Alina Akoeff, no es guía turística con su colección de cuentos pseudohistóricos. Dirige un proyecto que lleva el triste nombre de 'Osetia Perdida'. Las razones para la tristeza son numerosas: el estado de la mayoría de los monumentos históricos de la república está cercano a la catástrofe. "Fotografiarlos, medirlos, describirlos", no es más que el principio. El material reunido hay que subirlo a la página del proyecto, convertirlo en patrimonio público, atraer la atención, encontrar maneras de salvarlo...

En su 'otra vida' Alina era directora de documentales. Un día vio un mapa del politólogo e investigador de Osetia del Norte y del Sur Artur Tsutsiev, en el que estaban marcadas prácticamente todas las poblaciones de Osetia del Norte.

“Me quedé estupefacta de la cantidad de ruinas, de pueblos abandonados. Y entonces se nos ocurrió hacer un mapa en el que la gente pudiera ver qué pueblo era, quién vivía ahí, cómo se llamaba. A mi misma me interesaba...”


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Así es como apareció en su vida el mapa de la 'Osetia Perdida'. Ahora le dedica todo el tiempo libre (o mejor dicho, todo su tiempo) al proyecto.

“La idea de un mapa interactivo surgió hace mucho tiempo, pero tan solo lo hemos empezado a hacer efectivo hace un año. Cuando digo nosotros, me refiero a mí y a nuestro director técnico, Vadím Diakonov, y al coordinador de los voluntarios Anzor Makiev”, nos explica Alina.

Fuente: Anton Agarkov / Strana.ru

Mientras estaba ocupada con el traspaso de los monumentos al mapa interactivo, Alina descubrió que además de pueblos vivos y abandonados había una tercera categoría: pueblos a punto de morir.

Organización a nivel local

“Comprendimos que habían algunos lugares donde apenas había vida. Hay pueblos donde quedan diez, ocho o incluso dos habitantes. Hay que revivir esos lugares, no hay que permitir que mueran, que pasen a la categoría de abandonados... Y no siempre hace falta inversiones, a menudo tan solo hay que atraer la atención sobre ellos, mostrar interés”, explica entusiasta.

Alina se lanzó a un viaje por Osetia con gente que comparte sus ideas para comprender mejor la situación y definir un plan de acción. A menudo los problemas se podían arreglar con fuerzas locales. Por ejemplo, en un pueblo vivían unos ancianos y en el pueblo vecino, que estaba muy cerquita, vivían adolescentes. Los jóvenes eran pocos, puede que unos cinco, pero tenían fuerzas suficientes como para 'encargarse' de los ancianos del pueblo vecino.

Así fue como el proyecto de un mapa interactivo se convirtió en una auténtica 'red social' de voluntarios.

“Se convirtió en un proyecto de auto organización de la gente, cuando reconocíamos un problema lo solucionábamos juntos. Ahora se unen muchos jóvenes dispuestos a asumir responsabilidades y a hacer pequeños trabajos. En ocasiones, para salvar del abandono a los pueblos de la montaña basta con crear dos puestos de trabajo”, explica Alina.

El proyecto, que se mantiene exclusivamente a través de donaciones, en poco tiempo se volvió a transformar. En el mapa interactivo, además de los pueblos, aparecieron nuevas 'capas': monumentos culturales, arquitectónicos, arqueológicos...

“En cierto momento pensamos, ya que nos ocupamos de los pueblos abandonados, podemos describir también la riqueza de los monumentos culturales". Prácticamente en cada población hay una o dos torres, un cementerio, una iglesia. Buscas en las fuentes literarias o etnográficas y tan solo aparecen un par de escuetas líneas: "En tal pueblo hay tal y tal iglesia o seis torres". ¡No me hace falta una guía para ver que son seis! ¿Pero a quién le pertenecen, quién vivía aquí? Resulta que se puede recuperar mucha información todavía de las tradiciones familiares, del folclore, de las leyendas, de los relatos de los habitantes. Eso es lo que estamos haciendo ahora. Por supuesto, es muy difícil que encontremos información de todos los monumentos, pero si nos damos prisa, recuperaremos la mayoría”, nos cuenta Alina.

Los voluntarios ocupados del seguimiento, decidieron que no era suficiente dar una descripción general. Los monumentos se encuentran en diferentes estados de conservación.

Rescatar el patrimonio cultural

Hoy en día, el mapa interactivo tiene 537 monumentos culturales y 229 pueblos abandonados. Es difícil que en breve crezca el número de pueblos abandonados, pero la situación es diferente con los monumentos: el objetivo es describir e introducir en el mapa unos 1.500 construcciones. Los más antiguos datan del siglo XII. Pero la mayoría son del siglo XIII o de comienzos del XIV, es decir, antes de la invasión tártara y antes del saqueo de Alania por parte de Tamerlán. Después de su sangrienta invasión Osetia quedó deshabitada, no quedó nadie para construir.

Las ruinas de las antiguas construcciones, muchas de las cuales parecen más bien un montón de rocas, son la memoria histórica de todo un pueblo.

La conservación de los monumentos de Osetia del Norte es algo diferente de la del resto de Rusia. Alina nos explica las peculiaridades locales: resulta que la mayor parte de los monumentos osetios no pertenece a nadie o no están gestionados por nadie. Ni siquiera la torre familiar pertenece a 'su' familia. Pero los voluntarios de "Osetia Perdida" han empezado a trabajar en esa dirección.

“Ya se han dirigido a nosotros tres familias y les vamos a ayudar a obtener la gestión de sus torres. Una familia no se limita a la familia básica; estamos hablando de un clan que cuenta con 300 y a veces hasta 500 personas. Y si cada uno de ellos da, aunque sean 500 rublos (unos 16 dólares) se obtiene una suma suficiente como para mantener el monumento en un estado óptimo. Además, van a responder de su estado frente a ellos mismos, frente a sus hijos. Creo que habrá más de estas familias”, explica la directora.

Alina planea llegar al 80% de monumentos descritos e incluidos en la página y entonces comenzará a funcionar otro de los servicios del proyecto: una aplicación para móvil que llevará por título "Guía de viaje electrónica de Osetia". De tal manera que cualquier turista que llegue a Osetia con un smartphone, con un GPS o un iPhone, podrá descargarse el mapa de internet, planear una ruta y obtener la información necesaria.

Alina considera que entonces llegará el momento de pensar en la creación de un fondo para el mantenimiento y la restauración del patrimonio.

“Nuestro proyecto es un buen recurso para la sistematización del turismo. Pero de momento en Osetia no existe el turismo interno —dice sin rodeos—. Mejor dicho, sí existe pero es turismo salvaje...”

“Estoy convencida de que el gobierno no puede hacerse responsable de los monumentos culturales, tan solo puede financiar su mantenimiento. Todo el mundo debe comprender que la conservación de los monumentos, la conservación de la historia, es un algo que depende de cada uno de nosotros. Y solo nos irá bien a todos cuando comprendamos esto”, sonríe Alina.

Página web del proyecto 'Osetia Perdida' (en ruso). 

Texto publicado originalmente en Strana.ru.