En 2007, cuando me disponía a entrevistar a Garri Kasparov, le pregunté a la babushka con la que vivía: ¿Liuda, crees que Kasparov podría llegar a ser presidente de Rusia alguna vez? Me miró de soslayo y contestó “Nunca”. Abrumado por su rotundidad le pregunté por qué, y su respuesta me dejó aun más tieso: “porque nació en Azerbaiyán y es judío”. En mi opinión, el haber sido un genio del ajedrez suponía su mayor desventaja.

 

Kasparov (nacido Garik Weinstein) fue el campeón del mundo más joven de la historia y el jugador más laureado. Sin embargo, fuera de los tableros ha tomado decisiones discutibles como trabajar codo con codo con Eduard Limonov y los Nacional-Bolcheviques o romper con la Federación Internacional de Ajedrez poniendo en jaque al propio deporte.

 

De alguna manera, tener a Kasparov al frente de un país supondría una osadía parecida a la de elegir a Slavoj Žižek o Grigori Perelman como presidentes: personas demasiado inteligentes para el cargo.

No todos los jugadores de ajedrez son 'bichos raros'. Sólo hay que leer este reciente reportaje de Rusia Hoy para advertirlo. Pero también es cierto que la mayoría de los grandes maestros se han distinguido por reacciones desconcertantes y posiciones desviadas respecto a las convenciones sociales.

 

La última rareza la ha protagonizado Boris Spasski, quien pegó la espantada dejando a su familia y médicos en París para acabar en Moscú “secuestrado”, según la versión de su hijo.

 

Spasski sufrió un ictus cerebral en septiembre de 2010, siendo repatriado a Francia para recibir atención médica en una clínica de Gennevilliers. Tras su estancia en el hospital regresó a su casa parisina, donde era cuidado por su familia… hasta que el pasado 16 de agosto Spassky desapareció.

 

Siguiendo informaciones que decían que el ajedrecista “fue llevado” a la embajada rusa de París, su hijo se plantó en Moscú y lo localizó en un hospital de la ciudad. Borís hijo ha asegurado que la supuesta manager del ajedrecista, Valentina Kuznesova, se negó a dejarle a solas con su padre, y puso una denuncia por secuestro a su vuelta a Francia.

 

En una entrevista al periódico Konsomólskaya Pravda, Spasski aseguró que “unos amigos leales” le arreglaron la huida, lamentando que su familia le “estaba dejando morir lentamente”, “atiborrándome de tranquilizantes” y “aislado”.

 

Spasski nació en 1937 en Leningrado. A los cuatro años fue evacuado a Kírov, salvándose no sólo del bloqueo nazi a la ciudad durante 872 días sino también de un ataque de la Luftwaffe al tren-convoy donde viajaba. En 1969 se convirtió en el décimo campeón del mundo de ajedrez. Llamado a ser un referente del ‘nuevo hombre soviético’ por el régimen, no tardó en romper dichas expectativas.

 

Spasski no dejó de exponer sus críticas políticas y opiniones personales, estrechando ostensiblemente la mano de los deportistas checos que portaban brazalete negro por la represión rusa en la primavera de Praga. “Nunca me consideré ciudadano soviético, sino rey del ajedrez”, reconocería más tarde.

 

Pero Borís Spasski no sólo ha sido unos de los grandes maestros del siglo XX sino que su figura creció más allá del mundo del ajedrez. En 1972, Reikiavik, Islandia, disputó la defensa del título de campeón del mundo contra Bobby Fischer, partida reconocida como una de las mejores de la historia. 

 

En plena guerra fría, la derrota de Spasski contra un norteamericano fue tomada como un insulto al pueblo soviético. Paradójicamente, la amistad de Spasski con Fischer fue creciendo de forma inversamente proporcional a su amor a la patria bolchevique.

 

Veinte años más tarde repetirían la partida, pero en Yugoslavia. Fischer había estado desaparecido durante todo ese tiempo, y ya la rueda de prensa fue un espectáculo .

 

En sí, todo el evento fue estrambótico. El duelo se jugaba en un país en guerra, nadie entendió por qué, de dónde y para qué volvía Fischer (¿dinero?). Además, el patrocinador del desafío era un oscuro banquero, Jezdimir Vasiljevic, acusado por el Departamento de Estado norteamericano de tráfico de armas y más tarde de crímenes de guerra.

 

Fischer se convirtió en un fugitivo después del evento. Perdió la ciudadanía norteamericana por ignorar el embargo de su país a Yugoslavia y dejar de pagar impuestos “a un estado genocida”. Fischer todavía dio algunos titulares más. El 11 de septiembre de 2001, minutos después del atentado contra las Torres Gemelas, el genio ajedrecista declaró a Radio Bombo Manila que “ya era hora de que se le diera una patada a Estados Unidos. Aplaudo esta acción, quiero ver cómo América desaparece del mapa”.

 

En 2004 fue arrestado en Japón por invalidez de su pasaporte. Llevaba tres años viviendo en el país nipón y doce usando el mismo documento. Después de ocho meses detenido y en proceso de extradición a Estados Unidos, Fischer consiguió la nacionalidad islandesa. El genio murió en Reikjavik en 2008, después de una larga enfermedad para la que rechazó cualquier tratamiento.

 

Para saber más:

1. Carta de Borís Spassky a George Bush en defensa de Bobby Fischer, tras ser detenido en Japón y exigir Estados Unidos su extradición:

Señor Presidente,

En 1972 Bobby se convirtió en héroe nacional. Me vapuleó en la partida de Reikiavik. La hegemonía soviética en ajedrez colapsó. Un hombre contra todo un ejército. Poco después Fischer dejó de jugar. Repitió la triste historia de Paul Morphy. A los 21 años de edad, el legendario Paul había batido a los principales maestros europeos y se convirtió en el campeón extraoficial. Dejó de jugar y finalizó su trágica vida a la edad de 47 años en New Orleans en 1884.

En 1992, veinte años después de Reikiavik, hubo un milagro. Bobby resucitó y jugamos una partida en Yugoslavia. Pero en aquel entonces había sanciones contra Yugoslavia; se prohibía a los ciudadanos estadounidenses cualquier clase de actividad en el territorio de ese país. Bobby violó las instrucciones del Departamento de Estado. Fue objeto de un pedido de arresto expedido el 15 de diciembre de 1992 por la Corte de Distrito de los EE UU. En cuanto a mí, como ciudadano francés desde 1978, no recibí ninguna sanción de mi gobierno.

Desde el 13 de julio de 2004, Bobby ha estado detenido en el aeropuerto de Narita por infracciones inmigratorias. Los hechos subsiguientes han sido descritos por los medios.

Esta claro que la ley es la ley. Pero el caso de Fischer no es común. Soy un viejo amigo de Bobby desde 1960, cuando jugamos en Mar del Plata y compartimos los dos primeros puestos. Bobby es de una personalidad trágica. Lo comprendí en aquel entonces. Es un hombre honesto y de buena naturaleza. Absolutamente no social. No es adaptable a los estándares de vida de todo el mundo. Tiene un sentido de la justicia muy alto y no está dispuesto a aceptar compromisos ni con su propia conciencia ni con la gente de su alrededor. Es una persona que hace casi todo contra sí mismo.

No me gustaría defender ni justificar a Bobby Fischer. Él es quien es. Solamente pido una cosa. Y es merced, caridad.

Si por alguna razón eso es imposible, me gustaría solicitarle a Ud. lo siguiente: Por favor corrija el error del presidente François Mitterrand en 1992.

Bobby y yo cometimos el mismo crimen. Aplique sanciones también contra mí. Arrésteme. Y póngame en la misma celda de Bobby Fischer. Y proporciónenos un tablero de ajedrez.

Borís Spasski,

10º Campeón del mundo de ajedrez (7 de agosto de 2004)

 

2. Carta de Garri Kasparov en la que reconoce su admiración por Bobby Fischer.

 

 

En twitter: @fm_fronteraazul