En los últimos años, el régimen de Hugo Chávez en Venezuela ha sido el más fiel aliado político de Rusia en Latinoamérica, así como el mayor comprador de armamento  y socio en programas de inversión a gran escala de toda esta región.

 

A finales de septiembre, dos semanas antes de las elecciones presidenciales, llegó a Venezuela una gran delegación de Rusia. Encabezaba esta delegación no un político, sino el gerente de una compañía estatal: el presidente de Rosneft, Ígor Sechin. Precisamente este socio de Vladímir Putin, que domina el español, ha sido durante los últimos años el principal defensor de los intereses rusos en Latinoamérica y, según fuentes en el Ministerio de Asuntos Exteriores y en el gobierno, ha actuado también como responsable informal de las relaciones con esta región dentro del gobierno ruso.

El Consorcio Nacional Petrolero (CNP) fue formado por empresas rusas para implementar diversos proyectos en América Latina, en particular, el desarrollo del bloque Junín 6 conjuntamente con la venezolana Pdvsa. Cuando surgió  estaba integrado por Gazpromneft, Lukoil, Rosneft, Surgutneftegaz y TNK-BP, correspondiéndole a cada empresa una participación del 20%.

En esta ocasión, el viaje a Venezuela dirigido por Sechin estuvo dedicado al lanzamiento de uno de los mayores proyectos empresariales con participación extranjera en este país: el comienzo de la extracción de petróleo de PDVSA junto con el Consorcio Nacional Petrolero ruso (CNP) en el bloque Junín-6 de la faja petrolífera del río Orinoco. 

 

El trabajo en este megaproyecto comenzó en 2009 y el propio consorcio, formado por las mayores petroleras rusas (Rosneft, TNK-BP, Surgutneftegaz, Lukoil y Gazprom Neft) se creó en 2008 por iniciativa de Sechin, que en aquel momento era el viceprimer ministro responsable del sector energético.

 

Implicación personal

 

Según cuentan algunos participantes de esta visita, durante la ceremonia de la primera producción, Sechin estaba feliz como un niño. Con el crudo untado en su mejilla derecha (así se 'lavan' tradicionalmente los petroleros rusos), habló a la prensa sobre la importancia histórica de los acontecimientos y describió las perspectivas de negocio en Venezuela.

 

Lo cierto es que la magnitud estos grandes proyectos quita el aliento. PSVSA y CNP valoran los recursos del yacimiento Junín-6 en 52.000 millones de barriles, con una extracción que ascenderá a 450.000 barriles diarios. Los expertos estiman una inversión en el proyecto de 10.000-15-000 millones de dólares. Aunque a decir verdad, todavía queda en el aire hasta qué punto resultará todo esto provechoso para los petroleros rusos.

 

Según cuenta el director de una de las compañías miembros del consorcio, el CNP se creó prácticamente en un día por orden directa de Sechin. “Entonces se limitó a anunciar a todos que había que trabajar en Venezuela. Este era el resultado de su trabajo en política exterior con Hugo Chávez”, comenta entre suspiros el interlocutor de Vlast.

 

El Consorcio fue registrado por Rosneft, y más tarde el resto de miembros del proyecto compraron la participación. El consejo de directores del CNP está formado por los directores de las cinco compañías, y Sechin figura como sexto miembro y presidente del consejo.

 

No todos los petroleros rusos ardían en deseos de entrar en él, ni mucho menos. El menos dispuesto de todos era Surgutneftegaz. Vladímir Bogdánov (director general y copropietario de esta compañía) se resistió hasta el último momento”, comenta una fuente de la propia empresa.

 

El escepticismo de Bogdánov está completamente fundado. Los inversores rusos hacen frente a gastos colosales: PDVSA, según fuentes de Vlast, no ha invertido nada en Junín-6. Según la legislación de Venezuela, un inversor extranjero sólo puede ser accionista minoritario y su participación no puede ser mayor del 40%. El resto es para PDVSA.

Por el 40% en el proyecto de desarrollo de Junín-6, el CNP ya ha pagado a PDVSA un bono de 1.000 millones de dólares, 200 millones de parte de cada compañía. Además, el CNP tiene que cubrir los gastos en investigación geológica y en equipamiento, aunque PDVSA promete compensar estos costes cuando el proyecto llegue a su máxima capacidad.

 

Dificultades técnicas

 

La dificultad del proyecto estriba en el hecho de que casi todo el petróleo venezolano es pesado. Para que sea fácil de transportar, el crudo debe ser procesado por los llamados ´mejoradores, unos aparatos especiales de mejora de las características del crudo extra pesado. Los petroleros rusos también tienen que hacer frente a los costes de su construcción, que pueden alcanzar los 5.000-7.000 millones de dólares.

 

Además de la primera producción de crudo y de las fotografías de un satisfecho Ígor Sechin, en los medios de comunicación aparecieron también otras noticias: se anunció que Surgutneftegaz abandonaba el CNP. Rosneft adquiría su participación y relevaba así a Gazprom Neft como líder en Junín-6.

 

“Esta era una decisión esperada, — comenta una fuente cercana a las negociaciones. — Bogdánov no quería entrar en el proyecto desde el principio, ya que era muy reacio a desprenderse del dinero. Ahora necesitarán todavía más para desarrollar el proyecto”.

 

El proceder de Surgutneftegaz acabó siendo contagioso. TNK-BP también comunicó a los socios su salida del proyecto.

 

El presidente de Lukoil, Vaguit Alekperov, declaró de forma inesperada su deseo de ampliar su participación en el CNP. Su compañía podía estudiar la posibilidad de comprar la parte de TNK-BP. La razón es algo que no queda claro, ya que Lukoil tenía su propio proyecto en Venezuela mucho antes de que Sechin comenzara a construir su íntima relación con Chávez. 

No obstante, el peso de la responsabilidad yace sobre los hombros de Rosneft. Aparte de la carga todavía mayor respecto a Junín-6, Rosneft debe cumplir otras obligaciones ante Venezuela contraídas en un momento político crucial.

 

La importancia de la reeleción de Chávez

 

En octubre del año pasado, cuando el estado de la salud de Hugo Chávez empeoró (en 2011 se anunció que el presidente tenía cáncer), Ígor Sechin viajó a Venezuela y acordó que Rosneft recibiría el 40% en el desarrollo de bloque Carabobo-2, cuyas reservas geológicas están valoradas en 5.100 millones de toneladas de petróleo.

 

En el caso de Carabobo-2, Chávez pidió todavía más que en Junín-6. Rosneft pagó un bono de 1.100 millones y dio a PDVSA otros 1.500 millones en calidad de préstamo a cinco años en condiciones privilegiadas. Además, la compañía estatal tendrá que construir un 'mejorador' adicional para su nuevo proyecto, ya que el petróleo de Carabobo-2 también es extra pesado. Sechin valoró el volumen de la inversión en este proyecto en 16.000 millones de dólares.

 

¿Hasta qué punto están justificados económicamente los proyectos petroleros rusos en Venezuela? El analista de Troika Dialog, Valeri Nesterov, considera que existen bases ambiguas. Por una parte, permiten a las compañías contar con grandes volúmenes de reservas en su balance, así como un nivel máximo de extracción comparable a los mayores proyectos mundiales, señala el experto. Si todos los índices anunciados se mantienen sin cambios, la rentabilidad del desarrollo será de alrededor de un 18%, lo cual es una 'cifra aceptable', considera Nesterov. Por otra parte, los riesgos políticos, según Nesterov, son realmente altos.

 

“Venezuela tiene buenas perspectivas, pero es evidente que hay demasiado en manos de las relaciones personales”, aclara el director de la compañía de inversión.

 

Los políticos rusos aseguran que no hay ningún riesgo político tras la relección de Chávez.

 

No obstante, no se puede considerar que la situación del líder venezolano sea estable. Según señalan los expertos, durante los últimos meses Caracas ha ampliado sus gastos públicos para cumplir con las esperanzas de las capas desprotegidas de la sociedad, el electorado principal de Chávez.

 

“El año que viene el crecimiento económico se ralentizará”, declaraba a Bloomberg el analista de Standard Chartered Bank en Latinoamérica Bret Rosen. Según este analista, esto llevará a un crecimiento de la inflación y a una devaluación del bolívar venezolano.

 

Hace dos años la combinación de devaluación e inflación provocó disturbios en Venezuela, pero entonces Chávez logó mantener el poder. Por cierto, en aquel momento todavía no estaba oficialmente enfermo de cáncer, y su popularidad era bastante más alta que ahora.

 

Los altos precios del petróleo son una garantía para mantener la estabilidad. Mientras que hay otras cuestiones que son impredecibles.

 

Texto publicado originalmente en ruso en Vlast.