“No me gustaría entrar en detalles, pero nuestra sensación es que para la otra parte, para nuestros socios de la UE, en el fondo las causas no son técnicas ni administrativas… Nos ha llegado información de que el motivo principal es político”, dijo el ministro en su intervención ante los miembros de la Asociación de Negocios Europea el pasado 8 de octubre en Moscú.

 

Según sus palabras, según el principio de solidaridad vigente en la UE, “existe el criterio de que es políticamente inadmisible la concesión a Rusia de un régimen sin visados, antes de concedérselo a los países de la Asociación Oriental”.

 

Esta Asociación hace referencia a un programa de la UE establecido en 2008, mediante el cual se busca un mayor acercamiento a Bielorrusia, Moldavia, Ucrania, Azerbaiján, Armenia y Georgia (todas ellas antiguas repúblicas soviéticas) en el ámbito político, económico y energético.

 

“Si es así, estamos ante un enfoque puramente político que no tiene en cuenta lo que se ha hecho en Rusia para garantizar el régimen sin visados, un enfoque que obedece exclusivamente a consideraciones de conveniencia política”, explicó Lavrov.

 

La puesta en marcha de un régimen de este tipo es uno de los temas importantes en las relaciones bilaterales. Moscú considera que la supresión de los visados abrirá nuevos horizontes en la cooperación bilateral.

 

“En la Europa del siglo XXI los problemas de los visados, que lastran gravemente la actividad empresarial internacional, el crecimiento económico y la creación de nuevos puestos de trabajo, deben formar parte del archivo de la historia”, subrayó Lavrov.

 

 “En cualquier caso, estamos profundamente convencidos de que podemos alcanzar este objetivo en un tiempo muy cercano. Si hablamos de las posibilidades actuales, ya está preparado un proyecto de acuerdo para una próxima liberalización del régimen de visados. Este, entre otras cosas, contempla la concesión de visados de múltiples entradas durante cinco años a empresarios y a representantes de organizaciones empresariales”, continuó Lavrov.

 

En palabras del ministro, el único escollo para la firma de este acuerdo es la inclusión en él de cláusulas sobre el régimen sin visado para los poseedores de pasaportes de servicio biométricos, tal como se hizo en el convenio entre la UE y Ucrania.

 

Con anterioridad, una fuente en Bruselas declaró al periódico Kommersant que los funcionarios europeos dudan de que “en Rusia los pasaportes de servicio se entreguen solo a aquellos a quienes les corresponde”. Moscú está en total desacuerdo con esto. Sin embargo, según los datos del periódico, la semana pasada Rusia hizo concesiones. Si hasta ahora Moscú insistía en que se aboliera el visado para todos los poseedores de estos pasaportes, ahora estaría de acuerdo con excluir a las categorías más numerosas: militares y personal administrativo de las representaciones diplomáticas.

 

 Actualmente los pasaportes de servicio se conceden, aparte de a las categorías ya nombradas, a los colaboradores de las delegaciones de la Federación Rusa en organizaciones internacionales, a los trabajadores de corporaciones gubernamentales y del Banco Central, a miembros de la administración presidencial, del Gobierno, de la Duma Estatal y a una serie de trabajadores de órganos estatales, así como a los miembros de sus familias. La cantidad de poseedores de  pasaportes biométricos asciende a 7.500.

 

“Espero que antes del 1 de noviembre podamos firmar este importante acuerdo para una futura liberalización del régimen de visados y como un paso intermedio para la rápida puesta en marcha de un nuevo régimen”, añadió.

 

Además, el ministro de Exteriores de la Federación Rusa ha apelado a la comunidad empresarial europea, que se vería beneficiada con la simplificación. Concretamente se refirió a que podría estimular a sus gobiernos y parlamentos para que actuaran conforme a motivos económicos reales, y no políticos.

 

“Los empresarios podrían promover un debate con los gobiernos sobre el tipo de  relaciones que quieren entre la UE y Rusia dentro de cinco, diez o veinte años”, ha dicho Lavrov.  

El diplomático subrayó que el desarrollo de las relaciones con la UE es, como siempre, prioritario para Moscú.

 

“La Unión Europea es nuestro principal socio económico, supone más de la mitad del comercio exterior ruso. El año pasado la circulación de mercancías alcanzó el nivel de antes de la crisis, casi 400 mil millones de dólares. Cerca del 80% de la inversión extranjera acumulada ha llegado a la economía rusa desde los países de la Unión Europea. Del orden del 40% de las reservas internacionales de oro de nuestro país están denominadas en euros”, declaró Lavrov.

 

En palabras del ministro, Rusia y la UE poseen una serie de cualidades que se complementan mutuamente: los logros científico-tecnológicos, los recursos naturales y financieros, el territorio, la educación y la cualificación de su población.

 

“La unificación de estas ventajas debería ser, para los países de la UE y para Rusia, una poderosa fuente de éxito en el mundo actual, altamente competitivo”, cree el diplomático.

 

Lavrov también ha expresado su seguridad de que la adhesión de Rusia a la OMC   ha creado las premisas para llevar la colaboración económico-comercial a un nivel cualitativamente nuevo.