Fuentes rusas de alto rango del departamento de política exterior han declarado repetidamente que Rusia y China no permitirán una intervención militar contra Siria. Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa ruso ha informado sobre la interrupción temporal de los planes de utilización del la base en la ciudad siria de Tartus. 

La escuadra de guerra rusa reunida en el Mediterráneo tenía planeado hacer escala en Tartus, pero se ha disgregado y no dirigirá a las costas de Siria. Los expertos reconocen que teniendo en cuenta las flotas de países de la OTAN que se encuentran en el Mediterráneo, las fuerzas rusas son más que modestas.

En caso de que se iniciaran acciones militares no podrían defender la base militar de Tartus. Sin embargo el estado mayor de la flota del Mar negro afirma que la base sigue funcionando con normalidad. Rusia también ha desmentido los múltiples rumores que dicen que se habrían instalado en Siria sistemas antimisiles S-300. El Ministerio de Asuntos Exteriores ha señalado en múltiples ocasiones a sus socios occidentales que el suministro ilegal de armas en la región únicamente aumentaría la presión y reduciría las posibilidades de una resolución pacífica del conflicto.

Sin embargo, Moscú no detendrá sus programas pacíficos de colaboración con Damasco. Como resultado de las conversaciones con delegados oficiales sirios que tuvieron lugar en Moscú  en la segunda mitad de agosto, la colaboración financiera y de inversión con Siria continuará. Los acuerdos militares serán la única excepción. Pero la disposición de Rusia a continuar con el diálogo económico y político con Damasco, a pesar del derramamiento de sangre en Siria, no significa que Moscú esté dispuesto a luchar en el bando de Bashar Al-Assad.

La declaración de Rusia sobre la inadmisibilidad de una intervención militar de gobiernos extranjeros se debe entender, ante todo, en el contexto de las declaraciones realizadas anteriormente por Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores. Reconoció que "si alguien tiene la intención de utilizar la fuerza contra Siria a cualquier precio, es muy difícil que Rusia pueda detenerlos. Pero si es así, que suceda por su propia iniciativa, que recaiga sobre su conciencia, no obtendrán del Consejo de Seguridad de la ONU ningún mandato", añadió el jefe de la diplomacia rusa.

El Secretario ruso en el Consejo de Seguridad, Nikolái Patrushev, declaró en una entrevista a la agencia Interfax que Moscú sabe que hay planes de intervención en el país árabe, desarrollados siguiendo el modelo libio de establecer una zona de exclusión aérea en el norte del país. Según las informaciones de Patrushev, EE UU y Turquía están negociando este asunto.

Rusia y China intentan, mediante canales diplomáticos, convencer a Occidente de que renuncie a una solución de fuerza en el conflicto sirio. Además Moscú ofrece tomar como base el plan de resolución pacífica desarrollado en Ginebra, donde se discutió la formación de un gobierno de transición en Siria y el inicio del diálogo entre el gobierno y la oposición sin condiciones previas.

Los dirigentes de la delegación siria declararon la disposición de Damasco a unas negociaciones bajo este programa. Pero la oposición se niega a tener ningún contacto con el gobierno sirio hasta que el Assad no dimita. Esta exigencia, que contradice radicalmente los acuerdos de Ginebra, es apoyada de forma activa por Washington.

Barack Obama, advirtió al gobierno sirio sobre la posibilidad de una operación militar contra Siria en caso de Damasco reubicara o utilizara armas químicas o biológicas. Los dirigentes de muchos estados europeos expresaron su disposición a unirse a la operación.

En relación con este tema, el periódico americano Los Angeles Times afirma que el Pentágono está creando pequeños grupos operativos que enviará a Siria si la situación de los almacenes con armas de destrucción masiva queda fuera de control. Nos referimos sobre todo a cuatro bases situadas en las inmediaciones de la ciudades de Homs, Hama, Alepo y Latakia. Los militares norteamericanos tienen planeado realizar bombardeos preventivos sobre estos almacenes para impedir que las sustancias venenosas lleguen al aire.

En Moscú temen, no sin fundamento, que con la excusa de la destrucción del armamento peligroso almacenado en el país, se inicie una intervención militar extranjera en Siria. Al mismo tiempo, Rusia está de acuerdo con EE UU y cree que este armamento no debería caer en otras manos. Es sabido que en la oposición siria luchan miembros de grupos islamistas, que podrían utilizar las armas químicas obtenidas en Siria para realizar atentados. Por eso, los representantes sirios aseguraron que harían todo lo posible para que "las armas químicas se mantuvieran de forma segura y garantizada allí donde ahora mismo se encuentran", así lo declaró el viceministro de Asuntos Exteriores de la Federación rusa, Guenadi Gatilov, tras las conversaciones mantenidas en Moscú.

En caso de que hubiera una amenaza real de que las armas de destrucción masiva cayeran en manos de terroristas, Moscú aprobaría los pasos de Occidente para la eliminación del armamento peligroso.

A finales de agosto, bajo la presidencia de Francia, tuvo lugar en Nueva York una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en la que se discutió la cuestión de la situación humanitaria en Siria. En la reunión Rusia declaró que apoyará cualquier iniciativa que garantice un acceso igualitario a la ayuda humanitaria a todas las partes, especialmente en las zonas donde se están desarrollando acciones militares. La complejidad estriba en que, a diferencia del ejército sirio, las fuerzas de la oposición no tienen un mando común. No está claro con cual de los comandantes de campo hay que negociar para obtener un alto el fuego para prestar la ayuda humanitaria.

Pero, ¿le convine a Occidente meterse en una guerra en Siria en caso de que no  exista peligro de que los terroristas se hagan con las reservas de armas de destrucción masiva? Muchos expertos en Oriente Próximo e historiadores de los servicios secretos de los países árabes afirman que en el bando de la oposición siria luchan, además de Al Qaeda, miembros de movimientos islamistas radicales de Líbano, Libia, Túnez, Jordania y Uzbekistán. Muchos de estos grupos están incluidos en la lista de organizaciones terroristas en Occidente.

De modo que, cuantos más 'opositores' de este tipo liquide el ejército sirio en los enfrentamientos, será mejor para los gobiernos de muchos países. Al mismo tiempo, una salida-huida no controlada del Presidente de Siria puede dar pie a la creación en el territorio del país de una red de campamentos de la 'internacional terrorista' que ahora lucha contra Assad.

Rusia y China, al igual que Occidente, quieren que se detenga el derramamiento de sangre en Siria. Es un objetivo común sobre el cual la comunidad internacional puede continuar en la búsqueda de una solución negociada para Siria. Sin embargo, para reanudar estos trabajos es indispensable reconocer lo evidente: el Presidente Bashar Al-Assad sigue teniendo el apoyo de una considerable parte de la población siria. Lo que significa que el proceso de pacificación no puede sustentarse únicamente en ultimatums y amenazas contra el jefe del Estado.