No solo es demandado en Moscú, donde lleva 26 años viviendo, sino que recorre habitualmente lugares de lo más dispares: Las Vegas, Islas Caimán, Maldivas… allí donde hay glamour y lujo se requiere un maestro torcedor para deleitar a los más exigentes.

 

Una historia de vida que se remonta a la última época soviética

 

La URSS y Cuba tenían intensas relaciones a todos los niveles, en esos tiempos existían muchos programas de intercambio de científicos, militares, y estudiantes. Los mejores alumnos cubanos eran enviados a formarse al ‘paraíso socialista’. Félix formaba parte de esta élite. De esta forma llegó a la universidad de Kazán  en 1986 donde disfrutó de una beca para estudiar ingeniería de maquinarias. Sin embargo, cuando terminó la carrera había acaecido un cambio político y social que hizo tambalear al sistema. La URSS pasaba a llamarse Federación de Rusia y, a toda velocidad, la sociedad empezaba a cambiar.

El lujo, concepto tabú bajo el dominio soviético, empezó a florecer con más fuerza que nunca; toda una nueva clase social surgió, que demandaba servicios que los diferenciase del resto de la sociedad. Para este momento Félix dominaba la lengua rusa a la perfección, eso sí con un toque cubano que hacía su dicción original como si se tratase de una marca especial. Incluso se casó y tuvo un hijo en Moscú, se hizo así más ruso aunque sin perder nunca sus raíces cubanas.

Una práctica intergeneracional

 

Toda la familia de Félix se ha dedicado a lo largo de los años al tabaco, él pertenece exactamente a la quinta generación y lo curioso del asunto es que nunca pensó que iba a seguir la saga familiar. Todavía recuerda como su abuelo le enseñaba el arte de la ‘torcedura’ para mantenerlo ocupado porque era un chico muy nervioso.

No habría pensado que esta temprana preparatoria le serviría para convertirse en uno de los ‘torcedores de puros’ más solicitado de Rusia.

La distinción social

 

¿Por qué se fuma puros en Rusia? Fumar puros se ha convertido en un elemento de distinción social, las clases sociales a la manera que lo entendía Marx no existen por poseer o no los medios de producción sino por tener unas preferencias o un gusto determinado. Esto se ha convertido en la época de la globalización en un factor de peso a la hora de marcar la diferencia.

La edad de los fumadores es mediana y se sitúa en torno a los 40 ó 50 años y les gusta impresionar a sus invitados en las fiestas con un auténtico ‘torcedor de puros’ cubano que fabrica el producto justo antes de que alguien lo consuma. Es algo así como tener a un ‘sumiller’ del humo.

 

Un protocolo para fumar

 

Como ocurre con el vino los consumidores de puros cuentan con un protocolo para fumar que según cuenta Félix “no ha llegado todavía a instalarse y repetarse en Rusia como se hace en Latinoamérica, queda mucho camino por recorrer en la formación del fumador ruso; el nivel de exigencia social en cuanto a la demada de tabaco no es completo como lo es en España, República Dominicana o Cuba… por nombrar solo unos pocos ejemplos del mundo latino”. El protocolo se expresa tanto en la forma de prender el cigarro, que debe  de ser uniforme y circular, como en la manera de  aspirar el humo que no se traga sino que se retiene en la boca para saborear los diversos matices que contiene, como el vino.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el tiempo. Un cigarro requiere tiempo para poder disfrutarlo plenamente: “una de las cosas que refleja la forma de fumar es el tipo de sociedad, en Cuba no hay prisa se fuma despacio, sin embargo los requerimientos de la vida social rusa, la velocidad en la que se desarrolla la vida hace que se fume el cigarro de prisa, con cierta ansiedad…”, en cualquier caso Félix cree que cuando el consumidor ruso pase por su estado de inmadurez en el arte de fumar llegarán a exigir y demandar mucho más de lo que se hace en los países hispanoamericanos donde se posee una amplia experiencia. 

No obstante, mientras que en algunas partes del mundo cae el consumo de tabaco en puro, en Rusia aumenta el interés y la demanda de este tipo de producto, según Félix “…ya se empiezan a ver algunos expertos fumadores”.

 

El proceso artesanal paso a paso

 

La manufacturación del tabaco es un proceso delicado en el que se deben tener en cuenta varios factores, entre ellos el más importante es el de la humedad de la hoja. Existen cinco tipos de hojas: la hoja ‘volada’ aporta el combustible necesario para que el cigarro arda correctamente, la ‘seca’ da el sabor característico a cada cigarro, la ‘ligera’ tiene que ver con la fortaleza del tabaco que se use en cuestión (puede ser más fuerte o más suave según el gusto del consumidor), la ‘capote’ envuelve la mezcla y es la que da la presencia al cigarro.

El proceso de manipulación de hojas es simultáneo, es decir se lían todas las capas a la vez, previamente planchadas con la mano una por una. La última fase es la utilización del molde que le da la justa presión, aspecto esencial ya que de esto depende que el cigarro se queme gradualmente sin prisa. El molde suele ser de madera o plástico.

Félix da clases magistrales en diversas convenciones donde enseña cómo debe ser todo este proceso.

Nos despedimos del maestro a ritmo de salsa, música que sirvió de banda sonora de toda la entrevista que culminó por un paseo por La Habana de Moscú, todo un circuito de bares latinos que no hubiese conocido de no ser por el maestro: ¡spasibo y hasta otra, Félix Francisco Miranda Sánchez!