Su relación con la URSS fue importante durante toda su carrera política. Se inició con la segunda República Española, y continuó con la Guerra Civil,  el exilio y la clandestinidad en la época franquista,  para después distanciarse, ya en la Transición política española de las directrices que marcaba el PCUS soviético.

 

Esta relación se demuestra en varias visitas importantes que realizó a Moscú. La primera de ellas fue en 1936, invitado por el gobierno soviético como representante de las Juventudes Socialistas y Comunistas de España en el marco de la Internacional Comunista de la Juventud (KIM) donde quedó maravillado con el sistema soviético.

 

A partir de este momento se producirá la iluminación que guiará su vida posterior: ante un destacamento de soldados-obreros armados con fusiles al hombro exclamó: “¡Esto es lo que yo quiero!” Tras esta visita se convirtió en un feroz defensor de la bolchevización del PSOE, la unificación de estos con el PCE, y su incorporación al Komintern, algo que finalmente no consiguió. Santiago Carrillo al fallar en la unión de socialistas y comunistas, ingresó en el PCE, abandonando el PSOE. Moscú, ya en esta época vio en él una estrella política en potencia. 

 

En septiembre de 1948 volvió a la capital soviética junto con el comité del Partido Comunista para entrevistarse con Stalin, incluso se llegó a decir, no se sabe si de forma exagerada, que Stalin marcó la línea política del partido español en esos años, además de aportar medio millón de dólares a la causa comunista española.

 

En sus memorias admitió haber admirado a Stalin y siempre pensó que la victoria en la II Guerra Mundial fue de los soviéticos y no de EE UU y las potencias occidentales. Nunca reconoció que las purgas estalinistas llegasen a penetrar en el PCE aunque reconoció que en la clandestinidad se llegó a ejecutar a personas que ponían en peligro a la organización por sus delaciones, en un ámbito exclusivamente de guerra y en confrontación con el Estado franquista.

Se movió con gran astucia política en todo momento, estando de parte de la URSS en su máximo esplendor y alejándose de ella en su declive, que coincide con el inicio de las llamadas ‘revoluciones de terciopelo’ (Praga, Varsovia…), alistándose en la naciente corriente ‘eurocomunista’ que él mismo ayudó a impulsar, a la vez que se deterioraba su relación con Dolores Ibárruri, ‘La pasionaria’ exiliada en Moscú. El congreso del PCUS de 1971, celebrado en Moscú, a la que asistió Santiago Carrillo, certificó esta ruptura que llegó a dañar la estabilidad y la disciplina interna del PCE en esta época. De esta manera aceptó la democracia multipartidista y el apoyo a la clase media que décadas atrás consideraba burguesas.

 

En su última época, ya como comentarista político, escribió y habló sobre Rusia en ocasiones para algunos medios de comunicación, se puede decir que su interés en el país eslavo no se perdió en ningún momento. Adiós al mítico político comunista.