¿Cómo está su lesión?

 

Es difícil de decirlo porque ahora estoy haciendo vida normal. Voy un poco al gimnasio, juego a tenis para pasar el rato... Sería distinto si estuviera entrenando al 100%. Llevando una vida normal y jugando sólo de vez en cuando, la espalda no me molesta nada.

 

Aunque ahora entrenando se encontrara fabulosamente, ¿descarta volver a la competición?

 

Por ahora sí. Tengo miedo de la espalda. No quiero arriesgarme. No tiene sentido porque la posibilidad de que la espalda se me rompa es del 99%. Por ahora, no veo que valga la pena arriesgarse por este 1%. Me entreno para ponerme en forma. Eso es todo, de momento. Me veo a mí misma más tranquila, viviendo en casa, pudiendo disfrutar de mi familia… He estado jugando al tenis toda la vida. Ahora lo que quiero es vivir todo lo que no pude cuando era más joven.

 

¿Qué ha hecho con su vida desde que desapareció de la pista de tenis?

Primero me tomé un tiempo para aclararme porque tenía muchas cosas en la cabeza y necesitaba ordenarlas. Estuve tres meses viviendo en Nueva York. Luego volví a Moscú en febrero y decidí estudiar derecho en la universidad.

 

¿Eso quiere decir que su futuro más a largo plazo lo ve alejado del

mundo del tenis?

 

No. Yo creo que mi experiencia en el tenis puede ayudar a otra gente. No sé exactamente cómo, quizás trabajando en la federación o en el Comité Olímpico. Me gustaría mucho porque es algo que domino.

 

¿Y no le gustaría enseñar a jugar?

 

No, entrenadora no quiero ser. Lo tengo claro.

 

¿Cuándo empezó a jugar a tenis?

 

¡Uf! Cuando empecé a caminar. (Ríe).

 

¿Tiene la sensación de que fue usted la que decidió un buen día dedicarse profesionalmente al tenis?

 

No. Lo decidió mi mamá, pero a mí me gustaba jugar a tenis y me pareció bien. Fue ella quien me llevó a la pista. La verdad es que en aquel momento, no hubo opción. Era, o ser tenista, o nada.

 

Pero no se arrepiente…

 

No, en absoluto. Faltaría más.

 

¿A qué edad abandona Rusia para venir a Valencia?

 

A los 12 años.

 

¿Cómo recuerda su adaptación?

 

La verdad es que nunca tuve problemas para viajar y estar fuera de casa. Hay gente a la que le cuesta estar lejos de su tierra. Lo cierto es que yo me lo pasaba bien. No tenía demasiada nostalgia.

 

Tantas horas de entrenamiento, con sólo 12 años… ¿No le resultaba duro?

 

No, yo lo pasaba bien. No me costaba. Cuando era más pequeña y vivía en Moscú, la verdad es que sí que tenía envidia de mis compañeros porque se quedaban a jugar después del colegio. En cambio, yo iba de la escuela al entrenamiento.  Pero cuando vine a Valencia, ya no. Disfrutaba.

 

¿Por qué vino precisamente a Valencia?

 

La razón principal es que mi hermano (Marat Safín) estaba aquí desde hacía tiempo. Vine para que pudiéramos estar todos juntos.

 

¿Qué es lo que más le gusta de Valencia?

 

La verdad es que, cuando jugaba, no tenía muchas oportunidades de comprobarlo, pero después me he ido dando cuenta de que me gusta la gente. Son muy abiertos, en seguida les coges y te cogen cariño. Esto lo valoro mucho.

 

¿Y qué es lo que más echaba de menos?

 

En realidad, todo. Rusia es mi casa.

 

¿Borsh o paella?

 

Me encanta la paella. Reconozco que prefiero la comida de aquí. Es más sana. Hay mucho pescado y productos frescos.

 

¿A quién admiraba del mundo del tenis cuando empezó?

 

Mi referente siempre fue mi hermano. Y lo sigo teniendo como ejemplo, por lo que consiguió en la pista y por las decisiones que ha tomado con su vida. Siempre lo he tenido a mi lado, dándome ánimos.

 

Su hermano es ahora diputado de la Duma por Rusia Unida, el partido en el poder.   ¿Cómo le va la vida política?

 

Muy bien. Dice que es duro, pero le gusta mucho. También en esto es un ejemplo para mí.

 

¿Le gustaría seguir sus pasos y dedicarse a la política?

 

Sí, me gustaría.

 

¿Usted se considera rusa, tártara, ciudadana del mundo…?

 

Soy rusa, pero mi origen es tártaro. Si me preguntan si soy rusa, yo digo que no, que soy tártara.

Cuando estaba en activo ¿había alguna jugadora con quien le estimulaba especialmente enfrentarse?

 

No. Cuando eres una profesional, tienes que mentalizarte de que eres la mejor y que tienes que ganar a quien te pongan delante, sea quien sea. Y, si no ganas, al día siguiente, te pones el chándal y vuelves a entrenar.

 

Usted llegó a ser la número 1 del mundo durante 26 semanas, pero no consiguió ganar ningún torneo de Grand Slam. ¿Es una espina que lleva clavada?

 

Quizás sí. Cuando jugaba, sí, pero ahora ya me da igual. Hice lo que pude. Creo que supe aprovechar las oportunidades cuando las tuve. No gané ningún Grand Slam, pero no pasa nada, la vida sigue.

 

Le veo muy convencida de que su etapa como tenista profesional ha terminado. No debe ser fácil llegar a esta conclusión cuando se han dedicado tanto tiempo y tantos esfuerzos…

 

Tengo ganas de hacer algo nuevo con mi vida. En el mundo del tenis, hice todo lo que pude y ahora me gustaría hacer algo diferente. Me gusta jugar al tenis, me divierte, pero nada más.