Las plazas de los lectorados se dirigen a licenciados menores de 35 años con experiencia en la docencia del español que quieran impartir clases en universidades extranjeras con un sueldo mensual de la AECID de unos 1.300 euros y ayuda de viaje, además de una asignación de la universidad de destino que en muchos casos es simbólica. La AECID proporciona también ayuda económica al centro para la compra de materiales.

Se mantienen algunas plazas en países desarrollados y en economías emergentes pero se han cancelado prácticamente todas las ayudas en los países en vías de desarrollo a causa del fuerte recorte presupuestario que ha sufrido el Ministerio de Asuntos Exteriores. Las universidades de las ciudades de Rusia que actualmente tenían convenio para tener un lector de la AECID, Izhevsk, Piatigorsk, Yekaterinburgo, San Petersburgo y Moscú, así como las del resto de países de la antigua Unión Soviética, se han visto afectadas por la medida y lamentan la pérdida que representa para sus centros. 

Yulia Obolénskaya, jefe de la cátedra de Iberorománicas de la Universidad Estatal de Moscú (MGU), califica la decisión de cerrar los lectorados de “catástrofe” y considera que “el ahorro es ridículo comparándolo con la gran función que tienen y con la cara que España da al mundo”. Obolénskaya califica la labor del lector de español “como una ventana, para profesores y alumnos, directa a España, que nos permite actualizar la lengua, consultar modismos, jerga juvenil, todo lo que evoluciona”. Esta hispanista no entiende que España cierre los lectorados mientras Cataluña y el País Vasco  los mantienen y considera que “la decisión es política y no aporta nada. Hablan mucho del diálogo de culturas, de la comunicación con los jóvenes profesionales pero de repente cortan la comunicación”.

Kiril Kichiguin, estudiante de quinto curso de Filología Española de la Universidad Estatal de Moscú (MGU) valora muy positivamente el papel del lector nativo ya que “ayuda a los estudiantes a desarrollar sus habilidades comunicativas en la lengua extranjera, les ayuda a superar el miedo”. Este estudiante sabe que España vive una dura crisis económica pero esperaba continuar las clases con el lector Sergio Rodríguez, que justo dos días antes que anunciaran la decisión de cerrar el lectorado había renovado para un tercer año.

Sergio Rodríguez cuenta que a finales de abril les “avisaron de un día para otro” del cierre y que tiene la impresión que  la decisión de la AECID “fue algo muy precipitado”. En ese momento a este joven profesor de español le vino a la mente la reunión de lectores del primer año cuando les contaron como abrieron los convenios y se fueron ampliando hasta tener más de 200 lectorados abiertos y presencia en muchos países de África y de Asia. Rodríguez lamenta sobre todo el cierre en países donde la única presencia de la lengua española era el lectorado de la AECID.

Elizaveta Shágina, licenciada en la MGU en la promoción del 2010 que trabaja en el canal en español de la televisión Russia Today, cree que las dos lectoras de español que tuvo “fueron casi la única conexión que teníamos con la lengua y cultura españolas reales, no sacadas del manual”.

Daria Sinitsyna, profesora de español y de gallego de la Universidad Estatal de San Petersburgo, está contenta que el exlector de español de la AECID continúe trabajando contratado ahora por el centro porque considera que su labor es “inapreciable por su gran valor”. Sinitsyna reconoce que el problema principal es que “con tanta preparación teórica, a nuestros hispanistas a veces les falta el habla viva y una fuente a la que recurrir para resolver dudas”. Esta joven profesora considera que la imagen de España en el espacio post soviético se ve muy perjudicada por la decisión de cancelar los lectorados y cree que Madrid se equivoca cerrando una ventana y antena al mundo porque “el hecho que una lengua cuente con 400 millones de hablantes no la hace invulnerable”.

Según una fuente de la Embajada española en Moscú, la decisión de cerrar todos los lectorados que dependen de esta representación diplomática “sentó muy mal porque se ha recortado sin tener en consideración todo lo que se ha hecho antes, los esfuerzos por consolidar las buenas relaciones bilaterales, en las que la cooperación universitaria que es muy importante”. La Embajada española en Moscú hizo muchas gestiones con Madrid para buscar soluciones para evitar el cierre de todos  los lectorados.

Algunas universidades españolas podrían aprovechar el vacío que han dejado los lectorados para reforzar las relaciones y establecer intercambios de estudiantes que se comprometan a enseñar español. En algunos centros, como la universidad de Piatigorsk, ya existe esta modalidad gracias a un intercambio con la Universitat Autònoma de Barcelona y en otras contratan directamente a profesores españoles.

De todas formas, esta fuente de la embajada cree que las universidades que se van a ver más perjudicadas no van a ser las prestigiosas de Moscú o San Petersburgo, que son centros que tienen muchos contactos con el extranjero, sino las de ciudades o países más cerrados, como las repúblicas de Asia Central de Uzbekistán o Kirguistán, donde es difícil incluso encontrar libros en español y en los que las relaciones con España son prácticamente nulas y el lectorado era casi la única conexión entre ambos países.

Raquel Rodríguez, profesora de español para extranjeros en Escuelas Oficiales de Idiomas de la Comunidad de Madrid que trabajó de lectora de español desde 1999 hasta 2002 en la Universidad Estatal Ivane Javakhisvili de Tbilisi, la capital de Georgia, valora “negativamente” la decisión de cerrar la mayoría de lectorados. Rodríguez destaca la aportación del lector “que entre otras cosas permitía a la universidad entrar en contacto con  nuevas tendencias educativas” y también “representaba la oportunidad de superar tópicos y prejuicios muy arraigados y anticuados sobre el mundo hispano”. Personalmente esta profesora destaca que la experiencia le sirvió para “relativizar el concepto de desarrollo y la supremacía de la mentalidad occidental, entre otras muchísimas cosas. Me di cuenta del etnocentrismo / centralismo cultural en el que vivimos”.

Rodríguez considera que el “cierre de los lectorados se debe a la reducción de presupuesto y, en consecuencia a una evaluación de las prioridades” de la AECID. Además esta profesora argumenta que actualmente “los lectorados son una herramienta de promoción y marketing, de hecho solo hay que echar un vistazo a los que se han eliminado y a los que se han mantenido: se han eliminado los de África, Asia y Europa del Este; y se mantienen los de países desarrollados como EE UU, Canadá y Australia... o los de países en vía de desarrollo pero con potencial económico como Brasil, India o China. ¿No es una incoherencia?”