La Asociación de Fabricantes Farmacéuticos de Rusia cree que la recién estrenada adhesión de Rusia a la OMC hará que desaparezcan algunas de las barreras a las empresas farmacéuticas extranjeras y esta noticia no la valoran con alegría, precisamente: “La adhesión de Rusia a la OMC favorece en mayor grado a la importación que a los fabricantes locales”,  asegura el director general de la Asociación, Víctor Dmítriev.

 

Por su parte, muy probablemente el ministerio de Sanidad introducirá medidas proteccionistas en el terreno de las compras del sector público. Es más, la Asociación de Fabricantes Farmacéuticos de Rusia ya ha hecho una serie de declaraciones en público sobre la necesidad de tomar medidas de seguridad adicional para los fabricantes rusos.

 

Sanidad de importación

 

Algunas compañías extranjeras ya se han procurado sus propias líneas de producción en Rusia. Una parte de estas son fábricas de la época soviética reformadas, el resto se han construido desde cero como clústeres farmacéuticos. Y, al parecer, este proceso no ha hecho más que empezar.

 

La compañía Nycomed está construyendo una fábrica en el clúster farmacéutico de Yaroslavl. En este mismo clúster participará también Teva, de Israel; esta empresa planea una inversión de 50 millones de dólares. Se está preparando el lanzamiento de la producción de ciclo completo para Novartis en San Petersburgo.

 

La industria farmacéutica rusa es uno de los mayores mercados del mundo. Figura en octavo lugar en volumen de ventas en valor monetario. Y en tercer lugar en ritmo de crecimiento. En 2011 en Rusia se vendieron medicamentos por valor de 28.000 millones de dólares, un 12% más que en 2010.

Arbidol, invencible

Cerca de la mitad de los ingresos totales de las empresas farmacéuticas proceden de la venta al por menor. Este tipo de venta muestra también el mayor crecimiento en todos los segmentos del mercado.

 

En la actualidad, la compañía líder absoluta del mercado minorista es la rusa Farmstandart. Esta compañía obtiene el 4,8% de este tipo de ventas. Un tercio procede de la venta del medicamento contra el resfriado Arbidol. Este antiviral, según consideran los competidores de Farmstandart, tiene un lobby de presión en el Ministerio de Sanidad.

 

El propio Vladímir Putin habló de la necesidad de introducir Arbidol en la lista de medicamentos esenciales siendo Primer Ministro. Y sus subordinados le han obedecido. De este modo, solo en el Distrito Militar Occidental se ha gastado  alrededor de un millón de dólares en la compra de este medicamento para militares, durante los primeros ocho meses de 2012.

 

Gracias a la gran popularidad de Arbidol y a la demanda de medicamentos ordinarios baratos, las empresas rusas lideran conjuntamente en ventas, aunque únicamente teniendo en cuenta la venta por unidades. La superioridad en ventas según el precio es para las empresas extranjeras.

 

Según los expertos, las ventas al por menor son la mejor salida al mercado para las compañías extranjeras. “Debido a la entrada en la OMC el mercado se volverá más transparente y claro”, explica el director de Cegedim Strategic Data, David Melik-Guseinov. “Vemos un gran potencial para las empresas farmacéuticas extranjeras. Desde luego, en nuestro país ya tenemos una gran industria farmacéutica.  Pero también existen pequeños fabricantes a quienes les gustaría trabajar en Rusia. Ahora sus posibilidades financieras, sus volúmenes de ventas no les permiten entrar aquí porque hay ciertas barreras objetivas”.

 

89% contra 11%

 

En el segmento de las compras del sector público también lidera la importación, ya que muchos medicamentos  importantes carecen de análogo ruso. Las compras del sector público garantizan un tercio de todos los beneficios de la industria farmacéutica, 7.500 millones de dólares. Unos 4.500 millones de dólares más se destinan a las llamadas compras hospitalarias. El crecimiento de este segmento es el más lento de todos: el Estado ahorra mejorando el sistema de ofertas.

El 80% del mercado farmacéutico ruso pertenece a compañías extranjeras. Los líderes son la francesa Sanofi, la suiza Novartis, la escandinava Nycomed, la alemana Bayer AG, la italiana Berlin-Chemie/Menarini, la húngara Gedeon Richter, etc. Entre las 20 compañías más importantes solo figura una compañía rusa: Farmstandart.

Los tres líderes entre los fabricantes que participan en el programa de compras del sector público siguen siendo los mismos por segundo año consecutivo. Con todo, los beneficios principales de estas compañías proceden de las ventas de remedios antitumorales y medicamentos para el VIH.

 

La mayor parte de los gastos estatales se destinan a medicamentos de la compañía F. Hoffmann-La Roche Ltd. (Suiza).  El 2º y 3º puesto es para Novartis y Janssen Pharmaceutica (propiedad de Johnson&Johnson). Entre los participantes rusos, el puesto más 'alto' lo ocupa la compañía F-Sintez, la cual, además, ha entrado por primera vez en el ranking.

 

Una cuestión política

 

Por lo demás, ni la adhesión a la OMC ni el esperado aumento de la demanda se manifestarán hasta 2014 en el volumen de importación, según considera Serguéi Shuliak, director de la agencia de investigación DSM Group. A pesar de que en Rusia la producción es más cara que en Europa, sin hablar ya de la India o China, para hacer negocios aquí las compañías extranjeras también tendrán que construir sus fábricas en el país. 

 

Estos fabricantes temen que Rusia introduzca un sistema de preferencias para las compras del sector público. Por ejemplo, que únicamente puedan participar en la oferta las compañías que fabrican medicamentos dentro del país. Las normas de la OMC no lo prohíben, los límites a las medidas proteccionistas solo afectan a las transacciones del mercado.

 

La Asociación de Fabricantes Farmacéuticos de Rusia ya hizo hincapié en la necesidad de introducir este tipo de preferencias. Su director general, Víctor Dmítriev, explica la posición de la Asociación: “La entrada de Rusia en la OMC deberá ir acompañada de las medidas necesarias para apoyar al fabricante ruso. La industria farmacéutica local necesita una política industrial rígida formada a nivel de la legislación federal que incluya mecanismos eficaces de protección de los fabricantes nacionales en el mercado interno contra una importación de productos masiva, contra el dumping y las empresas subsidiarias”.