Conexión a una red

Esta vez, los carteles de las películas rusas en el Festival Internacional de Cine de Venecia
 se veían desde lejos. Justo enfrente del Palacio del Cine se erigían sucesivas vallas publicitarias de Izmena (Traición) de Kirill Serebrénnikov; los pósteres de otras películas de festivales de Rusia, como Ya tozhe jochú (Yo también quiero) de Alexéi Balabanov y Anton tut riadom (Antón está cerca), de Liubóv Arkus, aparecieron en prensa a diario. Y todo porque, por primera vez en la historia, la Fundación del Cine pagó a los productores rusos todos los gastos de publicidad de las películas del festival.

"Se trata de un apoyo financiero único y masivo: hemos respaldado tres cintas a la vez", declaró Elena Románova, directora del departamento internacional de la Fundación del Cine. "Una película generalmente no puede permitirse esas cosas, pero al colocar el lote para nosotros fue mucho más simple. Está claro que Izmena se presentó ampliamente y en voz más alta que los otros filmes, pero es que esta película viene de los principales certámenes".

Como resultado de los esfuerzos en publicidad de la Fundación, las películas patrocinadas consiguieron ampliar su distribución. Por ejemplo, según palabras de Románova, los productores de Izmena firmaron un contrato con la distribuidora internacional Elle Driver; y para la distribución en Italia se libró una dura batalla: el director y productor Nanni Moretti se ofreció personalmente, posee su propia empresa de distribución y una cadena de cines.

 

¿Qué ha ocurrido para que se levante tanta expectación en torno a las películas rusas? Simplemente se han descubierto: los largometrajes elegidos para participar en Venecia y, por lo tanto, dignas de ser distribuidas en Europa, se exhibieron lustrosas, en un brillante envoltorio.


"Partimos del hecho de que es como si cada país guardase sus películas en un disco duro, y todos ellos estuvieran conectados a una red global. Pero el cine ruso todavía no está conectado”, explica Antón Mazurov, director creativo de la agencia 'Russians Are Coming', que comisionará los Red Square Screenings por encargo de la Fundación de Cine. "Esta infraestructura de red es un sistema de festivales y ferias cinematográficas."


El disco duro de Rusia

La industria del cine ruso se ha estado cocinando en su propia salsa desde hace mucho tiempo. Durante la primera década de los años 2.000, las películas se rodaban fundamentalmente con dinero público y a menudo los productores trabajaban sin ninguna expectativa sobre la distribución, ya que los ingresos se generaban en el propio proceso de producción. Parecía que había un prometedor desarrollo del mercado, hasta la crisis de 2008. Sin embargo, esto no siempre fue así.

“A mediados de los años 90 hubo un breve momento en el que, por un lado, el número de cintas disminuyó, debido al colapso de todo el sistema de producción cinematográfica y, por el otro, aparecieron mecanismos que abrían paso a una serie de directores y películas al sistema de financiación europeo", recuerda el productor Yevgueni Guindilis.

 

"Fue algo breve, sólo un período de cinco años, durante los que autores rusos recibieron dinero a través de un sistema francés de apoyo gubernamental. Después nuestro sistema se aisló. Se produjo una renovación de la distribución de películas y hubo un rápido crecimiento. Tanto los productores como la comunidad en su conjunto, asumieron la idea de que era un mercado tan grande que la industria nacional se podía mantener a sí misma".

En este mercado prevalió la ley de la selva, una especie de sálvese quien pueda: tanto a la hora de obtener financiación, como para organizar la distribución. Los propios participantes de la industria describían habitualmente el sistema de financiación desarrollado por “cine de Estado” con la palabra: corrupción.

Posteriormente este cine estatal fue eliminado, y las series de animación, los documentales y el cine independiente de bajo presupuesto pasaron a formar parte de los balances del Ministerio de Cultura. Apareció la Fundación de Cine, a partir de una reunión entre las ocho (ahora diez) mayores empresas del cine ruso, apodadas "las grandes rusas". La Fundación comenzó a distribuir el dinero público destinado a apoyar la producción de películas comerciales, garantizando que la información sobre las dotaciones fuera transparente.

"El director de la Fundación, Serguéi Tolstikov, recibió críticas desde su primera aparición pública", recuerda Antón Mazurov. "Inesperadamente, esa crítica hizo que se pusieran en contacto la Fundación y la comunidad cinematográfica. Ni el Ministerio de Cultura ni el 'cine de Estado' se habían relacionado con la comunidad profesional. Pero entonces aparecieron personas que buscaban asociarse y adquirir experiencia propia, y con ellas comenzó a formarse una experiencia cinematográfica ".


Apoyo a la distribución


El diálogo de tres años entre la Fundación y la comunidad cinematográfica se tradujo, en concreto, en la decisión de apoyar no sólo la producción, sino también la distribución de películas rusas, incluido el ámbito internacional.

La estructura de nuestras distribuidoras abarca unas pocas salas de cine y está orientada a un público un poco más maduro, dispuesto a considerar cuestiones un poco más complejas", explica Yevgueni Guindilis. "En Europa existe este público. Las posibilidades de las películas de autor en el mercado europeo son mayores que en el ruso. Un ejemplo es que la cinta Ovsianki (Silent Souls), de Alexéi Fedorchenko, ha tenido éxito en las taquillas del Viejo Continente".


Hasta ahora, la idea que el público europea experimentado tenía sobre el cine ruso empezaba y acababa en el triángulo Tarkovski  - Sokúrov -Zviaguintsev.  Todas las películas que se alejasen de su estética, automáticamente quedaban fuera de las opciones de los distribuidores. Les resulta complicado clasificarlas y colocarlas.

"Ningún distribuidor a nivel mundial, se imagina lo que pasa exactamente en el mundo cinematográfico ruso", dice Antón Mazurov. "La historia del cine ruso es la historia de un producto no convertible ".


Los organizadores consideran que ajustar la comunicación entre jugadores es una solución al mercado de cine ruso internacional


"Hoy tenemos dos maneras de trabajar en el mercado internacional", argumenta Mazurov. "La primera, mercadear, por así decirlo, con la exclusividad. Rusia ha trabajado siempre así, a excepción de algunas películas como Nochnoi Dozor. La segunda manera es trabajar a través de la comunicación: el productor ruso mira a los ojos a un distribuidor en particular  y le pregunta por qué es impoisible distribuir la película en su país, por qué no le interesa al espectador. Tal vez el establecimiento de un diálogo directo permanente requerirá varios años de trabajo en este mercado. Pero ahora lo más importante es iniciar el proceso y dar a los compradores la oportunidad de ver el panorama de la industria del cine ruso en su totalidad.


Artículo publicado originalmente en ruso en Russki Reporter