El primero de ellos tuvo lugar en la facultad de filología de la Universidad de Barcelona, con público básicamente joven. No recibieron muchos ánimos los futuros escritores que pudiera haber en el aula de Guelásimov, quien afirmó rotundo que, al menos en su país, “es imposible ganarse la vida escribiendo literatura, si no es que escribes novelas policíacas, fantásticas o políticas”. Por eso, cada vez más compatibiliza la literatura –“Ha pasado a ser mi hobby”, dijo- con los guiones, bastante mejor remunerados.

Y sin embargo confesó que “no hay nada tan interesante como escribir literatura: construir personajes desde cero; hacerlos tuyos; ver cómo crecen; cómo respiran; qué sienten; qué les duele”.

Alexéi Varlámov tiene traducida al español la obra El nacimiento (Acantilado, 2009) y está en preparación Imbécil. De Andréi Guelásimov se puede encontrar La sed (Tropismos, 2006), en castellano, y La set (en catalán, Club Editor, 2006) y Raquel (Club Editor, 2008), en catalán. 

“A veces me preguntan: '¿Sobre qué escribes?' Es una pregunta asesina. Es fácil de responder cuando escribes literatura de algún género, pero, tanto Alexéi [Varlámov] como yo, escribimos literatura sin género (…) Yo suelo decir que escribo más o menos como Tolstói, aunque decir eso es indecente”.

La realidad es su fuente de inspiración porque “la literatura es práctica”, según Guelásimov. El autor explicó cómo “la idea de ver a mi hijo con uniforme y armado es lo que me puso a escribir” el libro La sed. “Ver a mi hijo y a sus compañeros del servicio militar, de 18 y 19 años, jurando bandera me hizo darme cuenta de que la guerra es cosa de niños, que es la muerte de los niños”.

Por su parte, Alexéi Varlámov, utilizó un tono más pedagógico. No en vano es profesor de la Universidad Estatal de Moscú. El autor moscovita, que dijo que había heredado la “necesidad de escribir” de su abuela, señaló que, a través de sus novelas, “siempre he querido expresar el destino de Rusia a través de los destinos de las personas”.

“Intento explicar lo que pasa en Rusia ahora y en el pasado más inmediato a través de la relación que existe entre la ideología y el destino de las personas (…) Me interesa tanto la nueva generación como la de mis antepasados, que han vivido una época muy difícil”, adujo.

“El paso de una Rusia monárquica y ortodoxa al sistema soviético y, de este, a la era postsoviética, esto es lo que quiero investigar (…) Gente criada en un sistema de valores que pasa a otro sistema de valores y tratar de explicar cómo les afecta esto”. Y como conclusión, añade: “Rusia todavía no ha podido salir del siglo XX”.

Discrepancias sobre Platónov

Otra de las pasiones de Varlámov son los autores rusos de la primera mitad del siglo XX. Ha escrito biografías sobre algunos de ellos y, preguntado por sus preferidos, citó a Antón Chéjov, Iván Bunin y Yuri Kazakov –cuya prosa recomendó especialmente a los estudiantes de ruso-, pero “sin duda, el gran escritor del siglo XX es Andréi Platónov. Es el que mejor explica lo que pasó en Rusia el siglo pasado”.

Y en este momento llegó la discrepancia. Sin abandonar en ningún momento el tono cordial de la conversación, Andréi Guelásimov manifestó que, en contra de lo que en su opinión hacía Platónov, “las cosas complejas se han de explicar de forma sencilla, como pasa en la vida”.

Guelásimov también remarcó que la sintaxis de Platónov –de quien se suele decir que inventó un lenguaje nuevo para un mundo nuevo, el soviético- “está lleno de ironía” y advirtió del abuso de este recurso, ya que “a menudo acaba mal”. Finalmente, espetó: “No confío en un idioma nuevo, como tampoco creo en un calendario nuevo, como el que inventó Napoleón y que duró cuatro días”.