La industria aeroespacial continúa siendo una profesión masculina de manera predominante. Y si en alguna otra potencia en cosmonáutica, las mujeres llegan cada vez 'más alto', en Rusia no se ha asentado esta tendencia.

Aunque la historia de las astronautas rusas ha cumplido ya medio siglo de existencia. En 1962, entre miles de candidatas se seleccionaron cinco: la ingeniera Irina Soloviova, la matemática y programadora Valentina Ponomareva, la tejedora Valentina Tereshkova, la profesora Joanna Érkina y la secretaria-taquígrafa Tatiana Kuznetsova.

El 16 de junio de 1963 dos de ellas estaban preparadas para despegar: Tereshkova y Soloviova. En un principio eran tres, pero en el momento en que a Irina le estaban colocando el traje espacial, se le rompió la protección hermética en la zona del cuello, así que usaron de repuesto el traje de Ponorameva. Si se hubiera roto el traje de Tereshkova, no habría sido posible cambiarlo debido a la diferencia de altura e Irina Soloviova se habría convertido en la primera mujer astronauta de la historia.

El triunfal vuelo de Tereshkova no influyó en la confianza que tenía Korolev, el constructor aeronáutico, en el profesionalismo de una mujer. Aunque tras su muerte, en otoño de 1969, el equipo femenino fue finalmente disuelto por 'imposibilidad de uso'. Tras la disolución, sólo quedó Tereshkova en el Centro de preparación de astronautas. Permaneció  hasta 1997, aunque solo fuera de manera formal.

La úniсa mujer que que permaneció en el Centro hasta el 2004  fue Nadezhda Kuzhélnaya, que a pesar de ser considerada una especialista de primer nivel no viajó al espacio ni una sola vez.

En la actualidad solo hay una mujer en Roskosmos: Elena Serova, pero su futuro como astronauta no parece del todo claro. Ingresó en el 2006, pero todavía no está programado que vaya a realizar algún vuelo.

Mientras tanto, los estudios acerca de la influencia del espacio en la salud de la mujer no invitan al optimismo. En un reciente informe de la NASA se resalta lo siguiente:

 

1. El nivel de radiación en las órbitas bajas de la Tierra, y más aún en el cosmos profundo, es tan alto que impide el embarazo al término de la expedición. Para un proceso normal el nivel de radiación en el ambiente no debe sobrepasar los 500 microroengten (µR) durante todo el embarazo, es decir, no más de 50 por mes. En la Estación Espacial Internacional (EEI) las emanaciones radioactivas varían según la posición de la estación, pero serían unos 35.000 microroengten. Las consecuencias consisten en la ausencia de ovulación y la disminución del nivel de estrógenos, lo cual conlleva la pérdida de calcio en los huesos y puede causar osteoporosis, más frecuente en las mujeres que en los hombres.

 

2. La ausencia de gravedad puede causar una congestión de sangre en la zona de la pelvis, lo que aumenta a su vez el riesgo de endometriosis (un desorden hormonal que afecta al órgano sexual femenino).

 

3. Antes del vuelo, se recomienda a los astronautas entregar una muestra de sus óvulos y espermatozoides, por si planean tener hijos posteriormente.

Rostislav Beleda es un experto ruso en el área de la salud de astronautas. Es doctor en ciencias y tiene 14 años de experiencia cómo sexólogo en el Centro de Investigaciones Científicas del Hospital de Aviación. Rostislav está convencido de que los vuelos espaciales causan efectos negativos en todas las funciones vitales del organismo femenino, sobre todo en un área tan susceptible como la reproducción. Ni una sola de las astronautas norteamericanas ha podido quedarse embarazada. Los hombres también presentaban problemas después de los vuelos: pero no con la fertilidad, sino con la impotencia.

Hay una estadística norteamericana acerca del destino de los que han estado en el espacio. Sólo hay una pareja de casados: la de Margaret Seddon con Robert Gibbson. El otro matrimonio, constituido por Ronald Sega y Bonnie Dunbar, se divorciaron el año pasado. No tuvieron hijos. Un 63% de los astronautas y un 80% de las astronautas han registrado problemas de disfunción sexual.

En cuanto a la perpetuación de la especie humana en órbita, después de años de investigación la sociedad científica llegó a la siguiente conclusión: la fecundación y las fases posteriores resultan imposibles, al menos por ahora. La tripulación de la Estación Espacial ha realizado numerosos experimentos con polluelos de codorniz japonesa. Todos fallecieron: algunos a bordo de la estación, mientras que los que sobrevivieron no soportaban las sobrecargas del aterrizaje. No podían alimentarse de manera normal, perdían la orientación. Aún no se encuentran soluciones a estos problemas.

A fines del año pasado el vicedirector de Roskosmos, Vasíli Davídov, tuvo que reconocer que al concurso de selección “no se habían presentado suficientes mujeres”. Es muy probable que entre las causas se pudieran mencionar la inseguridad respecto al futuro del programa espacial ruso… pero también las preocupaciones por la propia salud.