Rusia se prepara para poner en práctica el proyecto Intergelio-Zond, desarrollado por científicos del Instituto de Investigaciones Espaciales (IKI) de la Academia de Ciencias de Rusia. La sonda, cuyo lanzamiento está previsto para el 2018, permitirá a los científicos acercarse al Sol tan cerca como nunca antes se había hecho.  El proyecto se encuentra actualmente en la etapa de investigación y desarrollo. 

 

Manchas solares

En septiembre de 2009, el Satélite Geoestacionario Operacional Ambiental (GOES), descubrió una activación del cuerpo celeste. Los astrónomos encontraron dos zonas brillantes. Las manchas aparecieron casi al mismo tiempo, y lo suficientemente lejos unas de otras, lo que testifica  la naturaleza global de los cambios en el cuerpo celeste.

El director del IKI, el académico Lev Zeleni, declara: “está planeado enviar la sonda a una corta distancia del Sol con ayuda de asistencia gravitacional de Venus. Ponerlo en órbita en un perihelio (el punto más cercano de la órbita de un cuerpo celeste alrededor del Sol) de aproximadamente 42 millones de kilómetros. De cara a las siguientes maniobras  gravitacionales, el perihelio  se puede reducir hasta 21 millones de kilómetros, si se realizan otras maniobras de asistencia gravitacional que posibilitan hacer un seguimiento de los mismos detalles de la superficie del cuerpo celeste durante periodos de tiempo más prolongados, de hasta siete días, aproximadamente”.

 

“Es posible que haya una mayor aproximación al Sol: la distancia mínima estará limitada solamente por la evaporación de la pantalla protectora, causada por la radiación solar. Esto provoca que el aparato cuente con su propia 'atmósfera', lo que perturbaría los resultados de las mediciones”. 

 

Cinturones de radiación

La Tierra está rodeada por dos capas de cinturones de radiación. El primero comienza a unos 1.600 km sobre la superficie del planeta y se extiende hasta una altura de casi 13.000 km. Otro cinturón comienza justo por encima de 15. 000 km y se eleva hacia el espacio, a una altura de 24.000 km. Los períodos de actividad solar provocan su expansión, y se colocan a una distancia de tan solo 207 kilómetros, lo que constituye una amenaza para la Estación Espacial Internacional y los satélites.

Además, el IKI, junto con el Instituto de Magnetismo Terrestre, Ionosfera y Propagación de Ondas de Radio (IZMIRAN), está creando un sistema de seguimiento del viento solar, que proporcionará un pronóstico altamente fiable de las tormentas magnéticas una hora y media o dos antes de su inicio en la Tierra.

 

Los microsatélites Chibis serán su elemento principal, declaró el director de IZMIRAN, Vladímir Kuznetsov. El primer Chibis, de una masa de 40 kg, se puso en órbita alrededor de la Tierra a una altitud de unos 480 km desde la Estación Espacial Internacional el 25 de enero de este año.

 

Las iniciativas espaciales rusas se harán en coordinación con el programa de  la NASA estadounidense “Viviendo con una estrella”. El objetivo de este proyecto es realizar un estudio detallado de los cinturones de radiación, los anillos de partículas de alta energía que rodean la Tierra. El primer dispositivo lanzado por la NASA el 23 de agosto. 

 

Tormentas magnéticas

La mayor tormenta solar registrada se produjo el 28 de agosto de 1859.  Los instrumentos científicos no pudieron medir su escala. Quedaron fuera de servicio los sistemas telegráficos que experimentaron las más fuertes tensiones. Tales tormentas ocurren aproximadamente una vez en cinco siglos. Sin embargo, el fenómeno de media potencia, se produce cada cincuenta años. El último ocurrió el 13 de noviembre 1960 y provocó una perturbación geomagnética, la cual, entre otras cosas, perturbó el trabajo de la estación de radio.

Una tormenta menos potente tuvo lugar en 1989 con el consecuente accidente en la central hidroeléctrica canadiense en la provincia de Quebec, tras la cual más de 6 millones de personas se quedaron sin electricidad.

Los cinturones de radiación, que fueron uno de los primeros descubrimientos norteamericanos de la era espacial, están bajo la influencia de la actividad solar y el clima espacial creado por el Sol. Los pilotos y los astronautas se exponen a niveles peligrosos de radiación en los periodos de rápida actividad. Además, estos cinturones pueden interferir en el funcionamiento de los satélites y sistemas de comunicación.

 

“Todavía no comprendemos cómo se comportan estos cinturones  aunque han pasado más de 50 años desde que los descubrieramos y describieramos”, dijo Lika Gujatakurta, investigadora de la NASA. “Tampoco tenemos ninguna manera de hacer predicciones, lo cual es realmente muy importante”.

 

Con la aparición, hace unos 440 años, de los instrumentos de medición astronómica, se hizo evidente que el Sol influye en todos los procesos que tienen lugar en la Tierra. La actividad solar, expresada a través de explosiones de radiación solar, tormentas magnéticas, y destellos de fuego puede variar considerablemente en intensidad: desde ser apenas perceptible hasta fuertes "tormentas".

 

Hoy en día, la dependencia de los humanos de la tecnología radioelectrónica es tan grande que una mayor actividad solar podría perturbar el trabajo de  numerosos sistemas en todo el mundo.

 

El continente americano es el más vulnerable en caso de una poderosa tormenta solar a causa de su proximidad con el polo norte magnético. Según las investigaciones de la corporación Metatech, si ocurriera un choque parecido al de 1859, hoy en día, todo el sistema eléctrico de América del Norte se estropearía, y los trabajos de restauración de suministro de energía podrían tardar entre unas semanas o un mes.

Además, el mal tiempo espacial dificulta el trabajo de todos los sistemas orbitales. De acuerdo con los datos del Departamento de Defensa de EE UU, los costes de recuperación de los satélites solares son de alrededor de 100 millones de dólares al año.

 

Y las compañías de seguros de satélites pagaron, por el período entre 1996 y 2005, alrededor de 2.000 millones de dólares para cubrir los daños y perjuicios de naves espaciales debido al impacto solar.

 

Una fuerte tormenta solar podría interrumpir la operación de los sistemas de navegación espacial: el error de medición de coordenadas puede llegar a  20 metros o más, lo que haría inservible al satélite inservible. Durante la tormenta solar del 23 de octubre del 2003, se registró una pérdida significativa de la precisión del GPS Navstar.