“Perdone señor, ¿estoy en la Siberia española? Lo está. Luego es verdad eso de Siberia. ¿No es un disparate cartográfico ni un error de imprenta? No, viajero, es solo una rareza de la historia”. Los cuentos siberianos hablan por sí solos de esta extraña unión. Y de viajeros perdidos por la comarca. Ciudad Real y Córdoba son sus provincias limítrofes.

Ya no es necesario viajar hacia el frío invierno ruso para conocer Siberia. Aunque al llegar a Badajoz nos encontremos con una fotografía menos congelada y con paisajes desolados que se asemejan al territorio siberiano original. Una imagen de agua blanca y helada acompaña a los rusos a lo largo de una cuenca de 2.580.000 kilómetros cuadrados del río Yeniséi, uno de los más largos de toda Rusia. En Extremadura, el Guadiana y el Zújar recorren una superficie de casi 3.000 kilómetros y completan cinco embalses que convierten a esta zona en la costa dulce más grande de toda la España. 

Quizá este paisaje aislado, abandonado y con pocas vías de comunicación, es el que llevó a que el duodécimo Duque de Osuna bautizase a este lugar de lagos y montes como 'La Siberia'.

En pleno siglo XIX, fue embajador en Rusia durante diez años y, a su vuelta, asignó a esta comarca el nombre de 'tierra dormida', así se traduce del idioma turco. “Al ser una zona incomunicada, las temperaturas son extremas en las diferentes épocas del año. En verano, puede llegarse a los cuarenta y dos grados mientras que en invierno rebasa temperaturas casi negativas. La nieve ya ha sido protagonista en los últimos tres años”, declara Juana María Ledesma, concejal de Turismo del municipio Herrera del Duque, corazón de la Siberia Extremeña.

Su situación de aislamiento -ya fue lugar de destierro durante la Edad Media-, fue documentada en 1908 en el mítico diario El Correo de Madrid en una descripción nada favorecedora. “Es una especie de desierto, sin caminos ni veredas que los comuniquen, lo que hace que sea penoso y peligroso recorrerla. Los viajantes de comercio, que la temen y rehúsan, si pueden, la llaman La Siberia, nombre terrible y significativo”, detalla el periodista de la época, José Ramón Mélida.

En los años 50, el paso entre pueblos entrañaba tal complicación que solo una gran barcaza de madera permitía pasar de Herrera del Duque a Peloche. Y, ésta, no solo transportaba a sus vecinos sino que se atrevía con coches o autobuses.

 

Vecinos de Talarrubias en una barcaza de madera que transporta un pequeño autobús sobre el Guadiana. Fuente: Miguel Muñoz.

Sin embargo, no todas las versiones sobre el título de Siberia Extremeña se deben a esta visión austera. Algunos estudiosos esgrimen que el origen del nombre proviene de 'Las Iberias'. Dadas las características del habla extremeña y la falta trascripción poco clara de los lingüistas, no es de extrañar que la 's' bailara del artículo al nombre, generando, finalmente, la denominación actual.

 

Un posible hermanamiento

Aunque pueda parecer una simple coincidencia de palabras, este hecho puede hacer que ambos lugares siberianos entablen una unión beneficiosa. Pedro Ledesma, alcalde de uno de estos municipios siberianos, Talarrubias, inició esta aventura hace escasos años.

“Quise mandar una carta al embajador de la Federación Rusa en Madrid, ya que solo hay dos zonas en el mundo que tengan este mismo nombre”. Un extenso documento detallaba los atractivos de esta mancomunidad, su riqueza natural, así cómo la necesidad de darla a conocer en el país ruso. Sin embargo, la respuesta a un hermanamiento no se ha cristalizado. “Nos gustaría que esta unión se llevara a cabo porque en todos los certámenes de turismo nos asocian a esta zona fría de la región rusa”, afirma Ledesma.

 

Entre cascabeles y diablos anda el juego

 

Festividad de los Diablucos en el municipio de Helechosa de los Montes. Fuente: Junta de Extremadura.


Si Luis Buñuel se fijó en la zona de la Siberia Extremeña para realizar el documental 'Las Hurdes, tierra sin pan', será por algo. En un alejamiento de su cine surrealista, el director plasmó en veintisiete minutos el atraso de esta comarca. Imágenes como un burro devorado por avispas o el descenso de un ataúd blanco por un río reflejan una sociedad, la de 1932, de una belleza terrible y amarga. Las tradiciones no se han olvidado en estos parajes y los diablucos de Helechosa de los Montes se encargarán de su recuerdo. 

El infierno llega a la Siberia extremeña y el color helado de la mancha rusa se llena de fuego para recibir a seres caracterizados como el mismísimo demonio. Los diablillos visten un mono rojo con las mangas y bordes ribeteados de negro. Lo más espectacular, sin duda, son sus caretas. De aspecto terrorífico, en rojo y con las arrugas y bordes marcados de negro, con los cuernos sobresaliendo sobre su cabeza, presentan una apariencia original. Una larga y gruesa cola completa un cuadro increíble en la tierra de Extremadura. Desde 1591 y ligados a la festividad religiosa del Corpus Christi, el mejor momento es cuando, después de las danzas y ya en plena Iglesia, el sacerdote levanta el cáliz y salen despavoridos como si el cuerpo de Cristo los hubiese vencido.

 Algo menos ardiente es la festividad organizada en torno a San Antón. Cada 17 de enero, aquellos que visiten el pueblo de Peloche pasearán por sus calles rodeados de siete bailarines y un guitarrista ataviados con cascabeles en las rodillas. Con su baile dibujan letras en latín, incluidas en el libro que el santo lleva en su mano. Un cargo, el de los danzantes, que tiene sus propias normas, castigadas con multas en caso de ser incumplidas. La Siberia cálida recoge grandes momentos dedicados a la religión que profetizan.

Algo que también cultivan los rusos de esta estepa, donde hay una gran variedad de religiones. Este vasto territorio tiene muchas tradiciones centradas en los dioses locales, como Anapel, la diosa anciana adorada en las ceremonias tras el nacimiento de un nuevo hijo en el pueblo Koriak de Siberia. Un nombre, un paisaje, unas tradiciones, un duque que las unió a ambas,… Las dos Siberias abren horizontes y comparten habitantes siberianos de ushankas y boinas.