Concretemos un poco más las cifras. Según los datos que maneja el consorcio Barcelona Centre Médico -creado para gestionar la demanda de servicios sanitarios por parte de extranjeros-, un 60% de sus pacientes son rusos o, en menor medida, de otros países de la antigua URSS.  De ellos, unos 400 al año se tratan algún tipo de cáncer. No es de extrañar, pues, que la recepcionista de BCM, así como la responsable de prensa, sean rusas y que tengan toda la información, en la web o en papel, en este idioma.

 Con todo, los hospitales barceloneses están lejos de tratar los 70.000 pacientes rusos que se ponen en manos de centros sanitarios alemanes. Y es que Alemania, Suiza e Israel son los destinos favoritos de los ciudadanos de la Federación Rusa en cuanto a atención médica. Los responsables de BCM, sin embargo, confían plenamente en la excelencia de la sanidad catalana y creen que la cantidad de pacientes rusos irá al alza, aunque para la mayoría, Barcelona siga siendo sinónimo de sol, playa y Gaudí

 La calidad de la sanidad catalana, que se encuentra entre las mejores del mundo, es una de las razones que lleva a algunas personas a recorrer miles de kilómetros para tratarse alguna patología. Entre sus profesionales se encuentran doctores de renombre como el oncólogo Josep Baselga o el traumatólogo Ramon Cugat y hay hospitales que son líderes en su especialidad, como el Sant Joan de Déu, la Fundación Puigvert o la Clínica Barraquer.

 Otro de los motivos es el económico. Operarse en un hospital catalán puede costar hasta cinco veces menos que en Estados Unidos y, en operaciones muy complejas, como trasplantes, también es mucho más asequible un centro sanitario barcelonés que uno alemán. En el caso concreto de los rusos, las carencias del sistema sanitario de la Federación Rusa y el alto poder adquisitivo de una parte de la población lleva a que algunos puedan permitirse ir al médico a Barcelona.

Para que se hagan una idea, una fertilización in vitro –muy solicitada, por cierto, por parejas italianas y británicas- cuesta alrededor de 8.000 euros (con óvulos propios); una prótesis de cadera, unos 18.000 euros; hay operaciones de neurocirugía que pueden alcanzar los 80.000 euros y un trasplante de hígado, hasta 200.000.

Además, este paciente pasa de media cuatro o cinco días ingresado en el hospital, pero después ha de estar más o menos una semana de reposo antes de recibir el alta. “Este tiempo lo suele pasar en un hotel de cinco estrellas, comiendo en buenos restaurantes, visitando la ciudad y comprando en las tiendas de Paseo de Gracia”, explica Olga Solovieva, responsable de Europa del este de BCM. Con lo cual, el beneficio es bastante evidente, no tanto para el consorcio hospitalario -pues es una organización sin ánimo de lucro-, como para la economía de la ciudad, en general.

 Solovieva también advierte de que, aunque la mayoría de los pacientes son de alto poder adquisitivo, también los hay que no lo son. “Sobre todo cuando hablamos de niños y de tratamientos muy complejos, las familias son capaces de vender lo que sea para intentar salvar la vida de un hijo”, señala. Otras veces, es una fundación la que paga la operación.  

En cuanto a los servicios sanitarios que más solicitan los pacientes rusos, los hay de todo tipo: desde chequeos, hasta ginecología, pasando por tratamientos de desintoxicación de alcohol y drogas o cirugía plástica.

  

Casi una tradición familiar

 Margarita Bagdasarián vuelve a sonreír gracias a los 10 implantes que les han colocado en la Clínica Aparicio y que les han costado 35.000 euros. “Reconozco que es mucho dinero, pero no me tengo que preocupar por mis dientes en los próximos 15 años. Además, en Moscú, me pedían tres veces más”, asegura, radiante.

  

Margarita Bagdasarián. Fuente: Maite Montroi.

No es la primera vez que esta moscovita, que se dedica al diseño de interiores, se pone en manos de un médico en Barcelona. Por recomendación de unos amigos, su hija vino hace dos años a someterse a un tratamiento ginecológico y quedó “encantada” con el nivel de los doctores y el confort del hospital.

 A partir de esta experiencia, Margarita y su marido –que hace diez años que hace negocios en España- fueron a hacerse chequeos a Hospital Quirón. “Tienen unos especialistas muy preparados. Lo recomiendo totalmente”, dice y añade que es “injusto” que en Rusia los hospitales españoles no tengan el prestigio de los alemanes, los suizos o los israelíes porque ella conoce bien estos países y cree que los centros sanitarios y los equipos médicos que hay en Barcelona no tienen nada que envidiarles.