Los primeros ortodoxos que se agrupan con la intención de recibir servicio religioso en Cataluña no son ni rusos, ni eslavos, ni siquiera griegos. Son catalanes autóctonos. “Han realizado una inmensa labor para integrar la ortodoxia en nuestro país”, explica Joan Gómez, investigador y experto en ortodoxia. Este grupo, que oficia la divina liturgia, entre otras lenguas, en catalán, no dependía inicialmente de ningún patriarcado, pero después buscan y consiguen el reconocimiento de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

Esta comunidad creció extraordinariamente en los años 80, con la llegada de los primeros inmigrantes del este de Europa, sobre todo rumanos. Pero cuando la comunidad rumana fue lo bastante grande, se emancipó y creó su propia parroquia. Lo mismo ocurrió con búlgaros, ucranianos, rusos o georgianos. Con todo, esta iglesia sigue manteniendo dos templos en funcionamiento en Barcelona y Girona, y aún es un referente para los feligreses ortodoxos sin una iglesia propia.

 En 2002, se inaugura en el barrio barcelonés de Sants un templo dependiente del Exarcado ruso. Esta iglesia había sido creada en París por 'la intelectualidad religiosa rusa' exiliada tras la Revolución de 1917, bajo el amparo del Patriarcado de Constantinopla. El templo de Barcelona se encuentra ahora cerrado.

 La Iglesia católica también recoge una parte de los feligreses ortodoxos que buscan refugio religioso. Así lo explica Joan Solés, sacerdote que celebra misas católicas básicamente en ucraniano –aunque ocasionalmente también lo hace en eslavo-, según el ritual bizantino y en diversas parroquias de la provincia de Girona.

 “La ceremonia que oficio es exactamente igual que la ortodoxa”, asegura, y añade: “Aquí rezamos juntos católicos y ortodoxos. Yo mismo me considero lo uno y lo otro porque en verdad hay muy pocas diferencias”. Según su opinión, la mayoría de rusos y  ciudadanos de las antiguas repúblicas soviéticas carecen de auténtica religión. “Cuando hablas con ellos, enseguida te das cuenta de que no tienen cultura religiosa”, espeta.

“Excelentes” relaciones con la Iglesia Católica

Tanto Gómez como Solés destacan las buenas relaciones que existen aquí entre católicos y ortodoxos. Coincide con ellos el sacerdote de la parroquia rusa de Barcelona, el padre Serafín Pavlov, quien afirma que “en ningún sitio es tan bueno este entendimiento como en Cataluña” y subraya la “excelente” relación que existe con el arzobispo de la capital catalana, Lluís Martínez Sistach. Gracias a este buen clima, los ortodoxos rusos pueden disfrutar de las parroquias de Barcelona y La Pineda, cedidas por la Iglesia Católica.

Joan Gómez interpreta este “sentimiento de hermandad” entre las dos iglesias de la siguiente manera: “Los ortodoxos son pocos; se dedican exclusivamente a atender a su comunidad; no hacen proselitismo; la jerarquía católica ve con buenos ojos que cuiden a sus feligreses y la ortodoxa considera lógico que los catalanes sean mayoritariamente católicos”. Nada que ver con la tensión que existe entre el Vaticano y Moscú, ya que el Patriarcado ruso acusa al primero de hacer proselitismo en Rusia. 

Un nuevo templo plenamente ortodoxo

 El padre Serafín y uno de sus feligreses se encuentran haciendo algunas reparaciones en la reluciente parroquia de la Anunciación de la Santísima Virgen de Barcelona, cuando llego para la entrevista. Les felicito por el trabajo realizado, ya que la iglesia resulta realmente acogedora y cuenta con todos los elementos propios de un templo ortodoxo: imágenes, cruces, iconostasio, incluso, una cúpula en el exterior.

“Hemos hecho las obras entre toda la comunidad. No somos gente rica y aquí cada uno contribuye con lo que puede”, declara el sacerdote. A diferencia del templo anterior que era una capilla dentro de una iglesia católica, se puede decir que el nuevo es plenamente ortodoxo. A él acuden diariamente feligreses rusos, como también de otras antiguas repúblicas soviéticas, búlgaros, serbios, catalanes…

 La misa se oficia en eslavo, como mandan los cánones, pero se está preparando una versión de la liturgia en español homologable para todas las parroquias en territorio hispanohablante.

El crecimiento constante de la comunidad rusa en Cataluña ha provocado que esta parroquia, que solo tiene unos meses de vida, haya quedado ya pequeña. “Los domingos somos 200 ó 250 personas”, asegura el párroco. Es por ello que ya planean “a dos o tres años vista” un ambicioso proyecto, no sólo para poder contar con un templo más espacioso, sino con todo un “complejo”, que incluiría una escuela rusa, donde poder estudiar, no solo la lengua, sino también la cultura, la historia o la literatura del país, al estilo del centro escolar adscrito a la embajada que ya existe en Madrid.