Fuente: Amparo Rodríguez.

Podría decirse que su renacer actual comenzó con la fundación del Monasterio de la Santísima Trinidad, en pleno centro de la Ciudad de México, en el año 2005. En esta casa de arquitectura típica mexicana de principios del siglo XX viven cuatro sacerdotes monjes,  siendo uno de ellos el Archimandrita Nektariy,  figura parecida a un obispo dentro de la jerarquía católica, fundador del monasterio y en la actualidad, máxima autoridad de la iglesia ortodoxa rusa en México y América Central.

 

El joven Nektariy Haji-Petropoulos llegó al país con tan sólo 15 años, de la mano de su tutor espiritual, quien se encargó de su educación tras la muerte de su madre. Después de varios años en el país, Nektari, que por aquel entonces pertenecía a la iglesia ortodoxa griega, viviría en Estados Unidos, Jerusalén, Serbia y Grecia, para volver al país en el año 2007, donde se encontró una creciente comunidad rusa, que ansiaba tener su propia iglesia.

La situación de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el continente es bastante heterogénea. Hay países, como Estados Unidos, con muchas parroquias, y muy bien asentadas desde hace dos siglos, como es el caso de la ciudad de San Francisco, que cuenta con 18 templos, seis más que en la totalidad de la república mexicana. También son numerosos en Argentina, Brasil o Venezuela.

La iglesia ortodoxa, organizada en diferentes iglesias autocéfalas, atiende a sus comunidades agrupándolas por etnia, o por lengua. Cada jurisdicción se ocupa de su comunidad y de su diáspora en el exterior, pero la liturgia es la misma para todos.  De modo que no hubo inconveniente en que un ortodoxo griego como él fundase  una comunidad ortodoxa rusa, para la atención de los rusos en México.

 

Y así se estableció esta iglesia, que pertenece en la actualidad al Patriarcado de Moscú, de la que es una diócesis más, aunque tiene autonomía, administración, y un sínodo locales. 

 

“Lo normal al abrir una comunidad es que haya un sacerdote, casado, con un sueldo, pero como nadie ofrecía ese sueldo, se decidió abrir un monasterio, con monjes profesionistas, que pudieran sostenerse por sí mismos”, recuerda Monseñor Nektariy.

 

La iglesia, que no recibe financiación alguna del patriarcado de Moscú ni pide limosna, se mantiene gracias a la iniciativa emprendedora de sus monjes, que han abierto varias cafeterías-pastelerías en la ciudad, en las que se venden pasteles de tradición austrohúngara que ellos mismos aprendieron a hacer en monasterios serbios. Además, tienen colmenas en otras ciudades, donde producen miel y cera, con la que elaboran velas que luego venden en la tienda del monasterio. Esto, unido a la actividad docente de algunos de sus monjes, permite la independencia económica del monasterio.

 

Un número de feligreses difícil de precisar

 

Según Monseñor Nektariy, es difícil concretar el número de feligreses. En el país, hay 12 comunidades en otras tantas ciudades con fuerte emigración rusa. Se calcula que en total hay unos 3.000 ortodoxos rusos, que se identifican como tales. Pero, recuerda Monseñor, estos serían sólo aquellos registrados y con contacto asiduo con sus  parroquias, porque hay muchos otros, el doble o el triple, que no mantienen una relación tan estrecha, ya que se criaron en la  antigua Unión Soviética, donde la religión, si bien no era perseguida en todas sus repúblicas, no estaba de moda.

 

“La gente no estaba acostumbrada a ir a la Iglesia. Actualmente la gente se empieza a bautizar, hemos bautizado muchos adultos, aunque por lo general no son muy practicantes. Cuando abrimos aquí, no había más de tres o cuatro rusos que fueran conscientes de ser ortodoxos”, puntualiza el Archimandrita.

 

La mayoría de sus feligreses son aquellos emigrantes que llegaron en los 90, todos ellos profesionales con una excelente preparación,  y gran parte de ellos ya casados con mexicanos. Vienen a la iglesia con sus nuevas familias, y con sus parejas, muchos convertidos del Catolicismo, o que de alguna manera se acercan a la iglesia de su cónyuge. Esta ola de inmigración no ha parado todavía. 

La comunidad, y sus necesidades, aumentan

 

Los cuatro hieromonjes, es decir, monjes célibes, que habitan el Monasterio de la Santísima Trinidad no sólo mantienen negocios rentables, y se encargan de dar atención espiritual a sus doce comunidades, si no que cumplen con una labor social, demandada por las necesidades más acuciantes de sus compatriotas.

 

Uno de los mayores problemas entre los rusos es el alcoholismo, así que Monseñor Nektariy  buscó médicos rusos, expertos en adicciones, que pudieran prestar sus servicios de manera gratuita. Lo mismo ocurrió cuando se necesitaron abogados para llevar algunos casos de divorcio o adopciones en la comunidad.

 

Últimamente, ha surgido otro gran problema en el que la Iglesia ha tenido que intervenir, el de la trata de blancas. Son en su mayoría jóvenes rusas o ucranianas, que acaban siendo explotadas sexualmente en clubes de la Ciudad de México, Cancún o zonas fronterizas. La pagina web de la iglesia, la única en ruso en este país, es fácil de encontrar para aquellas chicas que quieren escapar de estas redes de prostitución, y volver a sus países de origen.

 

En muchos de estos casos, si la persona en cuestión no tiene dinero, la Iglesia se hace cargo directamente o busca benefactores, para ayudar con las facturas o los pasajes de avión.

 

Por otra parte, las necesidades de la comunidad rusa han ido aumentando a la par que el número de feligreses.  El templo de la Santísima Trinidad se está quedando pequeño, y se espera poder construir otro que dé cabida a todos los parroquianos, que en días de fiesta llenan a rebosar cada estancia de la casa y su auditorio. Además, los rusos, ya bien establecidos, han empezado a traer a miembros mayores de su familia, que acaban sus días en este país. A falta de un cementerio ortodoxo, uno de los planes de la iglesia ortodoxa rusa en el país a corto plazo es comprar un terreno donde asentar un campo santo, para evitar la costosa repatriación de los restos mortales, y en vistas de que la comunidad no parece dejar de crecer.