El comprador ruso busca, sobre todo, apartamentos de nueva construcción que se sitúen cerca de la ciudad, de las tiendas, los restaurantes y también, viviendas modernas en primera línea de playa y con vistas al mar. Esta es la descripción que Agustín Ramírez, socio de la inmobiliaria Costa Activa, realiza acerca de la búsqueda de un nuevo inmueble por parte del ciudadano ruso en la provincia de Alicante.

“Su baremo económico oscila entre los 200.000 y 300.000 euros y siempre eligen productos nuevos”, comenta. Unas viviendas que son utilizadas para su uso particular, lo que conlleva una convivencia con el contexto que les rodea, servicios, restaurantes, tiendas,… sobre todo, teniendo en cuenta que la clara afición de los rusos a las compras en nuestro país, debido a que en Rusia los precios son mucho más altos. Esta es la principal diferencia con el inversor histórico por excelencia de las costas españolas, el británico.

“El inversor ruso no existe”, sentencia Ramírez, “al no haber un aumento progresivo del precio, no hay expectativa de inversión”. El ciudadano ruso compra para vivir mientras que el inglés lo hacía para especular. Los porcentajes lo dicen todo. En relación a la venta de vivienda al extranjero, el mercado ruso ha aumentado un 73% con respecto al año 2010. Un dato que, según Ramírez, hay que analizar con cuidado.

 “El aumento es proporcional ya que hay que observar también que el resto del mercado ha descendido”. El británico venía a invertir, compraba una vivienda e intentaba venderla a precios más altos. “Ahora están más reticentes porque no les ha salido bien la jugada”, añade.

En este momento, según la inmobiliaria alicantina, Remax Ábaco, el 50% de sus ventas están destinadas al turista ruso. El año pasado, los datos generales se acercaron a este punto. Un 40% de las alrededor de 7.000 casas vendidas a extranjeros, fueron compradas por el cliente de la Federación Rusa. “Es evidente este cambio, ya que el mercado inglés no es eterno, termina por agotarse, al igual que el francés o el alemán”, analiza su agente inmobiliario Juan Carlos Sempere. La descripción del cliente tampoco es excesivamente similar. El perfil del inglés que se venía a vivir a Alicante era el jubilado que venía a las costas del Mediterráneo a disfrutar de las amplias pistas de golf de la zona.

Familias jóvenes con niños que, en su inmensa mayoría, no realizan una compra vacacional. Los clientes rusos se dividen a partes iguales, según Costa Activa, entre los que piensan en una segunda residencia y los que compran para vivir de forma permanente en España. El adjetivo sol y playa sigue existiendo pero el ruso se mantiene instalado cuando la playa pierde su calidez. 

Por ello, a estas familias les extraña que en el sector servicios nadie hable su idioma. “Estamos ante un proceso que está empezando”, completa Ramírez, cuya inmobiliaria se desmarca por ser multilingüe y tener varios empleados que hablan el idioma de Pushkin. Juan Carlos Sempere, por su parte, da un punto positivo a este cliente, ajeno a las acusaciones de blanqueamiento. “Son gente que siempre paga al contado y con una procedencia totalmente legal”.

Vuelos directos y precios atractivos

 

La compra de vivienda por parte de los rusos ha aumentado un 34% en el primer trimestre de 2012 con respecto al año pasado. Un incremento notable que se debe a los atractivos precios de los apartamentos en primera línea de playa y a la buena comunicación con la Costa Blanca norte, facilidad de visados incluida. La presencia de dos compañías internacionales con vuelo directo a Alicante también favorece estas visitas, destinadas a quedarse. Los bancos, por su parte, apoyan al cliente ruso proponiéndole una facilidad de crediticio, con un 100% de financiación por parte de algunos prestamistas. Una de las principales novedades, explica Ramírez, es el interés de comercializadores rusos por la zona alicantina. “Antes, a nivel internacional, las inmobiliarias rusas tenían presencia en Bulgaria, Montenegro,… ahora se han interesado por el mercado español y esto es muy positivo”.

Las zonas de la Costa Blanca están muy diferenciadas por la capacidad económica de los rusos que las habitan. Todas ellas ofrecen buenos servicios, restaurantes,… y el bien más preciado para estos ciudadanos, seguridad. El ruso adinerado se afianza en Marina Alta, de Altea hacia el norte. Un escalón más inferior es el que se queda en la parte de Alicante y Benidorm, mientras que en Torrevieja permanece la clase media rusa. De esta manera, toda la Costa Blanca española tiene presencia rusa. Una oportunidad que ni el sector servicios de la zona ni las constructoras pueden desaprovechar. Ramírez lo tiene claro. “El cliente ruso compra productos nuevos y no quedan tantos en la costa de Alicante. Es el momento de arriesgar para atender esta demanda”.