Se trata del segundo festival de aeronáutica que se celebra y se diferencia de un espectáculo aéreo en que los visitantes pueden darse una vuelta en un ala delta con motor o montar en avión y tirarse en paracaídas. En el programa también se incluyeron los globos aerostáticos pero el tiempo no lo permitió. Debido a un fuerte viento lateral no fue posible ascender en aerostato.

Los organizadores habían previsto reunir a unos 5.000 espectadores, sin embargo debido al parte meteorológico los visitantes fueron muchos menos. En los dos días del festival acudieron solamente varios cientos de personas, y el tercer día se canceló debido a la lluvia y al fuerte viento.

Sobre el aeródromo había unas espesas nubes otoñales, como si el cielo hubiera bajado el techo para que no volaran muy alto esos aparatos 'sin alas'. Los organizadores y los pilotos tenían la esperanza de que mejorara y se animaban los unos a los otros.

El programa del festival se abrió con el despegue del modelo más pequeño de aviones tripulados. Bailaron en el cielo al son de música clásica y efectuaron figuras de pilotaje de élite.

 Los espectadores prestaron una especial atención a un helicóptero con seis hélices y una cámara en la base, capaz de tomar fotos y vídeos desde el aire en todo tipo de condiciones. Fue este helicóptero precisamente el que hizo las famosas fotografías del mitin de la plaza Bolótnaya  en diciembre del año pasado.

Uno tras otra despegaron los ala deltas y los parapentes. Volaban sobre el campo, tan bajo que desde tierra se podía distinguir las sonrisas en las caras de los pilotos. Estaban disfrutando del espectáculo tanto como los espectadores, puede que incluso más. Uno de los pilotos descendió tanto que casi tocó con las ruedas la hierba cuidadosamente cortada y se elevó en el aire justo frente a las vallas del aeródromo.

 Frente a la tribuna descendió un grupo de paracaidistas. Corrieron uno detrás de otro por el suelo girándose y recogiendo el paracaídas. Uno de ellos tenía aspecto de sepia, más grande que los demás y, a primera vista, parecía tener extremidades. Se trataba de un tándem, un instructor con un hombre atado delante suyo. El pasajero, una chica rubia bajita, lo primero que hace al aterrizar es echarse al cuello del instructor:

"¡Muchas gracias! ¡Gracias! ¡Eres el mejor!"

La chica se llama Katia, ha venido con su madre desde Donetsk especialmente para el 'Skyfest'. Es su primer salto en paracaídas. Reservó el paquete completo: salto en tándem desde una altura de 4000 metros, foto y vídeo.

 "En total he pagado 8.500 rublos (unos 280 dólares) y no arrepiento lo más mínimo. Es la mejor actividad que te puedes imaginar. No tengas miedo de gastarte el dinero en emociones, ¡merece la pena!"

El instructor, Serguéi, con movimientos seguros recoge el paracaídas y lo lleva hasta el hangar del club de paracaidismo.

 "Katia ha estado fantástica. Por supuesto que tenía miedo, pero lo ha superado. Y si justo antes de saltar alguien comienza a tener pánico, simplemente me desilusiona y me tiró de espaldas. Pero hace un par de años hubo uno que se negó, un tío cachas".

 A la abrumadora mayoría de la gente que ha acudido al festival se le puede hacer un diagnóstico miedo: 'enfermos del cielo'. La enfermedad es una, pero los síntomas son variados. Unos vuelan, otros se tiran a diferentes velocidades, otros pilotan maquetas de aviones, los de más allá sueñan con la fama de Serguéi Korolev y disparan pequeños misiles caseros hechos según todos los cánones de la balística.

 Alexánder Ilin es el fundador e ideólogo del festival 'Raketfest' que se celebra dentro del 'Skyfest', aunque un poco apartado para no molestar a los demás. Este joven, con una amplia sonrisa y pelo oscuro rizado, hace algunos años comenzó a disparar cohetes y a colgar sus éxitos en internet. Así siguió hasta que atrajo la atención de los de los galones:

 "Construíamos cohetes y los lanzábamos, hasta que nos vinieron a buscar los del FSB y nos explicaron que para cosas así hay que pedir autorización. Desde entonces antes de cada lanzamiento entregamos una solicitud. Ellos nos asignan una hora y una altura en las que nuestros cohetes no van a molestar a nadie. En esta ocasión todos los permisos necesarios los han solicitado los organizadores del Skyfest".

 Todos los aviones tienen base en el aeródromo de Finam en Bolshóe Grizkovo. En los últimos años el parque aéreo privado de Rusia ha aumentado considerablemente. En lo que va de 2012 se han registrado casi 1.500 avionetas. A los que quieren volar no les detiene ni el alto precio de los aparatos en sí, ni el precio de la instrucción en una escuela de vuelo.  Hoy en día aprender a pilotar un avión en Rusia cuesta cerca de 350.000 rublos (unos 11.500 dólares)  y un helicóptero es todavía más caro.

El piloto de caza Vladímir Sigaev, mayor de aviación en la reserva, considera que, eventos como el 'Skyfest' permiten que crezca el interés por la aviación y por la aeronáutica en general.

“La juventud debería saber que tenemos avionetas e interesarse. Antes de la Segunda Guerra Mundial teníamos círculos de aviación y torres de paracaidismo en cada ciudad, pero claro, en ese momento nos estábamos preparando para la guerra. Ahora la situación por supuesto, es otra, pero de la misma manera, no deberíamos olvidarnos de la aviación”.