Según ha declarado Juan Lavanga, director ejecutivo del Ballet Metropolitano, “el objetivo es llevar una pequeña compañía de jóvenes bailarines argentinos a la cuna del ballet para mostrar como se está desarrollando el arte de la danza en Sudamérica. La intención es desarrollar un intercambio cultural, repetir la experiencia, y extenderla en el futuro, abarcando más ciudades rusas, incluyendo San Petersburgo, países del Báltico y China”.

El Ballet Metropolitano siempre se caracterizó por el respeto y la calidad artística que ofrece mediante su programación, sus artistas y su repertorio. “Esta gira es muy especial porque Rusia es sinónimo de ballet”, dice Lavanga.

Por su parte, Leandro Reale, director artístico del Ballet Metropolitano de Buenos Aires, formado por primeros bailarines del Teatro Colón y del Teatro Argentino de la Plata y realiza giras nacionales e internacionales. Es también bailarín del ballet del Teatro Colón y entre sus principales maestros figuran Roberto Dimitriévich y Leandro Regueiro. Su objetivo es que la compañía logre la armonía entre la actuación y la técnica.

Para su compañía ha creado 'Allegro Tchaikovski', 'Valses de Viena' (basado en música de Strauss), que formó parte de los festejos del 50 aniversarios del Ballet Oficial de Córdoba. 'Suite Taurina' (Massenet) que fue incorporado con posterioridad al repertorio del Ballet del Teatro Colón y 'Sombrero de Copa' (Ellington, Goldman, Vivaldi). En Rusia podrán verse Taurina y Bastones Dorados, dos de sus obras más conocidas.

Los bailarines y coreógrafos provienen de diferentes teatros argentinos, e incluso chilenos. Algunos de los artistas que se han formado en Buenos Aires, han arribado de ciudades del interior, tales como Paraná, Córdoba, Corrientes, La Plata y Mar del Plata.

El caso de Julieta Paul, sin embargo, merece un capítulo aparte ya que su familia (tanto la rama paterna como materna) proviene de Rusia. Investigando la genealogía, Julieta se encontró con que la mayoría de los apellidos familiares son de origen alemán, excepto Paul, de origen francés, proveniente de una aldea llamada Franzosen ubicada a orillas del Volga.  

Es la primera vez que Julieta viajará a Rusia y esto le ha generado una gran conmoción tanto a ella como su familia. Finalmente, explica, “alguien volverá a la tierra del Volga después de tantos años”. Volgograd, una de las ciudades donde ella tendrá la oportunidad de bailar, es la ciudad donde hace más de cien años vivió parte de su familia. “Personalmente me genera una gran emoción la posibilidad de pisar el suelo donde nacieron mis bisabuelos, sobre todo Samara y Sarátov donde mis ascendientes fundaron las primeras aldeas, por todo esto es la Gira del Ballet Metropolitano es para mí como un sueño que se hará realidad. Además, a ello se le suma lo que significa para una bailarina de Ballet visitar una de las bases del Ballet Clásico Mundial”, comenta Julieta.

No todos los familiares de Julieta emigraron a Argentina, y a pesar de haber investigado hasta alrededor de 1830, le ha sido muy difícil encontrar descendientes rusos, de todas formas, no pierde la esperanza. “Tengo la esperanza de encontrar algún dato antes de viajar”, asegura.

Es sumamente conmovedor observar la energía, el reconocimiento y el respeto que los bailarines, directores y coreógrafos sienten por un país como Rusia, al que definen como ¨un referente indiscutible del ballet¨. Reconocen a bailarines de la talla de Mijaíl Baríshnikov o Rudolf Nureyev entre sus máximos referentes artísticos. “Nos gustaría que se vean las semillas que dejaron los grandes bailarines rusos”, coinciden Leonardo Reale y Juan Lavanga.

Definen al público ruso como exigente, pero no parecen estar alarmados. Se nota un verdadero equilibrio entre la genuina humildad y la confianza en sus aptitudes. Hay alegría y expectación, pero también madurez y compromiso. “Quiero conocer lugares nuevos y experimentar la reacción de un público diferente”, sostiene el joven bailarín Ciro Mansilla.

¨Somos de diferentes culturas. Tenemos hábitos heterogéneos y eso hace que indudablemente bailemos distinto¨, asegura Yanina Toneatto, a quien su madre llevó a bailar cuando era pequeña porque consideraba que era una nena muy inquieta. Muestra una sonrisa espléndida y llena de confianza, mientras de fondo se oyen los pasos del piano que marca el ritmo del ensayo que tiene lugar en una sala aledaña. El mismo espacio al que Leonardo Reale se refiere como ¨la cocina de todo¨, un lugar dedicado tanto a las ideas como al trabajo técnico propiamente dicho, donde se pulen algunas de las coreografías de su autoría.