Hace 50 años, el mundo se encontraba al borde de una guerra nuclear. La Guerra Fría llegaba a su punto más álgido cuando, ante la amenaza de una intervención norteamericana, la Unión Soviética decidía colocar una base con misiles de alcance intermedio en la recientemente comunista isla de Cuba, a pocos kilómetros de la costa norteamericana.

Tras 13 días de tensión, los presidentes de ambas potencias mundiales decidieron poner fin al asunto llegando a un acuerdo en donde el Kremlin retiraba los misiles a cambio de que la Casa Blanca no interviniera en Cuba. Si bien en un primer momento este acuerdo pareció favorecer a los Estados Unidos, pocos meses después se descubrió que la negociación había incluido el desmantelamiento de unos misiles norteamericanos en Turquía, lo que convirtió a la Unión Soviética en la principal beneficiada por dicho acuerdo.

Hoy por hoy, la discusión en torno a la instalación de un escudo antimisiles de la OTAN en territorio europeo vuelve a enfrentar a estas dos potencias. Según el gobierno de Rusia, la insistencia por parte de los Estados Unidos para colocar este escudo en Europa pone en peligro la seguridad de su país, ya que amenaza el balance estratégico existente. Los objetivos de dicho sistema de armas no están claros ni para los países europeos, que se encuentran bajo presión norteamericana. Si el escudo llegara a tener como objetivo la defensa ante un eventual ataque ruso, Estados Unidos estaría violando el acuerdo nuclear alcanzado recientemente, lo que llevaría necesariamente a una nueva carrera armamentista.

La tensión entre ambos países creció aún más debido al anuncio de la reestructuración de la Armada de la Federación Rusa, y la confusión que se generó en torno a un rumor sobre la reapertura de una base naval rusa en Cuba.

Sin embargo, finalmente se aclaró que no se trataba de una base naval, sino simplemente de un punto de apoyo logístico para la Armada rusa.

El rumor se había generado a partir de supuestas declaraciones del Comandante en Jefe de la Armada, el Vicealmirante Víctor Chirkov, que anunciaban la creación de puntos de asistencia y suministro en Cuba, las islas Seychelles y Vietnam, en donde habían funcionado bases navales soviéticas durante la época de la Guerra Fría. Estos rumores generaron preocupación principalmente por parte de Estados Unidos, que interpretó la situación como una especie de reedición de lo sucedido en 1962.

A estas confusiones, se le sumaron también las declaraciones sobre la base de Tartus en Siria, en donde la Rusia tiene otros puntos de apoyo técnico y que hoy funciona como centro de mantenimiento y abastecimiento para la Flota del Mar Negro. Teniendo en cuenta la crisis que se encuentra atravesando Siria en la actualidad, el escenario geopolítico se tornó mucho más complejo. La base de Tartus  es una de las dos bases que Rusia mantiene en el exterior de su país, junto con la base de Sebástopol, en la península de Crimea, en Ucrania. 

Actualmente se está construyendo una nueva base en el puerto de Ochamchira, en el Mar Negro, en la República de Abjazia. Esto también puede generar nuevas tensiones con la OTAN, ya que Rusia reconoció la independencia de esa región separatista luego de la guerra con Georgia en 2008.

Esa misma guerra fue la que impulsó en la Federación Rusa un proceso de reforma de las Fuerzas Armadas, basado en las fallas que se tornaron visibles a partir de ese conflicto. Hasta el año 2008, las Fuerzas Armadas habían sufrido un fuerte proceso de desinversión producto de la crisis que atravesó el país a partir de la desintegración de la Unión Soviética. Durante la década de los 90 y principios de los años 2000, la Armada rusa, por ejemplo, se limitó a cumplir funciones de patrullaje y protección costera.

Con el objetivo de revertir esta situación, en los últimos años se ha comenzado un proceso de modernización de las tres fuerzas, incluyendo una reestructuración de las mismas y una fuerte inversión en desarrollo tecnológico y capacidades materiales para poder tener la capacidad de operar en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, el perfeccionamiento de los sistemas de defensa, tanto navales como aéreos y espaciales, no se correspondería con un intento de reanudar una carrera armamentista, sino que tiene como objetivo fortalecer el desarrollo de la nación y asegurar su soberanía e integridad territorial.