Ya no hay vuelos directos de Moscú a Vorkutá, tuvimos que volar dos horas y media hasta Ujta y luego otras 14 horas de viaje en tren a través de la tundra. Estos legendarios lugares son la personificación del gulag. A principios del siglo XX, fue descubierto el yacimiento de carbón más grande del Círculo Polar Ártico: la cuenca de Pechora. Y los primeros mineros que construyeron Vorkutá en los años 1930-50, eran, en realidad, presos políticos. Solo en 1953, la supervisión de los estudios locales fue transferida del Ministerio del Interior al Ministerio de Industria.

En la Rusia rica en gas, la participación del carbón en la balanza de uso de recursos combustibles primarios es una de las más bajas del mundo: 15,8%. La media mundial es de 30%. En estas condiciones, es probable que no disminuya, sino por el contrario, aumente la producción.

Hoy en día, después de la modernización, Vorkutá tiene de qué vanagloriarse ya que produce el 60% del carbón de Rusia. Aquí se encuentra la mina más profunda de Rusia, la Komsomolski (1.200 metros) y la mina más productiva de Europa, la Vorgashorski (dando más de 9 toneladas de carbón por minuto). La ciudad misma son restos de un lujoso pasado. La construcción de viviendas claramente se detuvo en la década de 1970. ¿Y para quién construir? De las últimas 200.000 personas quedaron menos de la mitad. Como recuerdo del gulag quedan cruces en el cementerio conmemorativo y la central termoeléctrica, en cuya construcción participó  también el escritor Alexánder Solzhenitsin, según los residentes locales.

 

Hoy en día la vida de los trabajadores de la mina es estable y acomodada, en comparación con los años 90. Según palabras de la jefatura de Vorkutáugol, el salario medio en la compañía es de 55.000 rublos (unos 1.700 dólares), el sueldo de los mineros es de 60.000 a 80.000 rublos (1.900- 2.500 dólares).

 


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Alrededor de las 11:00, del autobús frente al edificio de la mina desembarca el turno con los que descenderemos a la mina. Los hombres fuman en frente del edificio: dentro de la mina, los cigarrillos ni siquiera se puede llevar encima. Para acceder, es necesario no solo presentar un permiso de entrada, sino también pasar un control de alcoholemia en cada torniquete. Y a la salida, de nuevo, hay que volver a pasar el control de alcoholemia.

 

Después de una sesión de información sobre la seguridad, me pongo ropa interior de abrigo, pantalones, chaleco aislante y una cazadora. Me aprieto el cinturón, del que cuelga un acumulador de linterna de un kilo, que va encajada en el casco. Me pongo unas botas de goma y gafas protectoras, los guantes de momento, los guardo en el bolsillo. Por último, me cuelgo al hombro, el 'equipo de salvamento', - una caja de metal de unos tres kilos, que se asemeja a un gran termo. En el caso de que se ahume la mina, este dispositivo proporciona la posibilidad de respirar durante unas pocas horas.

 

Al bajar, a una profundidad de casi un kilómetro en algo parecido a un ascensor, se llega a la estación: una pequeña locomotora eléctrica con vagonetas. Encorvándome y hecho un ovillo, subo a la camioneta.  La velocidad del tren probablemente no es muy alta, pero debido al terrible ruido y las sacudidas te sientes como en una montaña rusa, y el tren sigue la pendiente.

 

Toda la iluminación interior proviene de las linternas de los pasajeros. Por falta de costumbre, no me encuentro muy bien y los mineros en la vagoneta de al lado tranquilamente empiezan a jugar a las cartas: 9 kilómetros de camino y cuarenta minutos de traqueteo. Al llegar a la “última estación” nos sentamos en otro tipo de transporte que se mueve por un monorraíl suspendido. En este todavía atravesamos dos kilómetros más. Resulta que, para un turno de seis horas hay que añadir otras dos horas hasta llegar al sitio y dos de vuelta.

 

Hoy en día, el concepto 'galería'  se aplica a la excavación de la propia galería. Y el carbón se extrae no de la galería sino de la capa de carbón. En la tecnología moderna, la veta está cortada por dos galerías paralelas a una distancia, en este caso, de 300 metros una de otra. Independientemente del espesor de la veta, estas galerías se hacen anchas y altas. El techo y la pared se refuerzan con anclajes metálicos y redes. Después, entre las galerías, se excava en la veta de carbón otro pasillo, ya de la altura de la veta.

El equipo en el estrato de carbón es de nueve personas de las cuales uno es técnico de manutención del utillaje. El trabajo en la mina es de 24 horas: tres turnos de excavación y uno de reparación. Ante nosotros, precisamente empieza la extracción después de la siguiente preparación profiláctica. Los picos ahora se utilizan solo para una igualación y alineación más exacta. La excavación industrial es combinada - una enorme máquina con dos cabezales giratorios. La rozadora-cargadora es como un cepillo, pasa por la parte delantera del estrato, rompiendo el carbón, que de ahí pasa a un transportador – las clásicas vagonetas ya no existen.

 

El jefe de equipo pone en marcha la rozadora-cargadora. Inmediatamente vuela a la cara el polvo de carbón y asciendo a la superficie como un verdadero minero. A 300 metros este 'cepillo' pasa cada hora, cada turno de seis horas en este estrato se sacan alrededor de tres toneladas. Al eliminar la capa, mueven hacia adelante el transportador, y tras él, mueven un conjunto de sistemas de soporte. Después de moverlos, se oye crepitar  detrás de nosotros la roca.

 

Para ver bien el sistema de cintas transportadoras hay que recorrer unos pocos kilómetros a pie por las galerías. Las zonas de trabajo tienen su propia iluminación, todo el resto es boca de lobo. “Hay linternas de gas, dice Alexánder Kruglov. Después te orientas siguiendo la pared, poco a poco”.

 

Según él, incluso entre los mineros experimentados, hay personas que son psicológicamente incapaces de estar en el sector solos. Al mirar alrededor, realmente parecía el siniestro laberinto del monte Moriah de El Señor de los Anillos: 184 km solo de túneles de acceso. “Hay una superstición que consiste en no cambiarse el casco. Cada tres años, de acuerdo con el reglamento exigen reemplazarlos, pero muchos se resisten”, dice Alexánder. El oficial de guardia en la superficie ve la localización bajo tierra de cada minero por medio de un radiosensor en la linterna, de hecho, enviando a la linterna una señal especial de sonido, puede hacer que vayan al teléfono más cercano en la galería.

 

La construcción desde cero de la mina, capaz de producir de 4 a 5 millones de toneladas al año, costará unos 20.000 millones de rublos (640 millones de dólares). Antes del accidente de Vorkutáugol en el año 2011, el beneficio neto era de casi 12.000 millones de rublos (385 millones de dóalres). El 80% del carbón de Vorkutá era  utilizado en forma de coque para calentar los altos hornos. En Kuzbass es donde el costo es mucho más bajo, principalmente producen carbón 'energético', que es más barato y va a las centrales eléctricas o calderas.

 

Artículo publicado originalmente en ruso en Dengui