Ambos tienen en común un protagonista cargado de humanidad y frustración, el que da nombre al Tío Vania de Chéjov. Cordero estrenó en enero la obra en el madrileño Teatro el Canal con la compañía L´om Imprebis. El 29 de septiembre iniciará en San Sebastián una gira por toda la geografía española. Por su parte, Kurishev presentó la historia en el idioma original en San Petersburgo en 2003 y ha realizado más de 200 funciones dirigidas por Lev Dodin. Dos entrevistas en las que podremos conocer a fondo el alma de un personaje, el estilo de un autor y la manera de sentir la interpretación dentro de culturas muy diferentes.

¿Qué significa para ti el personaje de tío Vania?

Sandro Cordero: Tío Vania ha trabajado toda su vida de acuerdo a unos valores que creía firmes. En un momento, todos estos cimientos se derrumban y se encuentra sin futuro, sin esperanza. Con cuarenta años, no ha hecho nada en su vida y ya no tiene nada que hacer. Todos los personajes hablan, se quejan, maldicen,… pero nadie hace nada para solucionar sus problemas. Tío Vania es el único que se revuelve por dentro y estalla.

Sandro Cordero. Fuente: Servicio de prensa

Serguéi Kurishev: Es un personaje que entiendo, acepto y compadezco. Empecé a interpretar el papel de tío Vania a los cuarenta años. Era menor que mi personaje –Tío Vania tiene cuarenta y siete-, pero no me influyó. La comprensión de que es posible vivir una vida mejor, más interesante, en otro lugar, en otras circunstancias, estas ideas le pueden surgir a un hombre de 26  o 37 años…, como el resto de personajes de la obra. Piensan en una vida mejor que nunca tendrán.

Serguéi Kurishev. Fuente: Servicio de prensa

 

¿Qué tiene de actual la obra de Tío Vania?

 

S.C.: La obra de Chéjov es de rusos como podría ser de holandeses, franceses o españoles. El autor escribe sobre el ser humano, que cambia muy poco a lo largo del tiempo. Pero es curioso cómo Tío Vania, escrito a principios del siglo XX, es tan actual. Nuestro director, Santiago Sanchís, nos decía: “Tenéis que hablar en presente, sobre cosas que pasaron en el pasado para mejorar el futuro”. Lo dejaba bastante claro.

S.K.: No hay nada incomprensible en la obra de Tío Vania para espectadores de la provincia rusa ni para moscovitas ni para un público británico. Juzgando por los aplausos en Sídney, Nueva York, Seúl, París o Roma… los espectadores se reconocen a sí mismos en los protagonistas de la obra. Chéjov escribió una historia sobre gente que trabaja en exceso, que se reprocha continuamente vivir de forma errónea, ama y sufre. Si eso no es actual, entonces no sé qué significa 'actualidad'.

“Hay que entender a los rusos para comprender a Chéjov. Es un error occidentalizarlo” (Sandro Cordero)

“En Tío Vania, las conmociones más fuertes suceden en el alma de los personajes” (Serguéi Kurishev)

¿Cree que las obras de Chéjov necesitan recontextualizarse o están vivas tal y como se escribieron?

 

S.C.: Cuando Sanchís me pasó la versión me pareció muy fiel a la época. Mi único miedo era que no existiese conexión con el público, que fuese algo que le sucediese a unos rusos y no interesase a los espectadores españoles. Pero él lo tenía muy claro. Desde la butaca, los protagonistas al principio son personajes rusos que viven en Rusia, muy alejados de ti. A los cinco minutos, son historias de gente cercana y a los diez, eres tú.

S.K.: ¿En qué se diferencia el estado de enamoramiento, pasión, odio, añoranza por una vida mejor, a finales del siglo XIX y a principios del siglo XXI? ¡En nada! No hay ningún progreso. La gente ama y siente del mismo modo. Sí, llevan otros trajes, pero eso es todo. En este sentido, Chéjov, como el aún más lejano Shakespeare, son autores completamente modernos. Sus espectáculos pueden ser diferentes pero lo importante es su viveza.

 

¿Por qué Chéjov es un dramaturgo tan especial?

 

S.C.: Al verdadero Chéjov lo descubres cuando lo interpretas. Como autor, tiene un lastre de aburrido, como que en sus obras los personajes sólo hablan y nunca pasa nada… pero cuando te adentras en su mundo descubres a un ser humano. Una atmósfera en la que no hay ni buenos ni malos, todos tienen una justificación. Chéjov decía que nunca condenaba a sus personajes.

 

S.K.: En sus obras, Chéjov nunca impone activamente su decisión. Escribe de la vida y de lo que piensa de ella. No hay explosiones, ni bombas, ni conmociones fuertes. Pero las revoluciones más serias suceden dentro de los personajes, en sus almas. Por eso, a Chéjov se le llama a veces 'aburrido', y resulta que es eterno.

¿Cómo se interpreta a un personaje de este dramaturgo?

 

S.C.: Da un poco de respeto ya que es uno de esos autores escritos en mayúsculas. Lo principal es la humildad. Tengo un texto y un papel que interpretar. Nos descubrimos y nos conocemos poco a poco. Un personaje de Chéjov está muerto si lo haces como un grande. En Trigorín de La gaviota, por ejemplo, me quedé a las puertas del personaje, me faltaba dar un paso. Y es que este autor tiene algo muy importante, lo que no se dice. Si te ciñes sólo a lo que se habla, no pasa nada sobre el escenario. Por eso, en Chéjov, los personajes transcienden a seres humanos. Como tío Vania, no he tocado fondo en su profundidad. Las funciones están vivas y en cada una de ellas, escarbas cosas del personaje, saltan chispas diferentes.

 

S.K.: El componente más importante al interpretar un papel de Chéjov es la compasión. Si te compadeces, entonces entiendes al personaje y sus sentimientos. ¿Por qué los espectadores reaccionan al espectáculo? Porque, de repente, se empiezan a reconocer a sí mismos en los personajes. Aunque la situación sea otra, aunque se trate de gente de otro país, si el público se reconoce, la repercusión de la función está garantizada.

 

"Tio Vania". Fuente: Servicio de prensa


¿Es el método de Stanislavsky la mejor herramienta para interpretar a un personaje de Chéjov?

 

S.C.: Hay que tener cuidado con el método Stanislavski. Lo que conocemos son las ideas que él tenía al principio de su carrera. Nuestro acercamiento al personaje es muy físico, de relaciones con los compañeros, todo lo contrario a lo que se podría entender como el Método. Pero resulta muy curioso porque al final si uno trabaja para ser sincero y honesto en el escenario, funciona.

 

S.K:. El método de Stanislavsky es un tópico, y cada actor que pronuncia esta combinación de palabras, sobreentiende algo suyo. Creo que Stanislavski, cuando decía “partir de uno mismo”, se refería a la aportación de los sentidos sobre el personaje. Luego se desarrolla interpretando el papel, porque si no sabes qué es, por ejemplo, la envidia no sabrás interpretar al Yago de Shakespeare. Si no conoces el amor, no sabrás interpretar nada en absoluto. En el escenario, hay que gesticular, pensar y sentir tal y como lo haces tú mismo. Debes pensar a tu manera: sin mí, tío Vania no puede pensar. Hay otros métodos pero a mí, me es más afín éste.

 

¿Cree que la ambientación en Rusia de Tío Vania afecta a la interpretación de un actor extranjero?

 

S.C.: Tío Vania me parecía un reto. Hay que entender a los rusos para entender a Chéjov, es un error occidentalizarlo. Teníamos que comprender el alma rusa, caracterizada por un punto de exceso emocional, que puede cambiar de un momento a otro. Tuvimos que buscar el sentido del humor -Chéjov calificó a Tío Vania de comedia-, y no cargar de dramatismo y patetismo a lo que ya lo tiene de por sí. Queríamos decir las cosas más terribles dejando que el actor fuese un simple vehículo. Al estreno de Madrid vino gente de la embajada rusa y estaban encantados, así que funcionaría. Los españoles, por otro lado, tenemos una ventaja al hacer un teatro clásico de un país que no es el tuyo. El respeto es menor, no tenemos tanto peso cultural y podemos ser más gamberros.

S.K. Una compañía y un director de escena buenos de cualquier nacionalidad siempre aportarán algo nuevo a una interpretación de Chéjov. Actores malos y un director pésimo, aunque sean tres veces rusos, no aportarán nada nuevo. Sirve de ejemplo, la representación excelente de Peter Brook de El jardín de los cerezos con actores de diferentes nacionalidades.

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