Corea del Norte declaró estar preparada para interrumpir la tregua que se mantiene en la península de Corea desde 1953.  El motivo de esta reacción estuvo lo provocaron las maniobras militares a gran escala que EE UU y Corea del Sur llevaron a cabo en la frontera con la República Popular Democrática de Corea.

 

Parece que esta postura está sobre todo relacionada con la situación política que se vive en Corea del Norte después de la llegada al poder del joven líder del país  Kim Jong-un.

 

La República Popular Democrática de Corea “ya no se considera comprometida con el acuerdo de armisticio que se concertó al final de la guerra de Corea entre los años 1950-1953, debido a las graves infracciones de las condiciones del acuerdo cometidas por parte de EE UU y Corea del Sur”. Este fue el anuncio hecho por la misión militar de Corea del Norte en la zona desmilitarizada el pasado martes 21 de agosto.

 

En la declaración se subraya que ahora “el pueblo y el Ejército de Corea del Norte pueden, en cualquier momento, tomar contramedidas físicas para garantizar su soberanía y la paz”.

 

Se trata de una continuación de la reciente reacción del líder norcoreano, Kim Jong-un, que ordenó al personal del Ejército de su país “estar alerta ante las acciones del enemigo y que estén listos para realizar mortales ataques de represalia, si un proyectil enemigo irrumpiera en la región o en aguas de Corea del Norte”.

 

En realidad, no se trata de las primeras declaraciones de este tipo realizadas por las autoridades. Esta reacción ya ha empezado a ser una forma habitual de protesta contra las maniobras de Corea del Sur y EE UU. Sin embargo, el tono fue inusualmente fuerte. El director de los programas de investigación coreanos del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias de Rusia, Gueorgui Toloraya, presupone que la declaración parte de las reformas que comenzó a introducir el nuevo líder del país, Kim Jong-un.

“Los norcoreanos quieren dejar claro a su rival, que, a pesar de cierta tolerancia en la vida interna del país relacionada con el nombre de Kim Jong-un, Corea del Norte se mantiene alerta y atenta a cualquier usurpación de su soberanía y quiso advertir a sus opositores que no era su intención aprovecharse de la situación para provocar", según el experto.

 

Al mismo tiempo, Corea del Norte considera atraer la atención de EE UU y mantener un diálogo que podría tener lugar después de las elecciones presidenciales en EE UU.

 

Sin embargo, un destacado investigador del Instituto de Estudios del Lejano Oriente de la Academia de Ciencias de Rusia, Victor Pavliátenko supone que el tono grave de la declaración de Corea del Norte muestra nuevo equilibrio de poder que hay en el país tras el cambio de liderazgo.

 

“Es bravuconería diplomática de Corea del Norte. Esto no es sino un reflejo del equilibrio de poder en Pyongyang, lo que indica que los miembros más antiguos del Partido y el liderazgo militar de alto rango siguen ejerciendo influencia, también incluso sobre el joven líder norcoreano", considera Pavlliátenko.

 

La escala de las maniobras ciertamente preocupa en Pyongyang. En el ejercicio, que se prolongará hasta el 31 de agosto, participan 30 000 soldados estadounidenses y 56 000  surcoreanos, así como  observadores del Reino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Dinamarca, Noruega y Francia.

 

El líder norcoreano, Kim Jong-un al comienzo de las maniobras ordenó a las fuerzas armadas que estuvieran preparadas para atacar Corea del Sur en caso de un bombardeo, comunicó el sábado la agencia central de noticias telegráficas de Corea.

 

Sin embargo, Toloraya considera que el país no está preparado para la agudización de la situación: "No creo que Corea del Norte desee un agravamiento de la situación, ya que esto conduciría a un futuro aislamiento del régimen con las consecuentes sanciones y el empeoramiento de la situación económica en Corea del Norte."

 

En los últimos tres meses, Corea del Norte ha demostrado algo de tolerancia ideológica. En el país se empezó a hablar en serio sobre la reforma agraria según el modelo chino, con el que finalmente sería posible alimentar a la población. Un conflicto es lo último que ahora necesita Corea del Norte.

Como subraya Pavliátenko, “No está preparada para una confrontación ni material, ni política, ni económicamente”.