Este otoño, el término 'caluroso' se queda corto para definir los últimos días de la campaña electoral a los comicios parlamentarios; se podría decir más bien que han estado al rojo vivo. Georgia se enfrenta a una cita en las urnas que podría revelarse decisiva para el rumbo del país, si la oposición, encabezada por Bidzina Ivanishvili, logra poner en peligro la mayoría que dirige el presidente Mijaíl Saakashvili.

Tras años de dominio parlamentario y presidencial, que se ha transformado en autoritarismo (hasta el punto de que incluso Amnistía Internacional ha señalado en su informe 2012 un empeoramiento en lo que respecta la libertad de expresión y el sistema judicial), Tblisi necesita un nuevo equilibro, tanto en ámbito doméstico como internacional.

Durante esta víspera electoral, se ha subido el tono: Ivanishvili ha atacado al actual jefe del Estado (que no podrá volver a presentarse en 2013 y que ha cambiado la Constitución para reforzar los poderes del presidente) y lo ha definido como “un mentiroso profesional” y un “hijo de perra”, amenazando con llenar las plazas si llegase a observarse algún amaño en la jornada electoral que se celebra hoy.

Según el millonario que dirige el partido 'Sueño Georgiano' y la coalición de la oposición que pretende desbancar al 'Movimiento Nacional Unido' de Saakashvili, las violaciones de las normas electorales podrían desencadenar manifestaciones masivas. Ya durante estas semanas, tras el escándalo de las torturas a los presos, condenadas por la comunidad internacional, explotaron violentas protestas, que han elevado la tensión.

La dimisión del ministro del Interior, Bacho Ajalaya, que no será sustituido hasta la formación del nuevo parlamento, momento en el que, en cualquier caso, Georgia deberá tener un nuevo gobierno, ha echado más leña al fuego. Además, las declaraciones del primer ministro Vano Merabishvili, aún en funciones, que ha afirmado que “ahora la principal obligación de nuestro país es celebrar unas elecciones libres y justas, lo que será imposible si hay violencia”, no han tranquilizado precisamente a la comunidad internacional.

Bruselas hizo sonar las alarmas con una nota de la responsable de Asuntos Exteriores, Catherine Ashton, que invitaba a los protagonistas de los comicios a evitar “extremismos y tensión”. También desde Moscú, a pesar de que han pasado más de cuatro años desde la guerra que llevó a la independencia a Abjazia y a Osetia del Sur, se observa con recelo el desarrollo de los acontecimientos en Tblisi, y el Ministerio de Asuntos Exteriores ha mostrado su preocupación por las infracciones cometidas por el gobierno georgiano en el uso interesado de los llamados “recursos administrativos”.

Ivanishvili ha anunciado que desea retomar su relación con el Kremlin, después de que estas fuesen congeladas en 2008. Las elecciones del 1 de octubre, junto con las presidenciales de 2013, pueden suponer un punto de inflexión también en las relaciones entre Rusia y Georgia.