matemáticas, ganador de prestigiosos premios científicos, trabajador permanente de uno de los institutos matemáticos más importantes, y al mismo tiempo, profesor invitado en la competencia directa, invitado de honor en decenas de lugares, autor de descubrimientos que han ido acompañados de rupturas conceptuales en varias áreas científicas a la vez, tales como la física teórica, la geometría algebraica, la combinatoria y la topología. En definitiva uno de los científicos más citados en la prensa científica contemporánea.


¿De quién se trata exactamente?

No, no sólo se trata de Maxim Kontsévich, a cuya larga lista de logros se ha añadido este año el Shaw Prize, conocido como el “premio Nobel del Extremo Oriente”, y el nuevo Premio Milner, que se ha convertido en el premio de física más importante. Casi todo lo arriba mencionado forma parte del conjunto de caballerosos epítetos que han acompañado a un pequeño aunque muy activo ejército de matemáticos de origen soviético y ruso que se ha ido atrincherando durante los últimos 20 años en los principales centros de investigación y universidades europeos, norteamericanos y asiáticos.

Maxim Kontsévich, a pesar de su relativa juventud (nació en 1964), es uno de los principales líderes de este 'ejército'. Se podría considerar que el segundo de ellos es Grigori Pérelman,  que demostró el teorema de Poincaré y rechazó más tarde todas las condecoraciones y medallas, incluido un premio de un millón de dóalres. Kontsévich fue más práctico. Según declaró, el dinero de su 'Nobel de las matemáticas' (la Medalla Fields), que recibió en 1998, lo gastó en la reparación del sistema de calefacción de su casa.

A mí me interesan más las ‘matemáticas maravillosas’, es decir, estructuras lógicas que existen por sí solas independientemente de la realidad, un grupo de hipótesis que no pueden ser demostradas. Alrededor de ellas gira un mundo entero de construcciones fantásticas que los matemáticos intentan comprender”. Maxim Kontsévich

Estos dos extremos (ignorar la Medalla Fields completamente y emplearla para la reparación una batería de calefacción de vapor) tienen mucho en común.

Así como las biografías de ambos matemáticos albergan también ciertas similitudes: son casi de la misma edad (Pérelman, nacido en 1996, es dos años más joven que Kontsévich); ambos son niños prodigio, discípulos de la escuela matemática soviética que alcanzó su cúspide en los años 80. Ambos se fueron de Rusia en el albor de los años 90 y allí conquistaron la gloria. 

Pérelman volvió a San Petersburgo y el moscovita Kontsévich se quedó como profesor permanente en el Instituto francés de Estudios Científicos Avanzados, la meca de las matemáticas situada en las apacibles afueras de París. Tanto uno como otro son apasionados de la música: Pérelman asiste con cierta asiduidad a la Filarmónica de San Petersburgo, y Kontsévich toca casi a nivel profesional instrumentos barrocos como el laúd o la viola da gamba.

Esta afición es lógica, teniendo en cuenta que ambos han heredado la tradición del 'universalismo matemático', que distinguió a la escuela matemática rusa por su constante desprecio por lo estrictamente funcional, por un enfoque doctrinario de la búsqueda, del planteamiento y de la solución de problemas.

El premio Shaw

Es un premio anual creado en 2002 que se entrega a científicos “independientemente de su raza, nacionalidad o religión, que han logrado importantes avances en investigación científica y aplicada con un profundo impacto positivo en la humanidad”. El premio lleva el nombre de Run Run Shaw, un magnate de los medios de comunicación y filántropo de Hong-Kong. Se entrega en tres categorías: astronomía, medicina y matemáticas.Conocido como el 'Nobel asiático'. El premio es de 1 millón de dólares.

No es casualidad entonces que Kontsévich prefiriera los románticos alrededores de París a los funcionales campus estadounidense. Pérelman no logró sentirse a gusto con la manera moderna de hacer carrera ciencia; con su sistema de premios y eternas intrigas entre bastidores.

El público general suele entender mejor estos últimos aspectos que la esencia de los problemas matemáticos que ocupan a las mejores mentes del planeta. Pero, si bien el trabajo de Pérelman ya se ha intentado simplificar en términos más o menos comprensibles para el simple mortal, los logros matemáticos de Kontsévich, así como sus términos, todavía no se han 'convertido', y eso que sean más útiles para describir la realidad que nos rodea que el teorema de Poincaré, cuya interpretación física sigue siendo un asunto del futuro.

Ante todo, el trabajo de Kontsévich trata de la teoría de cuerdas, un 'romance' que el matemático comenzó a principios de los años 90 cuando, habiendo propuesto la manera original de demostrar el teorema de Edward Witten (uno de los padres de la teoría de las supercuerdas y su 'gurú' principal) a partir de la equivalencia matemática de dos modelos gravitacionales quantum, pasó a formar parte del personal del Instituto Max Planck.

La reciprocidad entre la teoría de cuerdas y las matemáticas durante los últimos 20 años es algo maravilloso. Ha cobrado mucha fuerza y ha cambiado muchos campos, especialmente la geometría algebraica y la topología simpléctica. Por otra parte, es fascinante el hecho de que uno de los conceptos algebraicos más abstractos, las llamadas 'categorías trianguladas', se hayan convertido en el 'instrumento de trabajo' para los físicos a la hora de calcular los espectros de la teoría supersimétrica”, afirman en el periódico 'Troitski Variant'.

 Según los propios 'teóricos de cuerdas', el renacimiento de esta teoría en los años 90 se debió, en gran medida, a los descubrimientos de Kontsévich. Él fue quien los sacó en repetidas ocasiones de los callejones sin salida a los que llegaban intentando conciliar la teoría general de la relatividad con la mecánica cuántica, asumiendo una descripción de los hipotéticos objetos cuánticos no puntual, sino extendida: microscópicas cuerdas unidimensionales cuyas vibraciones en grupo en los espacios multidimensionales generan partículas, así como todas las fuerzas fundamentales, entre ellas la gravedad.

Las investigaciones en teoría de cuerdas, así como otras obras de temática cercana sobre la cuantización por deformación de las variedades de Poisson y la simetría especular, merecedoras del premio Shaw, ocupan una sección significativa en el portafolio matemático de Kontsévich. No obstante, parece que el hecho de que siga invirtiendo su talento en este tipo de investigaciones no depende tanto de la 'demostración' física de la teoría, que interesa sobe todo al simple mortal, como de hasta qué punto le planteará esto retos excéntricos, ya que él mismo ha declarado que como matemático prefiere centrarse más en lo 'fantástico' que en lo 'real'.

 

 

BIOGRAFÍA

Maxim Kontsévich nació en Jimki, región de Moscú, en 1964. Estudió en la clase de matemáticas del conocido profesor innovador Vladímir Sapozhnikov en la escuela nº 91 de Moscú. Se licenció en matemáticas por la MGU en 1985 y trabajó varios años en el Instituto de Problemas de Transmisión de Información. Se doctoró en 1992 por la Universidad de Bonn (Alemania) e inmediatamente después fue invitado a trabajar en varias prestigiosas universidades (Princeton, Berkeley y Harvard). En la actualidad es profesor permanente del Instituto de Estudios Científicos Avanzados (Francia), y miembro de la Academia Francesa.

Sus investigaciones abordan cuestiones fundamentales de la física moderna. En opinión de uno de los mayores especialistas en teoría de supercuerdas, Brian Greene, Kontsévich ha sacado esta teoría del callejón sin salida en el que se encontraba. Ha dado una rigurosa formulación matemática a las integrales de Feynman para la teoría topológica de cuerdas a través del concepto introducido por él mismo del espacio de módulos de reflejos estables. La teoría de nudos, estrechamente asociada a los intentos de unir la teoría de supercuerdas con la teoría general de la relatividad, también es un campo de logros de Kontsévich.


Medalla Fields (1998)
Premio Henri Poincaré (1997)
Premio Crafoord (2008)
Premio Milner (2012)
Premio Shaw (2012): "Por sus pioneros trabajos en el campo del álgebra, la geometría, la física matemática y especialmente la cuantización por deformación, integración y simetría especular”.