Las declaraciones de Serguéi Lavrov se producen después de que la organización pro derechos humanos Human Rights Watch (HRW) afirmara que Damasco utiliza bombas de racimo de fabricación rusa.

“No hay confirmación… la región está plagada de armas, entran tanto en Siria como en otros países de la región en enormes cantidades y de manera ilegal. Quién, de dónde y de qué forma se las suministra, es muy difícil de saber”, indicó.

Las bombas de racimo son bombas que tras ser lanzadas se dividen en varias bombas más pequeñas.

Según HRW, unos 80 países del mundo suscribieron el tratado que prohibe el uso de bombas de racimo. Siria no figura entre los firmantes del documento, al igual que Estados Unidos, Rusia y China, los principales fabricantes. EE UU, por ejemplo, las utilizó en grandes cantidades durante el bombardeo de Yugoslavia en 1999.

 Por otro lado, el jefe de la diplomacia rusa reiteró la importancia de que se cumpla el acuerdo de Ginebra para Siria,  adoptado en una reunión internacional el pasado 30 de junio, y recordó que Moscú propuso someterlo a aprobación por el Consejo de Seguridad de la ONU para darle mayor relevancia.

 “Lo importante no es hacerlo vinculante, sino hacerlo cumplir. Para ello es imprescindible que se cumplan dos requisitos de este documento, que las partes cesen simultáneamente la violencia al regresar a Siria los observadores de la ONU y que se sienten en la mesa de negociaciones”, subrayó.  

El encuentro de Ginebra, al que asistieron los jefes de la ONU y la Liga Árabe, así como los responsables de la política exterior de la Unión Europea, China, EEUU, Francia, Reino Unido, Rusia, Turquía, Irak, Kuwait y Qatar, concluyó con la adopción de un comunicado que instaba a poner fin a la violencia en Siria y establecía las pautas de la futura transición en el país árabe, en particular, la creación de un Gobierno que incluya a todas las fuerzas políticas.

Según datos de la ONU, el conflicto sirio, que inició en marzo de 2001, se ha cobrado la vida de más de 20.000 personas. El Gobierno del país afirma a su vez que sus fuerzas de seguridad se enfrentan a milicias fuertemente armadas y apoyadas desde el exterior.