El movimiento constructivista supuso un antes y un después en el arte y la cultura contemporánea rusa. Con el triunfo de la revolución, la búsqueda de un hombre nuevo vino acompañada de un cambio de valores: la tradición se vio como algo negativo a destruir con el tránsito hacia un sistema comunista. Nuevas teorías en todos los campos científicos acompañaron a la implantación de este nuevo sistema. En la arquitectura se buscaron formas sencillas en las que primase la idea de espacio colectivo sobre la privacidad individualista, considerados propios de los países capitalistas.

Un mito de la arquitectura moderna

Konstantín Mélnikov (1890-1974) fue uno de los arquitectos de mayor impacto en el movimiento constructivista ruso. También encarnó mejor que ningún arquitecto de su generación los ideales estéticos soviéticos de la primera época del régimen. La obra más conocida de Mélnikov es el pabellón de la Exposición Internacional de París de 1925. También construyó diversos locales, viviendas y clubes para trabajadores. Uno de las joyas arquitectónicas que diseñó se encuentra situada en la calle Krivoarbatskii Pereulok en una de las zonas más comerciales de Moscú: la calle Arbat.

En este contexto estético apareció la idea de construir una colmena, algo que el racionalismo arquitectónico había aplicado en EE UU y Europa, de la mano de Frank Lloyd Wright y Antoni Gaudí, respectivamente.

Mélnikov decía: "Si realmente soy arquitecto, debo verme reflejado en mi arquitectura. Por eso quiero construir mi propia casa." La casa que diseñó el arquitecto soviético para vivir en ella permanentemente, se empezó a construir en 1927 y se terminó en 1929. El proyecto fue aprobado tanto por los vecinos del barrio de Arbat reunidos en asamblea como por las autoridades que pusieron la condición de que el edificio debía ser un ejemplo típico de casa proletaria.

Sin embargo, los ideales estéticos soviéticos estaban a punto de sufrir un gran cambio de la mano de Stalin, que consideró la monumentalidad y el neoclasicismo (propios de los regímenes fascista y nazi) como más apropiados para representar la grandeza proletaria, en oposición a las arriesgadas innovaciones propias del constructivismo.

Así, cuando Mélnikov terminó su particular casa, fue criticado y condenado al ostracismo dentro de su propia obra. Debido a esto la vivienda ha recibido también el nombre de  casa- prisión.

La casa colmena

La estructura arquitectónica se compone de dos cilindros yuxtapuestos (como las colmenas rústicas de tronco de alcornoque). Sus casi 60 ventanas en forma de hexágono rodeando el edificio potencian la imagen de que lo que se contempla es la imitación de una colmena: enigmática por fuera e hipnótica por dentro.

Las ventanas romboidales rodean todo el cilindro trasero de la estructura. Fuente: Santi Pueyo

Además permite una luminosidad en el interior fuera de lo normal, ya que aprovecha la luz al máximo, incluso en el oscuro invierno moscovita. Según Mélnikov algunas de sus fuentes de inspiración fueron las iglesias ortodoxas rusas, los silos de grano americanos y la arquitectura del periodo revolucionario francés.

En cuanto al interior, los techos y las plantas son de madera y las paredes de ladrillo. También utilizó hormigón blanco como conglomerado de toda la estructura. El espacio está diseñado bajo una de las premisas fundamentales del constructivismo, su funcionalidad. Se creía que todos los espacios tenían que ser aprovechables y tener su función social concreta.

La herencia familiar

Si la casa todavía existe es gracias al hijo de Mélnikov, Víctor, un pintor que hizo de la preservación de la casa su propio trabajo como artista. Sin embargo, una disputa con su hermana acabó por complicar la situación. Llegó a haber incluso un juicio en el que las autoridades decidieron que la casa debía dividirse espacialmente entre los dos, algo que habría destruido por completo el diseño interior original de la casa. Ahora la disputa es entre los hijos de Víctor: Ekaterina y Elena. La primera de ellas está luchando para que la casa sea cedida al Estado y se convierta en un museo, siguiendo la voluntad de su padre. Víctor murió en el año 2006 y Elena intentó en vano conseguir el desahucio de Ekaterina con la ayuda de dos abogados.

Parte frontal del edificio donde se aprecia una gran grieta recién reparada. Fuente: Santi Pueyo

Primero la casa estuvo amenazada por el paso del tiempo, que todo lo deteriora, después la herencia familiar, y por último el desarrollo urbanístico.  Parecía que iba a desaparecer después de cada nueva amenaza. Sin embargo el alma de la arquitectura modernista soviética sigue viva, luchando por sobrevivir a tantos obstáculos.

Situación actual

La casa ha pasado por momentos bastante difíciles a principios del siglo XXI. En agosto del 2002, el gobierno de la ciudad de Moscú aprobó la construcción de un centro multifuncional a menos de 100 metros de donde se encuentra la vivienda declarada de interés cultural. La construcción está dentro de un área protegida por el gobierno federal que prohíbe cualquier obra, ya que se trata de la zona histórica de Moscú, amparada por un decreto emitido por el gobierno de la ciudad en 1997.

En 2007, después de una reunión entre la administración de la ciudad, la fundación encargada de la conservación del edificio y la familia de Mélnikov, se llegó al acuerdo de parar las obras. Sin embargo, los trabajos previos a la construcción del nuevo centro (exactamente la demolición de un edificio antiguo), siguieron, generando un daño irreparable en el edificio que se hace visible en las grietas del muro.

Los desperfectos como consecuencia de las obras en la zona se aprecian en todo el edificio. Fuente: Santi Pueyo

Varios estudios geológicos han determinado que cualquier perforación subterránea en esta zona podría dañar gravemente la estructura del edificio constructivista. A pesar de ello, para asentar los cimientos de la estructura del centro mutifuncional se realizaron nuevas prospecciones.

Como consecuencia del recurso interpuesto ante el Ministerio de Cultura de la Federación Rusa, este organismo emitió el pasado 23 agosto de 2012 un comunicado de respuesta instando a la empresa promotora del centro multifuncional a parar de inmediato las prospecciones subterráneas en las cercanías del edificio y a que se realice un exhaustivo seguimiento del estado del monumento.

Queda por ver si finalmente la casa Mélnikov se salvará y se convertirá en museo como pide una parte de los descendientes del famoso arquitecto. Sería lamentable que el edificio se sumase a la larga lista de arte constructivista que ya ha desaparecido en la capital moscovita como consecuencia de la ambición especulativa de algunos magnates.