La República de Altái, una magnifica región montañosa situada en el corazón del continente euroasiático, sufre a causa del subdesarrollo y la caza furtiva, que amenaza directamente a varias especies en peligro de extinción. Carente de líneas ferroviarias y de industria, Altái se abre al turismo gracias a una nueva conexión directa desde Moscú.

Ahora, algunas ideas innovadoras permiten a los habitantes de Altái forjar su relación con la naturaleza sobre nuevas bases.


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Cansada de ver cómo la modernidad penetra en su territorio y de no poder aprovecharse de sus beneficios, Olga Savatova, de 35 años, ha cogido el toro por los cuernos: "Estuve tres años en paro, encerrada en casa. Después, entendí que el turismo me permitiría desarrollarme a nivel personal y asegurar ingresos extra para mi núcleo familiar", ha comentado Olga, que cría a dos niños en Gorno Altaisk, la capital de la República de Altái, en Asia Central.

La idea se le ocurrió en 2008. "Había oído hablar de un curso sobre la elaboración de la lana, sobre el concepto de souvenir turístico y sobre las prendas de vestir. Me apunté y quedé fascinada: inmediatamente monté un taller en mi propia casa. Desde la primera estación, he vendido todo lo que he ido produciendo", se alegra hoy Olga Savatova, que se propone ahora ampliar su laboratorio. "He dado empleo a tres personas", dice mostrando una repisa en la que se ven unos muñecos de lana: representan los animales típicos de Altái, las especies en vías de extinción símbolo de la región. Entre otros muchos, están el tigre de las nieves y el muflón. 

Para empezar, Savatova se aprovechó de un golpe de suerte, que le llegó en forma de ayuda económica concedida por el Fonds Sodeistvie, una ONG que a su vez está financiada por un fondo conjunto entre Citibank y WWF.

El objetivo común de las tres organizaciones es "promover el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas relacionadas con el desarrollo del turismo en Altái", a través de financiación y microcréditos a interés cero. "Para Citi, se trata de dinero invertido en un proyecto social y ambiental y que no está destinado necesariamente a ser devuelto", explica Denis Denissov, portavoz del banco ruso.

La República de Altái cuenta con 200.000 habitantes que por lo general viven miserablemente del pastoreo, en un ambiente montañoso o semidesértico. "El nivel de vida es muy bajo y la tasa de desempleo, muy alta", indica Tatiana Pahaeva, directora de Fonds Sodeistvie y originaria de esa misma región. "Por tanto, la idea de dedicarse a la caza furtiva y a la captura de animales en peligro de extinción es muy tentadora. Vender estos animales en el mercado negro es muy lucrativo, pero si se hace esto se pone en grave peligro la biodiversidad local".

La promoción del ecoturismo se ha impuesto, lógicamente, como un medio para conciliar los intereses de la población local y el medio ambiente. "Los microcréditos son preferibles a las ayudas económicas, ya que hacen que los emprendedores, que, por otra parte no se interesan por la banca tradicional, sean más responsables. Nuestra firme intención es que todos los que habitan en las regiones más remotas y aisladas de esta república puedan tener acceso a una ayuda. De hecho, en algunos pueblos el nivel de paro ronda el 99%", subraya Pahaeva.  

Savatova reconoce que la ayuda económica recibida era indispensable y ha sido determinanate. "No estamos al mismo nivel que los rusos que llegan de Moscú o de Siberia y que tienen contactos y capital. Muchos de ellos han podido permitirse comprar terrenos. Pero a nosotros, las autoridades no hacen absolutamente nada por ayudarnos".

La composición étnica de Altái explica las particularidades de esta región. La mayor parte de la población pertenece a pequeñas etnias, como los tubalar, los telengit y los chelkant, que por lo general siguen la religión chamánica.  Estas etnias sienten que su cultura es vulnerable en el contacto con el mundo moderno y se aferran a su propio estilo de vida. "Gazprom pretende construir un gaseoducto que tendría que pasar justo por un lugar sagrado para nuestros antepasados. Yo me opongo", añade indignada Savatova. "De momento han construido las barracas de los trabajadores y a su alrededor se ha acumulado ya un basurero de botellas de vodka vacías".

Una característica autóctona es el carácter especialmente fuerte de las mujeres. "Son más abiertas y, al mismo tiempo, son más emprendedoras que los hombres", observa Pahaeva. Continúa: "Y, de hecho, la mayoría de los receptores de microcréditos, unas treinta personas en total, son mujeres". La fuerza femenina se combina también con el sentido común: "No nos ayudan por nuestra cara bonita, sino para salvar la fauna en peligro de extinción. Y por esto estamos absolutamente obligadas a defender a los animales, ya que les debemos tanto", concluye Savatova.