El ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha hecho una declaración recientemente, cuya esencia se reduce a que Rusia y EE UU aún pueden llegar a un acuerdo sobre el ABM (Sistema de Escudo Antimisiles). “Todavía hay tiempo para llegar a un acuerdo”, declaró a los periodistas el pasado 28 de septiembre el viceministro de Asuntos Exteriores Serguéi Riabkov, “pero este no es ilimitado, y cuando empiece a realizarse la tercera fase y luego la cuarta y las subsiguientes fases en el marco del acercamiento por etapas y adaptativo para la creación el sistema global ABM, la situación puede cambiar para nosotros”, puntualizó.

En palabras del viceministro, para que esto no suceda, Moscú propone a sus socios que ofrezcan garantías jurídicamente vinculantes de no orientar el sistema ABM hacia ella. En caso contrario, EE UU se encontrará con la adopción por parte de Rusia de un paquete de medidas denominadas compensatorias.

Este año los norteamericanos han adjudicado a este sistema más de 10.000 millones de dólares. En el apunte correspondiente para el presupuesto del Pentágono se dice: “al apoyar el programa ABM, la administración Obama contribuye al mantenimiento de la estabilidad mundial. Este sistema defenderá a los EE UU y a sus aliados de los ataques producidos por misiles balísticos con cabezas nucleares o con equipamiento convencional”.

Para ello se propone adquirir 46 antimisiles navales SM-3 bloque IB, continuar con los trabajos de su modernización para que se puedan instalar en tierra firme, ejecutar la compra de los materiales para la construcción de una plataforma de lanzamiento para la batería de antimisiles SM-3 en Rumanía.

En los planes del Pentágono entra el proveerse de este tipo de base en Rumanía para el año 2015, y otra similar en Polonia para 2018.

Mientras, el ABM norteamericano en Europa es una importante causa de irritación para Moscú. La administración Bush planeaba instalar en Polonia diez misiles interceptores terrestres capaces, en principio, de ofrecer resistencia limitada a las estratégicas fuerzas nucleares rusas. Sería imposible enumerar cuántos discursos furiosos se han pronunciado en  Rusia por este motivo.

Barack Obama 'corrigió' a Bush y como resultado Europa 'se contentará', de momento, con medios destinados a interceptar misiles tácticos y táctico operativos. “Queremos que este sistema sea transparente, especialmente para que la Federación Rusa se convenza de que el sistema se está construyendo para los fines declarados, por eso vamos a ofrecer la posibilidad de controlarlo”, ha expuesto el ministro de Asuntos Exteriores polaco Radosław Sikorski. Por su parte, la Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ha señalado que el sistema “tiene carácter defensivo y no supone una amenaza para Rusia”.

Hablando sobre la demanda de Rusia para que se le ofrezcan “garantías jurídicas” de que el sistema antimisiles de la OTAN no supone una amenaza para ella, el secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, ha declarado que tales garantías existen desde hace más de diez años y que están recogidas en el “Acta Fundacional sobre relaciones mutuas, cooperación y seguridad entre la OTAN y la Federación Rusa” del año 1997.

Sin embargo, Rusia se las reclama esas garantías establecidas jurídicamente a EE UU.

Sin duda, estas garantías son una operación política destinada a conseguir un trato de los norteamericanos hacia Rusia de auténtico socio militar y comercial.

Entretanto, la efectividad real del ABM norteamericano “en la fase polaca” provoca muchas dudas. Sobre ello habló abiertamente a principios de agosto el presidente polaco. “Para Polonia es imprescindible la creación de un sistema propio de defensa antiaérea, que estaría incluido en el sistema de la OTAN, y la participación en el proyecto norteamericano fue un error”, dijo en una entrevista Bronisław Komorowski a la revista Wprost.

En el puesto de mando de la dirección del Euro-ABM presta servicio una división, pequeña por el número de efectivos, de militares que pasan la mayor parte del tiempo frente a los ordenadores. Aquí se recogen y analizan datos sobre posibles lanzamientos de misiles. Pero nadie pulsaría el botón rojo en caso de peligro.

“Nuestro sistema está pensado, en primer lugar, para determinar si desde una determinada región del mundo ha sido lanzado algún objeto volador en dirección al territorio de la OTAN”, explica Friedrich Wilhelm Ploeger, el segundo al mando las Fuerzas Aéreas de la OTAN.

De momento, las posibilidades del sistema de defensa antimisiles están bastante limitadas. “La intercepción solo es posible en el caso de que el misil entre en una zona cuya seguridad podemos garantizar con los medios con los que contamos –continúa el general–. Si aparece en una región cuya defensa no tenemos estipulada, entonces, lamentablemente, no podemos hacer nada”.

Con todo, no hay ninguna seguridad de que el Euro-ABM completamente desarrollado vaya a ser efectivo. Precisamente sobre esto advierte el experto alemán Oliver Meier, del Instituto de Investigaciones para la Paz y Políticas de Seguridad de Hamburgo. “La fase crítica empezará en el año 2018, cuando tenga que entrar en funcionamiento el nuevo sistema ABM para combatir a los misiles de largo alcance. No hay ninguna garantía de que este sistema esté operativo”. Entonces seguro que a EE UU no le vendrá mal un socio-aliado sólido.