La palabra más repetida por los representantes de estas empresas, reunidas con gran protagonismo en un amplio espacio del centro del recinto de la mano del Ministerio de Educación y Ciencia de la Federación Rusa,  ha sido 'colaboración'. Lejos de lo que pudiera parecer, las firmas invitadas no buscan tanto nichos de inversión como establecer sinergias con otras compañías TIC españolas.

La inteligencia artificial ya es un hecho

“La tecnología española está muy avanzada, más o menos al nivel de la rusa, por eso pensamos que uniendo e intercambiando conocimientos podemos ir más lejos juntos”, comentaba con convicción un representante del Instituto de Sistemas de Análisis del RAS especializado, entre otras materias, en inteligencia artificial, lingüística computacional o sistemas de circulación de datos.

Han presentado herramientas capaces de analizar textos de internet o, por ejemplo, el rigor de un texto científico, así como software de perfeccionamiento de imágenes que permite representar con mayor fidelidad las fotografías tomadas del espacio. Sus objetivos en España son ambiciosos, ya que contemplan desde compartir conocimiento hasta crear una empresa mixta.

Uno de los hallazgos más sorprendentes de la feria, y el que más curiosos y medios de comunicación atrajo, fue el robot presentado por la compañía rusa Pawlin. No más grande que una pelota de fútbol y con una cara que muestra expresiones humanas a través de unos luces de led, es capaz de adoptar el comportamiento de su propietario tras un par de semanas de convivencia.

El robot SIMO. Fuente: Luis Meyer.


Así, puede ser generoso y alegre o huraño e introspectivo, por ejemplo. Equipado con una cámara, un micrófono y sensores de tacto y proximidad, el simpático robot se mueve de forma autónoma sorteando obstáculos y es capaz de agradecer una caricia.

De momento habla y comprende el inglés, pero su tecnología puede adaptarse a cualquier idioma. Según los representantes de la empresa, aún sigue en fase de desarrollo y mejora, por lo que en principio quieren ponerlo en el mercado como un juguete para probarlo, y más adelante vender la versión definitiva para usos más profesionales.  

Entre ellos, por ejemplo, ejercer de asistente a enfermos y pacientes: si se dirige a uno de ellos y no obtiene respuesta o signo vital alguno, se pondrá en contacto directo con los servicios de emergencia. “Las aplicaciones pueden ser infinitas”, reconocía una representante de Pawlin, “cuando culminemos el desarrollo del robot”.

Realidad aumentada: real como la vida misma

La empresa 3D Liga, centrada en la tecnología tridimensional y la realidad aumentada, fue otra de las que causó más expectación. Sus avanzados sistemas 3D nos sumergen en el mundo de la realidad virtual, y de ahí a un sinfín de aplicaciones: desde las lúdicas, como recorrer las obras de arte de un museo del mismo modo que si estuviéramos paseándolo o fotografiarnos y aparecer, por arte de magia, en la Plaza Roja de Moscú (en 3D, por supuesto), hasta otras de más enjundia como las médicas.

Un neurocirujano podrá, por ejemplo, observar en una pantalla el funcionamiento de nuestro sistema en una fiel representación tridimensional y localizar el punto exacto de la disfunción. “Hemos venido a comparara nuestra tecnología con la española y ver en qué podemos aportarnos”, afirma un portavoz de la empresa. De momento han participado en el foro TIC de la Universidad Autónoma (su sistema de realidad virtual tiene un sinfín de aplicaciones en el ámbito universitario) y ya han tenido varios encuentros empresariales. El convencimiento es claro: las tecnologías rusa y española tienen mucho que decirse.