El nuevo embate de la crisis está cerca y los expertos avisan de que puede sacudir la economía ya este otoño. En la economía rusa hay indicios de un empeoramiento de la situación, señala Yevgueni Nadorshin, economista jefe de la corporación financiera AFK Sistema. «En la práctica ha habido un estancamiento de las inversiones, el ritmo del crecimiento de la industria se ha ralentizado a menos del 2% interanual. Ahora, el crecimiento básico se base en el consumo corriente del estado y de los particulares, sobre todo de las familias que piden créditos, y esta es una base poco sólida para un crecimiento a largo plazo» –matiza Yadorshin.

En su opinión, el consumo de los particulares se sostiene por la concesión de créditos bancarios, pero la situación de los bancos no es la ideal. «Los bancos cada vez piden más préstamos al Banco Central. Quizá sea la primera vez que el sistema atraviese una situación en la que el volumen de préstamos del Banco Central sea esencial» –dice Yevgueni Nadorshin y añade que ante un volumen muy grande de operaciones con el Banco de Rusia, en otoño al sistema financiero puede aguardarle una prueba complicada.

Para el sector financiero existe otra amenaza: un empeoramiento brusco de la coyuntura económica que ejerza una influencia considerable sobre el capital de los bancos, advierte Oleg Viuguin, presidente del consejo de dirección del MDM-Bank. «Pero de momento esto es un cuadro bastante abstracto porque cuanto peor sea la situación global, más estímulos monetarios utilizarán los organismos de regulación financiera –la Reserva Federal y el Banco Central europeo» –dice. Otro punto débil es el presupuesto: «Si de verdad cae el precio del petróleo, el presupuesto perderá unos ingresos importantes, lo que será un golpe para la economía».

Los rusos de a pie también esperan una recesión económica en breve. Según los resultados de una investigación de la empresa ROMIR (los resultados de esta encuesta están disponibles en RBC daily), más de la mitad de la población del país (el 56%) está segura de que va a haber una segunda ola de la crisis. Con todo, los encuestados han empezado a contemplar sus consecuencias con mayor simpleza. Apenas hace un año casi la mitad de los rusos creían que la crisis acarrearía un encarecimiento de artículos y servicios, ahora esta parte se ha reducido casi a la mitad (el 23%). También bastantes menos ciudadanos esperan un encarecimiento de productos de primera necesidad (el 6% en lugar del 26%), una reducción salarial (21% frente al 6%) y despidos masivos (el 4% en lugar del 18%). Por el contrario, ha aumentado del 2% al 6% la proporción de aquellos que, en general, no esperan transformaciones en su vida a causa de la nueva ola de la crisis.

«Desde 2010 el número de los que esperan la crisis ha aumentado casi un 20%; la población no es experta, claro, pero el pueblo es sabio y si siente algo, significa que hay un motivo indudable para ello» –subraya el presidente de ROMIR Andréi Miliojin. En su opinión, los ciudadanos rusos que han sobrevivido a varias crisis mundiales, regionales y locales están, por un lado integrados solo parcialmente en la sociedad globalizada y, por otro, tienen una gran inmunidad hacia este tipo de sacudidas. «En los últimos cien años ha habido tantas revoluciones, conmociones, guerras y hambrunas, que soportamos con bastante facilidad las adversidades financieras –apunta Miliojin–. Además, el 40% de nuestra población vive en el umbral de la pobreza y están acostumbrados a esa vida, la crisis de turno no les repercute.»

«Esta vez, la gente da mayor valor a la posibilidad de una crisis, pero, en su opinión, va a ser más débil que la anterior» –comenta Oleg Zamulin, decano de la Facultad de Economía de la HSE. Junto a esto, las expectativas de losciudadanos a causa de las conmociones en la economía le parecen erróneas: «Los precios no van a subir, pero sí bajarán los ingresos, la gente va a quedarse sin trabajo y vamos hacia salarios más bajos».

En resumen, para la nueva oleada de la crisis se está preparando solo el 23% de los encuestados. Para defenderse la mayoría (el 9%) tiene sus ahorros en divisas extranjeras. Como señalan los expertos de ROMIR, esta forma es propia de ciudadanos con un nivel elevado de ingresos familiares, de los habitantes de la región Noroccidental y de los Urales. El resto de los que se están preparando para la crisis adquieren provisiones (5%) o artículos de gran valor y duraderos (5%).

La iniciativa de la población ya ha dejado huellas en la estadística de los bancos. Según los datos de la Agencia Aseguradora de depósitos, desde principios de año los ahorradores han llevado a los bancos 5,3 millardos de rublos al día, lo que es un 30% más que en el año 2011. El volumen total de ingresos de la población ha aumentado un 8,1% en seis meses (962 millardos de rublos).

El 77% restante no han tomado ninguna medida para defenderse de los posibles problemas de la economía, y una tercera parte de los encuestados no tienen intención de actuar, incluso cuando la crisis haya empezado de verdad. «Sobre esta opinión de nuestros ciudadanos influyen varios factores. Uno de ellos es el “ya nos apañaremos” típico ruso» –señala Ígor Nikoláiev, jefe del Departamento de Análisis Estratégicos de la consultoría FBK. Este asegura que para muchos ciudadanos la segunda ola de la crisis está asociada a las impresiones de la primera de 2008, que se superó con facilidad. «Además, puede que haya gente a la que le gustaría prepararse, pero viven con un único salario y la mayoría de la población simplemente no tiene la posibilidad de ahorrar» –remarca Nikoláiev.

«En este caso se plantea la cuestión de la confianza real de los ciudadanos en el Estado: en el año 2008 el clima era de exacerbación, la gente daba gritos sobre la crisis, pero recorrió Rusia con bastante suavidad» –subraya el politólogo y miembro de la Cámara Social Iósif Diskin. Opina que actualmente los rusos están seguros de que en una situación de crisis el estado actuará de una forma «no dolorosa».

Artículo originalmente publicado en RBC-Daily.