Preguntado en Sport-Express sobre el sueldo de sus nuevos compañeros, el capitán de la selección, el centrocampista Ígor Denisov, respondió sin pelos en la lengua: “Sí, hemos comprado buenos jugadores que claramente ayudarán al equipo. Pero, ¿son mucho mejores que los demás para merecer un sueldo tres veces mayor? Podría entenderlo si hubiéramos fichado a Messi o a Iniesta, que valen la pena a cualquier precio. Pero en el Zenit ya tenemos magníficos futbolistas que han ganado no menos títulos que los recién llegados”.

 

Al día siguiente la dirección del Zenit reaccionó con mano dura: apartó al Denisov del grupo y lo relegó al equipo juvenil. “Con este comportamiento poco profesional se desacredita como jugador y arruina su reputación”, contestó el club en un comunicado público. La tormenta sólo acababa de empezar.

Otro de los estandartes del Zenit, el delantero titular Alexánder Kerzhakov, secundó públicamente las declaraciones de su compañero y se negó a entrenar como medida de ‘solidaridad’… corrió la misma suerte: desterrado a los juveniles, castigo que se le levantaría una semana más tarde. Sin embargo, Denisov se enrocó en su postura: “No se trata de que el dinero sea lo primero, sino del respeto a los futbolistas rusos sobre los que siempre se sostuvo el Zenit. Lo que necesitamos son legionarios”.

Semejante actitud no se forja de la noche a la mañana. Efectivamente, ‘los nuevos’, Hulk y Witsel, pasaron a ser los mejor pagados de la plantilla, con 5 y 2,5 millones de euros netos anuales, respectivamente (de otra forma no hubiesen emigrado a Rusia). Pero la gota que colmó el vaso llegó días después.

 

Aprovechando el reciente alarde económico del club, los principales jugadores rusos del equipo aprovecharon para pedir un aumento de sueldo. La dirección no accedió ni siquiera sentarse a negociar y dio un portazo por respuesta. Los malos resultados desde la incorporación de Hulk y Witsel han echado más leña al fuego. En la liga rusa el equipo ha bajado del liderato al cuarto puesto tras una derrota, dos empates y sólo una victoria. Pero los más grave ha llegado en la Champions League, donde el Zenit cuanta sus partidos por derrotas (dos), y está ya con pie y medio fuera de los octavos de final, precisamente el año en que debía dar el salto de calidad en Europa...

El desencuentro entre Denisov y Zenit se encuentra tan enquistado que el club ha decidido poner al jugador en venta. Para añadir más picante si cabe a la situación, esta semana ha jugado la selección rusa, de la que el jugador es todavía capitán. Pese a su destierro en el equipo juvenil de su club, el seleccionador Fabio Capello no ha dudado en contar con Denisov como de costumbre, que jugó los 90 minutos en la victoria de Rusia 1-0 ante Portugal.

El conflicto en el Zenit ha cobrado tal dimensión que ha saltado a la arena política… "Es difícil distinguir entre buenos y malos en este conflicto abierto. Denisov y Kerzhakov se están comportando de forma egoísta y codiciosa. Por otro lado están los extranjeros, que nunca formarán parte de la identidad de nuestra ciudad”, rezaba un comunicado del Partido Comunista de San Petesburgo.

 

El dueño del Zenit es Gazprom, la compañía rusa estatal de gas, así que el dinero invertido en fichajes podría considerarse indirectamente dinero estatal. Sin embargo, Vladímir Putin corrió a desmarcarse de la polémica: “Quiero aprovechar para lanzar una reprimenda pública a los directivos de estas compañías por gastarse esas fortunas en jugadores extranjeros. Quiero también recordar que son las compañías y no el Estado las que gastan ese dinero en fichajes”.

 

El presidente aprovechó para lanzar otra crítica a los directivos del fútbol ruso: “Los amantes del deporte queremos ver a las estrellas mundiales cuando están en su plenitud, no en su ocaso”, una referencia más o menos indirecta al fichaje de Roberto Carlos por el Anzhi en 2011, ya con 37 años, y en general a todos los rumores de viejas glorias que se asocian con un retiro dorado en Rusia.