El papel que jugó la URSS en la Guerra Civil española, a favor del bando republicano, “no sólo fue importante, sino que fue histórico”, explica el director técnico del Consorcio Memorial de los Espacios de la Batalla del Ebro (COMEBE), David Tormo. Las instalaciones del COMEBE explican sobre el terreno la más larga y sangrienta batalla de la Guerra Civil a través de cinco museos y de 20 escenarios al aire libre. Se encuentran a solo una hora de camino de la Costa Dorada, donde los turistas rusos se bañan en las playas, se tuestan al sol, se van de compras y se cuentan por miles. Sin duda, los rusos del siglo XXI visitan España en unas condiciones muy diferentes a los soviéticos que lo hicieron hace más de 70 años.


Según las previsiones de la Agencia Catalana de Turismo, este año viajarán a Cataluña unos 750.000 turistas rusos, cifra que –de confirmarse- representaría un aumento del 40% respecto al verano anterior. Y eso que el año pasado ya se consideró un récord que casi un millón de rusos visitaran España (alrededor del 60% de ellos, viajaron a la costa catalana). Según las mismas fuentes, se prevé que estos visitantes gasten unos 1.500 millones de euros, más del doble que en 2011.


Con estas previsiones y teniendo en cuenta que este turista hace estancias largas y, además, tiene fama de inquieto, no es de extrañar que los responsables del COMEBE hayan decidido bucear en la memoria histórica para intentar atraer a sus instalaciones a estos visitantes con una oferta de “turismo cultural vinculado a la historia, que incluso puede estar relacionado con su propia familia”, indica Tormo, que es historiador de formación.


De momento, se ha puesto en marcha una prueba piloto que consiste en traducir al ruso toda la información del principal espacio museístico '115 días', el centro de interpretación que explica en toda su amplitud la Batalla del Ebro. Además, se ha hecho promoción de los espacios del COMEBE en la prensa y en la Costa Dorada.

Si funciona, también se traducirá al ruso la información de los otros cuatro centros de interpretación, así como los 20 espacios al aire libre que también están señalizados y que incluyen trincheras y escenarios de la contienda, como el antiguo pueblo de Corbera d’Ebre, el Gernika catalán, que fue arrasado por las bombas de la Legión Cóndor alemana.

El apoyo que el bando republicano recibió de la Unión Soviética fue en forma de armamento y material bélico en general, pero también enviaron numerosos técnicos para enseñar a utilizar y reparar dicho material y, en general, aportaron su amplia experiencia militar al ejército democrático. También acudieron al campo de batalla militantes del partido comunista de la URSS, con intenciones poco altruistas.

 

La aviación, fundamental

 

Si hay un sitio donde se puede visualizar el apoyo que recibió de la URSS el gobierno de Largo Caballero, este es el Centro de Interpretación de la Aviación Republicana y la Guerra Aérea de Santa Margarida i els Monjos, ya que la Unión Soviética mandó –y el gobierno de la República pagó por ello- cientos de aviones, pilotos y técnicos a la guerra de España y formó a numerosos aviadores españoles.

 

Los supervivientes de la guerra de esta población situada a medio camino entre Barcelona y la Costa Dorada todavía recuerdan las cajas con caracteres cirílicos que invadían las calles y que contenían material de construcción de los aviones soviéticos Polikarpov I-15 (o chato) y Polikarpov I-16 (mosca). Y es que en esta localidad se encontraba uno de los principales aeródromos de Cataluña durante la guerra, que ahora se puede visitar, como también otros escenarios de la contienda: un refugio antiaéreo, una antigua cárcel o los talleres donde se construían los aviones.

 

Y en el extremo sur de la provincia de Tarragona se halla el antiguo campo de aviación de la Sénia y también allí está enterrado un piloto soviético que murió durante la Guerra Civil. La alcaldesa de la población, Pilar Ballester, ha manifestado el interés del consistorio por atraer a los turistas rusos de la Costa Dorada, sobre todo en estos momentos en los que el gobierno catalán –por falta de presupuesto o por incomodidad política- ha dejado estos equipamientos, que forman parte de la Red de Espacios de Memoria de Cataluña, en manos exclusivamente de los agentes locales.