¿Qué le llevó a escribir una biografía tan ambiciosa, para la cual tuvo que investigar durante más de una década, sobre Iliá Ehrenburg?

Mi primer libro era una historia del movimiento disidente soviético. Mientras entrevistaba a personas involucradas en el mismo, varias de ellas mencionaron a Ehrenburg como alguien que estuvo dentro del ‘establisment’ soviético, pero que ofrecía consejo y apoyo moral a los demás y cuyos escritos, en el periodo postestalinista, alentaron a la gente a reclamar la historia cultural de su país y a desafiar la censura en el arte.

 

Cabe recordar que, desde 1954, un año después de la muerte de Stalin, hasta la publicación en 1962 de ‘Un día en la vida de Iván Denísovich’ de Solzhenitsyn, Ehrenburg fue el intelectual más honesto y más seguido en la Unión Soviética. Su libro ‘El Deshielo’, –nombre que sirvió para acuñar ese periodo de la historia soviética-, sus ensayos sobre Chéjov y Stendhal fueron ataques velados contra la censura de su tiempo, y sus memorias fueron un revulsivo en la vida cultural soviética de la década de 1960. Lo que yo sabía de Ehrenburg es que era una figura del ‘establishment’, cuya reputación en Occidente era, sobre todo, la de un periodista que gozaba de los favores de Stalin. Los disidentes me obligaron a observar su figura con mayor detenimiento. Me convertí en la primera persona en escribir sobre la relación de Ehrenburg con el movimiento de la disidencia.


¿Es difícil mantener una postura objetiva cuando se investiga durante tanto tiempo a un autor?

 

Bueno, es cierto que después de trabajar trece años en el libro –empecé el proyecto en la época de Brezhnev y lo acabé en la de Yeltsin- se creó un intenso vínculo emocional con él y las personas de su entorno. Pasé muchas horas con su hija Irina, en Moscú. Nos sentábamos en una habitación de su apartamento, donde había reconstruido el escritorio de su padre. Entrevisté también a más de cien personas que lo conocieron o trabajaron con él. Muchos de ellos sentían una gran devoción por Ehrenburg. Otros, en cambio, no lo admiraban y eran más escépticos con respecto a su talla moral. Hice amistad con el hijo de Liselotte Mehr, en Estocolmo, el último gran amor de Ehrenburg, y con el nieto de Abram y Vera Vichniac, amigos muy cercanos a Ehrenburg en el París de la década de 1920 y 1930. Ehrenburg también había mantenido una relación con Vera Vichniac. Al explorar estos aspectos de su complicada vida personal, se reforzó mi afecto por él. Espero que el libro refleje hasta qué punto intenté meterme dentro de su vida a fin de explicar su modo de comportarse como escritor y periodista y como figura pública.

 

No sólo ha investigado en archivos y bibliotecas sino que también ha indagado en la parte humana. ¿Qué dificultad entraña trabajar con declaraciones de testimonios, tan supeditados a los gustos personales y la memoria?

 

Cuando realicé mi primer viaje de investigación a Moscú con motivo de este proyecto, en abril de 1982, llamé a un veterano escritor, Daniil Danin, famoso por sus libros sobre ciencia. Había empezado su carrera como crítico literario. Estuvimos hablando durante cinco horas seguidas.

Como explico en el libro, Danin creía que Ehrenburg le había salvado la vida en 1941, cuando, siendo un joven soldado, Danin escapó del cerco alemán y logró ponerse a salvo. Varios soldados soviéticos fueron arrestados, porque el régimen sospechaba que podían ser espías. Ehrenburg se enteró casualmente de que Danin estaba en apuros. Llamó a un oficial, testificó en su favor, y quedó fuera de peligro. Allí, sentado con Danin, me di cuenta de la intensidad con que la gente hablaba a favor o en contra de él. Este tipo de discusiones y entrevistas aportaron la vertiente emotiva a esta biografía.


 

 

Ehrenburg ejemplifica una actitud en un periodo determinado de la historia. Algunos definen sus sentimientos encontrados, presentes en sus memorias, como fruto del “crimen de sobrevivir”, también muy recurrente en la experiencia de la Shoah.

Por desgracia, hay gente que esgrime su supervivencia como arma para atacarle. Al principio también sentí curiosidad por entender cómo había sobrevivido en los años de Stalin. Pero, una vez me sumergí en su vida, mi interés se desplazó hacia cómo mantuvo su resistencia moral. Al fin y al cabo, sólo una persona podría aclararnos por qué Ehrenburg sobrevivió a ese periodo: el propio Stalin.

 

Ehrenburg vivió mucho tiempo fuera de Rusia, sobre todo en París. Tuvo un contacto directo con la vida cultural occidental. Asistió al rápido ascenso del fascismo e intentó alertar a otros países, pero también evitó estar físicamente en el epicentro de las purgas…

 

Ehrenburg es una figura única en las letras rusas. Las primeras dos décadas de su vida adulta transcurrieron en Europa Occidental, pero nunca dejó de sentirse ruso y trabajó como escritor y periodista soviético. Esta experiencia conformó toda su vida y su carrera. Lo hizo más vulnerable a las acciones punitivas de Stalin, pero también más útil para el gobernante soviético –como una especie de emisario que trataba con las personalidades culturales de Occidente-, lo cual le permitió gozar de una libertad de actuación que no conoció ninguna otra figura cultural soviética.

 

Subraya en el libro dos hechos especialmente dolorosos para Ehrenburg: la ascensión del fascismo en España y el Pacto Ribbentrop-Mólotov, que iba en contra de todo lo que él creía. En su prólogo a la edición española cita sus la palabras en las que dice que, para toda una generación, España se convirtió en sinónimo de ‘dignidad humana’…

 

Ehrenburg estuvo en España en la década de 1930, sobre todo durante la Guerra Civil. Fue un antifascista convencido, en el mejor sentido de la palabra. También visitó Alemania, en los años previos a la llegada al poder de Hitler, y se fue atemorizado y sobrecogido por lo que presenció en Berlín. Tuvo una vinculación emocional muy intensa con la causa republicana española, incluso cuando la política de Stalin debilitó el apoyo prestado por el Kremlin. Ehrenburg se sintió muy afligido por el destino de muchos de sus colegas soviéticos en España, que desaparecieron al volver a Moscú.

 

¿Cuál es su opinión de Ehrenburg como escritor?

 

Fue escritor, periodista y poeta. Él se veía, ante todo, como poeta. Tenía un gusto infalible para la poesía, pero sólo era un poeta aceptable en comparación con aquellos a los que admiraba. Como escritor, su trabajo más importante fueron sus memorias, ‘Gente, años, vida’, que en la década de 1960 tuvieron mucha influencia en la sociedad soviética. Como periodista, fue una figura única porque influyó en el curso de los acontecimientos.

 

El libro negro, aparecido recientemente en España, unió a dos figuras muy importantes del periodismo soviético, Ehrenburg y Grossman. Sus vidas siguieron destinos muy diferentes…

 

Ehrenburg era un miembro privilegiado del ‘establishment’. Grossman ganó mucho prestigio y popularidad durante la guerra, pero se dice que no era del gusto de Stalin, a pesar del inestimable trabajo que hizo en Stalingrado. Grossman escribió sus mejores obras y se quedaron el cajón, mientras que Ehrenburg siempre escribió para sus contemporáneos y no le importaba adaptar su escritura con tal de asegurarse ser publicado. Como escritor, Grossman ha tenido póstumamente una gran influencia, sobre todo gracias al éxito de su novela ‘Vida y destino’;  Ehrenburg nunca tendrá la misma influencia de la que gozó durante su vida.

 

¿Cuál es su tema de investigación en la actualidad?

 

Estoy trabajando en un libro que se centrará en la muerte de Stalin en marzo de 1953 y referirá los acontecimientos de la historia soviética desde octubre de 1952 hasta la detención de Lavrenti Beria en verano de 1953. Aquí Ehrenburg también desempeña un papel importante.


Para saber más del autor: www.joshuarubenstein.com/