Las autoridades rusas no han llegado a esto en un año. La idea de diversificar las rutas de exportación a Europa del gas ruso extraído en Siberia Occidental surgió a principios de los 90, después de la caída de la URSS, cuando los gaseoductos de exportación quedaron bajo el control de los nuevos estados independientes de Bielorrusia y Ucrania.

 

Tras la llegada al poder de Vladímir Putin, el Kremlin se propuso controlar todas las rutas de exportación del gas ruso a Europa. Moscú inició negociaciones con Minsk para la compra del paquete de control de la bielorrusa Beltransgaz y con Kiev para crear un consorcio entre Gazprom y Naftogaz  sobre la base del sistema de transporte de gas de Ucrania (GTS).

 

Todo cambió a finales de 2003 cuando el presidente de Bielorrusia, Alexánder Lukashenko, decidió que no quería desprenderse de Beltransgaz e inició la primera guerra del gas entre los dos vecinos. Posteriormente en Ucrania tuvo lugar la 'revolución naranja, detrás de la cual las autoridades rusas vieron un intento de los EE UU de disminuir la influencia de Moscú en el espacio postsoviético.

 

Fue precisamente en ese momento, en 2004, cuando se aprobó la decisión final de construir un gaseoducto alternativo a las vías ya existentes. En el Kremlin recordaron un proyecto de gaseoducto submarino a través del Báltico, en 2001 Gazprom había firmado unos memorandos con la empresa finlandesa Fortum. 

 

A partir de entonces, el proyecto comenzó a desarrollarse con ímpetu. En septiembre de 2005 Gazprom, E.ON Ruhrgas y BASF firmaron un acuerdo para la construcción del gaseoducto. Posteriormente se hizo público que el consejo de accionistas de Nord Stream AG sería dirigido por Gerhard Shröder, excanciller de Alemania, fuera ya de la presidencia después de que los socialdemócratas perdieran las elecciones al Bundestag.

 

Shröder se sentó en el sillón del top manager de la nueva compañía, cuyo principal socio accionista es Gazprom, con un inmenso sueldo (la cantidad precisa del sueldo del excanciller se desconoce), después de haber pactado como representante del gobierno, la participación de Berlín en el proyecto. 

 

La capacidad del primer ramal del proyecto es de 27.500 millones de metros cúbicos de gas al año.  El segundo ramal que se inaugura ahora tiene la misma capacidad. De tal manera que los dos ramales del gaseoducto pueden suministrar a Alemania hasta 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año, lo que es aproximadamente un tercio del volumen de exportación del combustible azul ruso para Europa (cerca de 150.000 millones de metros cúbicos al año).

 

Teniendo en cuenta que desde el año pasado Gazprom ha consolidado su control sobre Beltransgaz (a cambio de lo cual Bielorrusia recibió un crédito ventajoso de 10.000 millones de dólares y precios internos de Rusia para el gas), ahora Moscú puede pasar parte del volumen de gas de Ucrania al nuevo gaseoducto.  

 

“Nord Stream es un proyecto que garantiza la seguridad energética de Rusia y una hito en la exportación de gas", dice el analista de Troika Dialog, Valeri Nesterov. "Garantiza una independencia prácticamente total de los países intermedios. Este gaseoducto le da a Gazprom capacidad de maniobra y lo convierte en un protagonista del mercado todavía más fuerte”.

 

En Nord Stream AG están convencidos de que el proyecto tiene grandes posibilidades. En su presentación la compañía valora la demanda adicional de Europa para la importación de gas para el 2030 en 180.000 millones de metros cúbicos, debido al crecimiento del consumo y en parte por la necesidad de compensar la extracción cada día menor en el Mar del Norte.

 

Además la UE tiene planes para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera y, entre los hidrocarburos, el gas natural es el combustible natural más limpio ecológicamente. 

 

Pero puede que los cálculos de la compañía que no se cumplan. El fuerte cambio en la coyuntura del mercado europeo ya ha llevado a Gazprom a tener pérdidas. Sus usuarios en la UE intentan elegir los volúmenes de gas mínimos contemplados en los acuerdos. Las empresas europeas exigen descuentos en el precio del gas y cambios en el recuento de los precios, un aumento en relación con el tipo de cambio spot. El monopolio ruso todavía intenta defenderse pero ya se ve obligado a hacer concesiones. 

 

Artículo publicado originalmente en Vlast